Los zapatos de un inmigrante en un centro de asistencia de Caridades Católicas de Laredo con cordones improvisados hechos de tiras arrancadas de mantas térmicas de poliéster. Los oficiales federales confiscan los cordones de los zapatos en los centros de detención. (Kat Kelley/Caridades Católicas)
Los zapatos de un inmigrante en un centro de asistencia de Caridades Católicas de Laredo con cordones improvisados hechos de tiras arrancadas de mantas térmicas de poliéster. Los oficiales federales confiscan los cordones de los zapatos en los centros de detención. (Kat Kelley/Caridades Católicas)

Una delegación de Oregon liderada por las Caridades Católicas brindó servicios en Laredo, Texas, durante este verano, ayudando a las familias de inmigrantes y a los solicitantes de asilo político en la frontera que cada vez es más restrictiva.

Kat Kelley, directora de iniciativas estratégicas de Caridades Católicas de Oregon, lideró el viaje. Kelley resume la crisis de la frontera de esta manera: “Es un desastre creado por nosotros y un legado despreciable para dejar a nuestros hijos y nietos”.

En la frontera, Caridades Católicas de EE. UU. administra centros de acogida para inmigrantes que han sido liberados del centro de detención federal, para intentar demostrar su condición de refugiados. Las personas que solicitan asilo político permanecen en los centros de asistencia desde un par de horas hasta unos días, mientras se preparan para viajar a reunirse con sus seres queridos dentro de los Estados Unidos.

A principio del año, cuando la inmigración alcanzó su punto máximo, grupos de 50 o más llegaron a los centros de ayuda, en una especie de caos controlado. Recibieron agua y electrolitos, algunos por primera vez en 24 horas o más.

Se registraron para recibir ayuda con el proceso de asilo y luego tuvieron la oportunidad de comunicarse con sus familiares en los Estados Unidos. Hubo llanto mientras contaban sus historias a sus familiares, quienes habían esperado noticias durante días o semanas. Los parientes enviaron dinero para los tiquetes de autobús.

Luego van a un cuarto lleno de ropa, zapatos y mochilas. Allí, una de las familias con las que Kelley trabajó, tenía un niño de cinco meses cuyo traje enterizo era blanco, pero estaba manchado de marrón por los viajes.

Su madre se vio obligada a dejar una maleta de ropa en la frontera con Guatemala cuando tuvo que huir de los mafiosos del cartel. Más tarde, la familia se cayó en una zanja de aguas residuales en el centro de México. El bebé tenía un salpullido y rasguños recientes en la parte posterior de su cabeza, presumiblemente por haber dormido en el duro cemento del centro de detención federal. Kelley mandó al niño directamente a una clínica médica.

Kelley carga con ella un cordón hecho con una tira de manta isotérmica, que encontró en su reciente viaje. Después de que los agentes fronterizos confiscan los cinturones y los cordones de los zapatos a los inmigrantes detenidos, la gente arranca tiras de las mantas isotérmicas para hacer cordones que les sirvan para atar los zapatos y mantenerlos en su sitio. Kelley vio este acto como un símbolo de la adaptabilidad y la tenacidad de los inmigrantes a pesar de las difíciles circunstancias que enfrentan.

"Muchas de las personas que llegan por primera vez al centro de atención están en estado de shock", dijo Kelley. "Tanta exposición a la brutalidad masiva causa un trastorno cognitivo que puede hacer que pasar incluso por el más simple de los procesos, parezca algo insuperable".

Los centros de atención ofrecen duchas y productos de higiene. En la cafetería, los Caballeros de Colón están entre los meseros. El Obispo de Laredo, James Tamayo, viene con frecuencia a dar la bendición a los recién llegados. Los inmigrantes buscan a amigos o vecinos que también están en busca de obtener asilo político.

"Por lo menos una vez al día se escucha un grito ahogado, un sollozo o una risa incrédula mientras la gente finalmente puede confirmar con sus propios ojos que su amigo o vecino realmente llegó a este lado con vida", dijo Kelley.

Los solicitantes de asilo político han venido principalmente desde Guatemala, Honduras y El Salvador, países que se catalogan entre las 10 naciones más violentas del mundo.

Kelley dice que las intervenciones apoyadas por los Estados Unidos allí en la década de 1980 y antes, ayudaron a ocasionar la grave corrupción, la extorsión, el tráfico de drogas y el tráfico sexual.

Ella dice que la opción para los solicitantes de asilo es dura: "Quedarse en casa y ser mutilado o asesinado o hacer el viaje a los Estados Unidos con la esperanza de sobrevivir". Cuatro de cada cinco mujeres provenientes de estos países que tratan de hacer el viaje, experimentan violencia sexual en el camino, dijo Kelley.

Es un viaje desde un lugar difícil hacia otro más difícil. Kelley escuchó historias difíciles sobre la vida en los centros de detención federales.

“En el centro de detención, ir al baño, tener acceso a productos de higiene y alimentos son lujos", dijo. "Tener acceso a tus padres o a tus hijos durante la detención es un lujo”.

Un adolescente le dijo a Kelley que los oficiales le negaban la comida a los niños de tan sólo 3 años que no entendían o no seguían las instrucciones. Una mujer que había estado acompañando a su sobrina y su sobrino fue separada de los niños y tuvo que llamar a su hermana para decirle que los niños ya no se encontraban allí.

A una mujer embarazada se le dieron pastillas para una infección de tracto urinario en el centro de detención, pero ella decidió no tomarlas. Un médico del centro de atención inspeccionó las píldoras y le dijo a Kelley que le habrían podido causar un aborto.

Desde el verano, la frontera está prácticamente sellada y pocos inmigrantes tratan de cruzarla. Sin embargo, dentro del país, quienes cruzaron anteriormente la frontera continúan con sus necesidades y están tratando de demostrar que son merecedores del estatus de asilo político.

Hasta que no lo logren, no pueden trabajar legalmente ni recibir ayuda federal o estatal. Es allí donde las agencias como Caridades Católicas intervienen para ofrecer vivienda, alimentos, vestido, atención médica, transporte y capacitación.

En Oregon, hay más de 6.000 personas que buscan el estatus de refugiados. Caridades Católicas también proporciona ayuda para preparar un caso de petición de asilo político.

Sin un abogado que los represente, los solicitantes de asilo político tienen un 6% de posibilidades de ganar su caso, dijo Kelley. Sin los recursos para pagar un abogado, las personas tienden a ser deportadas.

"Los solicitantes de asilo político en nuestro estado viven aterrorizados todos los días", dijo Kelley. Sus hijos, nuestros futuros médicos, abogados, maestros, arquitectos están bajo un asedio psicológico que tendrá consecuencias para las generaciones futuras". ... Cuando un padre o una madre desaparece en una redada, los niños se quedan en la escuela o regresan a casas vacías".

Acompañando a Kelley a Laredo estuvieron los trabajadores de Cambia Health Solutions y la Fundación Comunitaria de Oregon. Dee Cruz, vicepresidenta de Cambia Health Solutions, con sede en Portland, dijo que sus padres cruzaron a los Estados Unidos desde México.

"La mayor lección para mí fue reconocer que todos somos seres humanos con las mismas necesidades, eso nos llama a actuar y hacer", dijo Cruz. “En mi trabajo, pensamos mucho en cómo crear soluciones con el ser humano en mente, nuestros clientes son las personas a las que servimos mientras recorren su camino de atención médica. Y contratamos y desarrollamos líderes que exhiban calidades de servicio. Ambos conceptos, el de poner a los demás primero y el de servir, son componentes fundamentales para el trabajo que Caridades Católicas realiza en la frontera".

edl@catholicsentinel.org

Si desea ayudar a los solicitantes de asilo político, por favor visite: catholiccharitiesusa.org/border-crisis