El Dr. Leonardo Acosta conversa con su paciente, Mauricio Forgione, durante un tratamiento domiciliario para COVID-19 en Caracas, Venezuela, en esta foto de archivo del 16 de abril de 2021. En un mensaje para la próxima Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero, el Papa Francisco enfatizó un enfoque centrado en la atención medica del paciente. (Foto CNS/Leonardo Fernández Viloria, Reuters).
El Dr. Leonardo Acosta conversa con su paciente, Mauricio Forgione, durante un tratamiento domiciliario para COVID-19 en Caracas, Venezuela, en esta foto de archivo del 16 de abril de 2021. En un mensaje para la próxima Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero, el Papa Francisco enfatizó un enfoque centrado en la atención medica del paciente. (Foto CNS/Leonardo Fernández Viloria, Reuters).

En su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2022, el Papa Francisco reflexionó en la misericordia y la ternura de Dios y describió que el Señor tiene en sí mismo “tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad, porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre”.

 

Al reflexionar en el tema de la XXX Jornada Mundial del Enfermo, que se llevará a cabo el 11 de febrero de 2022 en la Basílica de San Pedro del Vaticano, “Sean misericordiosos, así como el Padre de ustedes es misericordioso (Lc 6,36)".

 

"Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”, el Santo Padre alentó a dirigir “la mirada hacia Dios rico en misericordia, que siempre mira a sus hijos con amor de padre, incluso cuando estos se alejan de Él”.

 

El Papa indicó que “de hecho, la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez”.

 

“Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en si´ misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad (cf. Is 49,15), porque E´l nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo”, escribió el Pontífice.

 

Además, el texto del Santo Padre difundido este 4 de enero señaló que la celebración conclusiva de la XXX Jornada Mundial del Enfermo “no tendrá lugar en Arequipa, Perú, debido a la pandemia, sino en la Basílica de San Pedro en el Vaticano”.

 

En su mensaje, el Papa anima a que esta Jornada Mundial del Enfermo “pueda ayudarnos a crecer en el servicio y en la cercanía a las personas enfermas y a sus familias”.

 

El pontífice recordó que “hace treinta años, San Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo para sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias católicas y a la sociedad civil sobre la necesidad de asistir a los enfermos y a quienes los cuidan”.

 

“Estamos agradecidos al Señor por el camino realizado en las Iglesias locales de todo el mundo durante estos años", expresó.

 

"Se ha avanzado bastante, pero todavía queda mucho camino por recorrer para garantizar a todas las personas enfermas, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado”, afirmó.

 

De igual manera, el Santo Padre recordó a “los numerosos enfermos que, durante este tiempo de pandemia, han vivido en la soledad de una unidad de cuidados intensivos la última etapa de su existencia atendidos, sin lugar a dudas, por agentes sanitarios generosos, pero lejos de sus seres queridos y de las personas más importantes de su vida terrenal”.

 

“He aquí´, pues, la importancia de contar con la presencia de testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre”, advirtió.

 

El Papa agradeció la labor de los agentes sanitarios —médicos, enfermeros, técnicos de laboratorio, el personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, así como los numerosos voluntarios que donan un tiempo precioso a quienes sufren— y señaló que “su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión”.

 

El Santo Padre invitó a no olvidar “la singularidad de cada persona enferma, con su dignidad y sus fragilidades” ya que “el enfermo es siempre más importante que su enfermedad y por eso cada enfoque terapéutico no puede prescindir de escuchar al paciente, de su historia, de sus angustias y de sus miedos”.

 

“Incluso cuando no es posible curar, siempre es posible cuidar, siempre es posible consolar, siempre es posible hacer sentir una cercanía que muestra interés por la persona antes que por su patología. Por eso espero que la formación profesional capacite a los agentes sanitarios para saber escuchar y relacionarse con el enfermo”, afirmó.

 

En este sentido, el Papa destacó la importancia de las instituciones sanitarias católicas porque “son un tesoro precioso que hay que custodiar y sostener; su presencia ha caracterizado la historia de la Iglesia por su cercanía a los enfermos más pobres y a las situaciones más olvidadas”.

 

“¡Cuántos fundadores de familias religiosas han sabido escuchar el grito de hermanos y hermanas que no disponían de acceso a los tratamientos sanitarios o que no estaban bien atendidos y se han entregado a su servicio!

 

Aún hoy en día, incluso en los países más desarrollados, su presencia es una bendición, porque siempre pueden ofrecer, además del cuidado del cuerpo con toda la pericia necesaria, también aquella caridad gracias a la cual el enfermo y sus familiares ocupan un lugar central”, indicó el Papa.

 

De este modo, el Santo Padre subrayó que “en una época en la que la cultura del descarte esta´ muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural”.

 

Además, el Papa pidió no dejar de proporcionar atención espiritual a los enfermos y sus familias “no podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe”.

 

“A este propósito, quisiera recordar que la cercanía a los enfermos y su cuidado pastoral no solo es tarea de algunos ministros específicamente dedicados a ello; visitar a los enfermos es una invitación que Cristo hace a todos sus discípulos".

 

"¡Cuántos enfermos y cuantas personas ancianas viven en sus casas y esperan una visita!

 

"El ministerio de la consolación es responsabilidad de todo bautizado, consciente de la palabra de Jesús: «Estuve enfermo y me visitaron» (Mt 25,36)”, concluyó el Papa quien encomendó a todos los enfermos y sus familias a la intercesión de María, Salud de los enfermos”.

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