Personas sostienen velas mientras participan en una protesta contra el golpe de Estado en el cruce de Hledan en Rangún, Myanmar, el 14 de marzo de 2021. El papa Francisco pidió el 17 de marzo el fin de la violencia y el inicio del diálogo en Myanmar, donde las fuerzas de seguridad han matado al menos a 138 personas. (CNS Foto/Reuters).
Personas sostienen velas mientras participan en una protesta contra el golpe de Estado en el cruce de Hledan en Rangún, Myanmar, el 14 de marzo de 2021. El papa Francisco pidió el 17 de marzo el fin de la violencia y el inicio del diálogo en Myanmar, donde las fuerzas de seguridad han matado al menos a 138 personas. (CNS Foto/Reuters).

“También yo me arrodillo en las calles de Myanmar y digo: ¡Que cese la violencia!”, expresó el Papa Francisco al finalizar la Audiencia General este miércoles 17 de marzo, para reclamar el fin del derramamiento de sangre que deja los enfrentamientos de militares y policías contra los manifestantes que protestan por el golpe militar del primero de febrero que derrocó al gobierno civil.

“Una vez más, y con mucha tristeza, siento la urgencia de evocar la dramática situación en Myanmar, donde muchas personas, sobre todo jóvenes, están perdiendo la vida para ofrecer esperanza a su país.

"También yo me arrodillo en las calles de Myanmar y digo: ¡Que pare la violencia! También yo extiendo mis brazos y digo: ¡Que prevalezca el diálogo! La sangre no resuelve nada. Que prevalezca el diálogo”, fue el pedido del Pontífice.

Las palabras del Papa, “también yo me arrodillo”, evocan al valiente acto de la religiosa Sor Ann Un Thawung que el domingo 28 de febrero se arrodilló delante de las fuerzas armadas para evitar la masacre de más de 100 manifestantes que, finalmente, se refugiaron en su convento.

En Myanmar, antigua Birmania, se registran enfrentamientos sangrientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes que protestan por el golpe de Estado militar del pasado primero de febrero que derrocó a la dirigente Aung San Suu Kyi.

Los militares declararon el estado de emergencia durante un año y pusieron al frente del país al general Min Aung Hlaing.

Desde entonces, las protestas se han intensificado. La Junta Militar, que ha decretado la ley marcial en varias zonas del país, también aumentó la represión de las protestas.

El pasado domingo 14 de marzo hubo al menos 44 fallecidos como consecuencia de los golpes entre manifestantes y militares y policías, según informó el diario El País. Desde el inicio de la crisis, han fallecido más de 120 personas.

La Conferencia Episcopal Católica de Myanmar emitió una carta el domingo 14 de marzo para pedir el cese de la violencia.

“Deseamos la paz para todos. Instamos a todas las partes en Myanmar a buscar la paz. En las últimas semanas nos hemos enfrentado a grandes desafíos como nación. Esta crisis no se resolverá con un derramamiento de sangre. Buscad la paz. Las matanzas deben cesar de inmediato”, se indica en el comunicado firmado por el Cardenal Charlea Maung Bo, Arzobispo de Yangon y presidente de los Obispos de Myanmar.

La carta lamenta las muertes y advierte que “la sangre derramada no es la sangre de los enemigos. Es la sangre de nuestros hermanos y hermanas, de nuestros ciudadanos. Somos una nación que ha acariciado un sueño. Nuestros jóvenes han vivido en la esperanza. No nos convirtamos en una nación de desilusión sin sentido. Dejad de matar”, expresan los obispos, que piden también la libertad para los inocentes.