Voluntarios de la asociación “Cittadini del Mondo” (Ciudadanos del Mundo) trabajan para ofrecer asistencia a los refugiados y demás personas asentadas en un edificio en Roma. La asociación expreso su preocupación porque recientemente 50 ocupantes resultaron positivos con Covid-19 y esto podría presentar mas casos. (CNS Foto cortesía de Cittadini del Mondo).
Voluntarios de la asociación “Cittadini del Mondo” (Ciudadanos del Mundo) trabajan para ofrecer asistencia a los refugiados y demás personas asentadas en un edificio en Roma. La asociación expreso su preocupación porque recientemente 50 ocupantes resultaron positivos con Covid-19 y esto podría presentar mas casos. (CNS Foto cortesía de Cittadini del Mondo).

El 4 de diciembre del año 2000, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) bajo resolución 55/76 solicitó que a partir del 20 de junio del 2001 se celebre el Día Mundial de los Refugiados; pedido que fue aprobado el 12 de febrero del 2001 por la Asamblea General.

Para la Organización de las Naciones Unidas — ONU —, los días internacionales se crean para sensibilizar al público sobre problemáticas sin resolver en temas de derechos humanos y llamar la atención mediática y gubernamental para fomentar la creación de políticas públicas concretas.

En este caso, la fecha representó un homenaje a los 50 años de labor de la ACNUR “en favor de los repatriados, apátridas y desplazados internos”, y de los propósitos de las Naciones Unidas (ONU) de promover “la paz, los derechos humanos y el desarrollo”.

La ACNUR fue creada en 1950 para “ayudar a millones de europeos que habían huido o perdido sus hogares” durante la Segunda Guerra Mundial.

El 28 de julio de 1951 en Ginebra, la ONU estableció la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados donde establecen los “conceptos fundamentales para la protección internacional de los refugiados”.

Actualmente 142 países forman parte de la Convención de 1951 que define quién es un refugiado, plantea la necesidad de la cooperación internacional para la solución del problema de los refugiados y establece un número de derechos y obligaciones de los refugiados con el país que los acoge, que aumentan en base al tiempo en el que viven en el país.

Su principio máximo es la “no devolución”, que señala que “un refugiado no debe ser devuelto a un país donde enfrenta serias amenazas a su vida o libertad”, pero tampoco aquellos que se consideran “un peligro para la seguridad del país” o han sido “condenados por un delito particularmente grave que los haga peligrosos para la comunidad”.

El 4 de octubre de 1967 se creó un Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados para eliminar la “limitación de tiempo y espacio” planteada en la Convención de 1951, que solo permitía pedir asilo a los europeos refugiados.

Según la ONU, actualmente pueden pedir refugio “los civiles que se ven obligados a huir de su país a causa de conflictos activos, como la guerra de Siria o el conflicto de Irak en Oriente Medio, u otros conflictos activos en África como en Nigeria, República Centroafricana, RD Congo”. También, en ciertos casos donde se demuestre “ser perseguidos en su país de origen por la orientación sexual, violencia de género”, entre otras.

En el 2013, el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes señaló que “en el mundo de hoy, la migración ha cambiado y está destinada a aumentar en las futuras décadas”. Asimismo, precisó que antes era más fácil distinguir entre migración voluntaria y forzosa, pero que ahora es más complejo, porque se ha extendido a otros grupos como los que huyen de la guerra.

Asimismo, señaló que el compromiso de la Iglesia Católica hacia los migrantes y refugiados se atribuye al amor y la compasión de Jesús, el Buen Samaritano.

En ese sentido, citó a los dos últimos papas de la historia de la Iglesia para explicar que al atender las necesidades espirituales y pastorales de los migrantes, la Iglesia no solo promueve la dignidad humana de cada persona, sino que además proclama el Evangelio del amor y de la paz.

En la primera encíclica de Benedicto XVI llamada Deus caritas est (Dios es Amor) del 25 de diciembre de 2005, el Papa Emérito afirmó que el amor trasciende cualquier tipo de frontera o de distinción:

"La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado 'casualmente', quienquiera que sea".

Asimismo, el Papa Francisco relacionó el tema con la Resurrección y actitud personal, exhortando a dejar que la fuerza del amor de Cristo transforme nuestras vidas para ser instrumentos de misericordia que Dios use para “hacer florecer la justicia  y la paz”.

Esto implica “que cambie el odio en amor, la venganza en perdón, la guerra en paz. Sí, Cristo es nuestra paz, e imploremos por medio de Él la paz para el mundo entero [...], y que cese definitivamente toda violencia, y, sobre todo, para la [...] población afectada por el conflicto y los tantos refugiados que están esperando ayuda y consuelo”, señaló el Papa Francisco en su mensaje Urbi et Orbi del 31 de marzo de 2013.

Paz para aquellos que “se ven obligados a abandonar sus hogares y viven todavía con miedo [...], para que se superen las divergencias y madure un renovado espíritu de reconciliación”, añadió.

En julio de ese mismo año, el Papa Francisco realizó su primera visita pastoral fuera de Roma como pontífice. El lugar elegido fue la isla italiana de Lampedusa, donde se reunió con 50 inmigrantes, entre jóvenes somalíes y eritreos que como tantos otros atraviesan los mares arriesgando sus vidas para llegar a Europa.

Allí el Santo Padre oró por los que fallecieron en el intento, ofició Misa, agradeció la solidaridad de la población local y las autoridades que apoyan a los migrantes y llamó a tener un mayor entendimiento hacia los que huyen de sus hogares en busca de esperanza y un mejor lugar para sus familias. 

En el 2016, el Papa Francisco se reunió con la ACNUR para conversar sobre la crisis mundial de los refugiados que alcanzaron el pico de 65 millones ese año y sobre la situación de Oriente Medio, Europa, el Norte de África, África Subsahariana y América Latina.

En el 2019, el Santo Padre señaló que el Día Mundial de los Refugiados es una invitación “a la solidaridad con los hombres, las mujeres y los niños que huyen de guerras, persecuciones y violaciones de derechos fundamentales” y llamó a la comunidad internacional para que “nuestras comunidades eclesiales y civiles sean cercanos a ellos y atentos a sus necesidades y a sus sufrimientos”.

Este año, la crisis del coronavirus “debido a su intensidad, gravedad y extensión geográfica, ha empañado muchas otras emergencias humanitarias que afligen a millones de personas, relegando iniciativas y ayudas internacionales, esenciales y urgentes para salvar vidas, a un segundo plano en las agendas políticas nacionales”, señaló el Papa Francisco y llamó a facilitar el encuentro entre los migrantes y refugiados y la población de acogida para promover la comprensión mutua.

El Secretario General de la ONU señaló en su mensaje por el Día de los Refugiados de 2020, cuyo tema es “Toda acción cuenta”, que a la fecha, “casi 80 millones de mujeres, niños y hombres de todo el mundo se han visto obligados a abandonar sus hogares como refugiados o desplazados internos. Y hay algo aún más impactante: de ellos, 10 millones lo hicieron solo en el último año”.

También expresó su compromiso por “hacer todo lo que esté en nuestra mano para poner fin a los conflictos y la persecución responsables de esas horribles cifras”, agradeció la humanidad y generosidad de los países de acogida que pasan por dificultades y garantizó su apoyo e inversión.

Asimismo, destacó la contribución de los refugiados y desplazados internos con los países de acogida, donde trabajan en primera línea frente a la pandemia del coronavirus, pese a estar dentro de los grupos más vulnerables del mundo y de los más afectados por la crisis actual.