Servicio Católico de Noticias 
 “Panamá quedo contenta luego de la visita del Papa Francisco” comentó Marisol Betancourt.
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“Panamá quedo contenta luego de la visita del Papa Francisco” comentó Marisol Betancourt.
La Jornada Mundial de la Juventud en Panamá sin duda es la noticia, pues la visita del Santo Padre captó la atención del mundo entero, sobre todo, de los jóvenes peregrinos que llegaron de todas parte del planeta y de quienes, como anfitriones estaban listos para recibirlo.

Esa es la historia, de Marisol Betancourt Niño, quien vivió de cerca la expectativa previa al evento y al mismo tiempo, cada uno de los instantes registrados por los medios de comunicación que posaron sus ojos en Panamá.

En entrevista con El Centinela, esta joven de gran fe católica y madre de dos niños compartió sus experiencias.

“Con la llegada inminente de la Jornada Mundial de la Juventud y todo lo que significaba para Panamá muchos, estábamos excépticos, pensando que era una buena actividad; sin embargo, dudábamos de nuestra capacidad de ejecución y de que el gobierno estuviera a la altura del evento, pues con un país de no más de 4 millones de habitantes, la gran mayoría concentrados en la capital, además de los miles y miles de peregrinos, todo parecía que iba a ser una locura”.

“Muchos se fueron de la ciudad. Otros de vacaciones. Yo incluso pensé en aprovechar esos días para salir al interior de paseo con la familia. Pero luego pensé, que aunque no era voluntaria formal de mi parroquia en el barrio Chanis, debía hacer algo para cooperar y no dejar de aportar mi granito de arena”, indicó Marisol Betancourt.

Su motivación surgió de su padre Fernando Betancourt. “Quien en vida siempre estuvo pendiente de apoyar todas las actividades de la Iglesia e incluso había inscrito su casa para ser hogar de acogida de 4 jóvenes extranjeros, como muchas familias que se unirían para dar hospedaje a los peregrinos”.

Esa fue su motivación. “Con mis vecinos todos estuvimos entusiasmados de ser parte del comité organizador que surgió para apoyar la Jornada Mundial de la Juventud”.

“Mis sentimientos luego del fallecimiento de mi padre, -algo inesperado hace unos meses-, me cambiaron la vida, pero con su ejemplo dije: ‘Sí’, ¡Voy a cooperar! Y fui a ofrecer mi tiempo y mi carro. No tuve que esperar mucho ,pues esa misma semana que se iniciaba la JMJ me llamaron para trasladar a tres sacerdotes colombianos a la universidad católica Santa María la Antigua, donde debían registrarse y retirar sus credenciales. Fue muy bonito conversar con ellos en el carro, mostrarles mi ciudad y acompañarlos todo el día mientras compartimos, pues al final los llevé a la parroquia de mi barrio, San Gerardo Mayela en Chanis. Fue una gran experiencia compartir con ellos y ser parte de lo que fue el evento para tantos jóvenes y que cambió completamente a Panamá”, dijo en entrevista con El Centinela.

Marisol Betancourt lo vivió: “Mi país quedó distinto. Se experimentó un cambio de actitud en el panameño común. En todos los estratos sociales se veía mucha cooperación, solidaridad y entusiasmo en dar su apoyo a todos los peregrinos y más aún cuando el Santo Padre Francisco nos acompañó durante cuatro días. Cada una de sus palabras nos llegaron al alma, como una vitamina para el corazón de los istmeños y peregrinos”.

“Panamá quedó contenta”, dijo. No sucedió nada grave. Los pensamientos negativos no fueron realidad. La ciudad estuvo hermosa, limpia, gracias al trabajo de todos los estamentos del estado, policías, bomberos, cruz roja. Todos unidos como hormiguitas diligentes con alegría. Llenos de orgullo al ser los anfitriones de este gran evento, que ha pasado a la historia de nuestro país”.

“El Papa Francisco llamó a Panamá un país noble. El ‘hub de la esperanza”, recordó Marisol.

El Santo Padre invocó las palabras del libertador de América, Simón Bolívar, e indicó que el Istmo no solo será recordado como centro regional o punto estratégico para comercio o tránsito de personas, sino también como un ‘hub de esperanza’. ‘Es un punto de encuentro donde jóvenes provenientes de cinco continentes, cargados de sueños y esperanza, celebrarán, rezarán y revivirán el deseo y compromiso de crear un mundo más humano’, en las palabras del Papa.

En su experiencia de panameña y anfitriona Marisol recuerda cómo, “abrimos nuestros hogares a extraños y compartimos nuestra comida deliciosa. Sonreímos a todos y fuimos los anfitriones de lujo que merecían los peregrinos. Esos peregrinos que alegraron calles y plazas y hasta el metro, con sus cantos, guitarras y panderetas. Y hasta la Virgen de Fátima desde Portugal vino a visitarnos en esta JMJ, pues estuvo en varios puntos de la capital como quien dice, ‘aquí está, la Esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra”...coro que cantamos todos mil veces y hasta mi hijo mayor Fernandito, se lo aprendió y lo repetía con su inocencia de niño pequeño”.

El mensaje quedó en cada uno. “Fueron frases imperdibles del Papa Francisco: ‘No importan las diferencias, jueguen por un sueño común...y ese sueño es Cristo”. O cuando decía, que “la Virgen es la intercesora ante Dios”.

Ahora que todo ha terminado ella espera que “Dios le dé mucha salud y sabiduría para llegar a tanta gente con el mensaje del evangelio. Esta JMJ fue sin duda el evento del mundo más importante de estos tiempos, Gracias porque fuimos parte de este momento y pudimos compartir esta experiencia. Nuestros hermanos separados no católicos y hasta de otras ideologías abrieron las puertas de sus casas, brindaron agua, compartieron su tiempo, para apoyar a tantos peregrinos en su visita a Panamá”.