Las madres de los seminaristas del Seminario “Santa María Madre de Dios”, en la diócesis de San Rafael en Argentina, escribieron una carta abierta al Papa Francisco en la que le piden “se suspenda la decisión de cerrar el seminario”.

Así lo indicaron las madres en la carta escrita el 27 de agosto, día de Santa Mónica, madre de San Agustín, publicada este domingo en el Diario de San Rafael.

“Como la cananea del Evangelio, solo nos animamos a suplicarle, por su madre de la tierra y su Madre del Cielo, que intervenga para que se suspenda la decisión de cerrar el Seminario. Solo pensar dónde irán (los seminaristas), cómo se dispersará la comunidad, cómo se disolverá esta hermosa familia espiritual, que ya es también nuestra, nos causa un indecible dolor”, indicaron las madres.

Las autoras de la carta precisaron luego que “la iniciativa de esta carta es absolutamente nuestra, nace de nuestro corazón de madres, sin que ellos siquiera lo sepan”.

La carta, entregada a la Nunciatura Apostólica de Argentina, responde al anuncio hecho por el Obispo de San Rafael, Mons. Eduardo María Taussig, de cerrar el seminario a fin de este 2020, una decisión tomada en el Vaticano y de la cual el Prelado no conoce los motivos, como lo explicó en una entrevista realizada el 7 de agosto en la televisión local

Sobre el cierre del Seminario, el Prelado comentó en esa oportunidad que la decisión del cierre del seminario “a mí me tomó de sorpresa, pero es una directiva que viene directamente de la Santa Sede”.

Aunque los motivos del cierre no se conocen, las tensiones en la Diócesis de San Rafael se generaron cuando los sacerdotes decidieron no acatar una disposición de los obispos de la provincia eclesiástica de Mendoza de dar la Comunión en la mano para evitar el contagio del coronavirus, siguiendo los protocolos establecido en la provincia de Mendoza. Hace unos días Mons. Taussig indicó que impondrá una amonestación canónica a los presbíteros que insistan en la desobediencia.

En su carta, las madres de los seminaristas indicaron que “es difícil describir y expresar los sentimientos de profunda tristeza y desolación que nos embargan desde que recibimos la triste noticia del cierre del seminario”.

“Desde aquel 27 de julio, primer día de clase luego de las vacaciones, en que levantamos el teléfono para oír la voz temblorosa de nuestros hijos comunicando atónitos el cierre del Seminario a fin de año, créanos Su Santidad, que como madres fue muy difícil encontrar las palabras oportunas para darles consuelo”.

Las madres dicen luego al Papa Francisco que cuando han visitado el seminario “hemos podido compartir con ellos y sus formadores, así como con las demás familias, el profundo espíritu de piedad, alegría sana, amistad y amor que deja traslucir el corazón de aquella comunidad”.

“Nuestra intuición de madres seguro no falla cuando decimos que respiramos la paz en nuestros hijos, y advertimos el total convencimiento del camino que están recorriendo. Cuando recién ingresaron los llamábamos casi todos los días para ver cómo estaban, escuchar su voz y confirmar si estaban bien, pero con el paso del tiempo dejamos de hacerlo con tanta frecuencia ya que claramente advertimos que estaban allí muy felices”. 

Las madres resaltan asimismo que en “ese seminario, que es ahora su casa y su familia, hemos visto a nuestros hijos crecer y madurar convirtiéndose en verdaderos hombres. Y eso nos permitía dormir tranquilas cada noche”.

“También hemos ido conociendo las parroquias de la diócesis. Familias enteras asistiendo a Misa, jóvenes ocupando su tiempo en formarse, rezar, misionar, hacer campamentos y retiros espirituales. Y detrás de todo esto está la figura del sacerdote, ese otro Cristo, entregado alegremente en alma y cuerpo a sus feligreses, dando ejemplo en la celebración de cada Misa, rezando ante el Santísimo (¡qué hermoso es ver rezar un sacerdote!), confesando, visitando enfermos y hospitales”.

“Santidad: esto es lo que queremos para nuestros hijos. Si van a entregar su vida entera a Dios, renunciando a cualquier otro proyecto humano, pues, ¡que valga la pena! En esa Diócesis hemos visto sacerdotes con defectos como todos, pero que aman a Dios y cuya más alta preocupación es la salvación de las almas”.

Las madres resaltan que “por tantos frutos evidentes que ha dado este Seminario, tan necesarios como escasos en nuestros tiempos, hemos adquirido plena confianza en sus formadores y en los sacerdotes de la diócesis, la mayoría de ellos egresados de allí”.

“Estos hombres han sabido sembrar en nuestros hijos, no solo con la palabra sino sobre todo con el ejemplo, la semilla del espíritu de verdadera entrega y piedad sacerdotal”.