Una mujer migrante de El Salvador, parte de una caravana que viaja a los Estados Unidos, reza durante una parada en Tecún Umán, Guatemala, el 2 de noviembre de 2018. (Foto CNS/Ueslei Marcelino, Reuters)
Una mujer migrante de El Salvador, parte de una caravana que viaja a los Estados Unidos, reza durante una parada en Tecún Umán, Guatemala, el 2 de noviembre de 2018. (Foto CNS/Ueslei Marcelino, Reuters)

Por hermana Norma Pimentel

En esta temporada de Adviento y Navidad, mientras reflexionamos sobre la Sagrada Familia y su apresurada partida a Egipto, huyendo de Herodes, podemos mirar más de cerca y observar a aquellos que huyen de otros peligros.

Muchos de nosotros podemos identificarnos con la apresurada partida de la Sagrada Familia. Otros están lidiando con la soledad, el aislamiento, el miedo, el abandono, las disputas familiares, el rechazo. La lista es larga.

Yo pienso en las miles de familias que emigran a Estados Unidos.

Más recientemente, en una de mis visitas diarias a la Plaza de las Américas en Reynosa, México  — al otro lado del Río Bravo — me senté a charlar con una mujer y un joven que descansaban en un banco ubicado frente a los orinales.

No podía entender cómo esta mujer y este joven podían sentarse junto al hedor. Cuando les pregunté por qué no buscaban otro lugar para descansar, respondieron que era el único lugar donde podían sentarse juntos.

La mujer, quien tenía un pie enyesado, compartió conmigo que se fracturó la pierna mientras cruzaba el río hacia los Estados Unidos.

Cuando sus pies se hundieron en el barro, ella usó la fuerza de un pie para levantar la otra pierna; fue en ese momento que sintió que se le salía.

Para permanecer con el grupo, ella luchó por cruzar el río lo mejor que pudo. Sin embargo, al final, los agentes de la Patrulla Fronteriza la devolvieron a México. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su pierna estaba fracturada y tuvo la suerte de recibir ayuda de un equipo médico.

Resulta que el joven y la mujer no eran parientes. Ellos se conocieron al coincidir en el mismo grupo que fue llevado al norte por traficantes. Addison, el joven, contó cómo se hizo amigo de la mujer, Dina. Él sintió que debía estar a su lado y ayudarla, como lo haría un hijo con una madre.

No puedo evitar ver cómo llegaron a ser una familia, a estar el uno para el otro: una madre y un hijo en un viaje huyendo de la violencia y de los Herodes de nuestro tiempo.

Me duele escuchar las historias de tantos que están luchando. Sin embargo, continuamente, recuerdo que el Señor Jesús, a quien esperamos en Navidad, nos trae esperanza.

Veo sus obras en las familias que conozco: en la madre amamantando a su hijo después de cruzar el río; en la niña de 3 años bailando en el Centro de Asistencia Humanitaria, regalando una sonrisa a su padre; en los voluntarios que, a diario, se dan a si mismos para ofrecer sopa y ropa. Tenga la seguridad de que la luz del Señor brilla intensamente, incluso cuando pensamos que solo hay oscuridad.

Mientras caminamos en esta peregrinación navideña, no olvidemos que hay muchos entre nosotros que están luchando: los ancianos que viven aislados; los adultos jóvenes que están tratando de encontrar su propósito; las familias jóvenes que intentan transmitir la fe y los valores a sus hijos en medio de las presiones de nuestro tiempo; y los ancianos que están solos.

Dios se encuentra con nosotros donde estemos en nuestro viaje. Nos da familias para caminar juntos, para ayudarnos los unos a otros, así como el joven y la mujer que conocí en Reynosa, que no se conocían y se convirtieron en una familia. ¿Quiénes son las familias santas hoy entre ustedes que necesitan ayuda en el camino? ¿Cómo has ayudado a alguien esta temporada navideña?

Hay que estar alerta por que se puede encontrar una Sagrada Familia cuando uno menos se espera, como hago a diario en la frontera. Que el Señor te bendiga y bendiga a tu familia y a cada encuentro con otras personas en esta Navidad.

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La hermana Norma Pimentel es parte de la comunidad religiosa de las Misioneras de Jesús y directora ejecutiva de Caridades Católicas del Valle del Río Grande, en la Diócesis de Brownsville, Texas.