En una ceremonia presidida por el Arzobispo Primado de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes, América Latina y el Caribe fueron consagrados este Domingo de Resurrección a Nuestra Señora de Guadalupe, pidiendo su intercesión para el fin de la pandemia del coronavirus COVID-19.

Luego de que resonaran las campanas de muchas catedrales en América Latina al mediodía, celebrando la consagración, el Cardenal Aguiar Retes, acompañado del Nuncio Apostólico en México, Mons. Franco Coppola, y diversos obispos y sacerdotes, dio inicio a la celebración de la Misa en la Basílica de Guadalupe, templo que conserva el manto donde quedó estampada milagrosamente en 1531 la imagen de la Virgen María. 

La celebración fue realizada a puertas cerradas y transmitida por redes sociales y medios de comunicación. 

En su homilía, el Arzobispo Primado de México alentó a que “vivamos con alegría y esperanza la auténtica solidaridad cristiana que ayuda a quien lo necesita sin esperar nada a cambio”.

“Anunciemos con la convicción de nuestra propia experiencia de fe la resurrección de Jesucristo”, así como “lo hicieron los primeros apóstoles”. 

El Purpurado señaló que en el mundo “estamos viviendo una pandemia, y ante ella estamos despertando a la necesaria colaboración solidaria de la sociedad para superarla”.

“Elevemos nuestra oración para que sea la ocasión oportuna que nos lleve a replantearnos las tendencias dominantes negativas de la cultura actual y logremos rectificar el camino de la conducta personal y social de nuestro tiempo”, dijo.

Al culminar la celebración de la Misa, el Cardenal Carlos Aguiar Retes pronunció la siguiente oración para la consagración de América Latina y el Caribe a Nuestra Señora de Guadalupe:

Santísima Virgen María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive,

en estos momentos, como Juan Diego,

sintiéndonos “pequeños” y frágiles ante la enfermedad y el dolor,

te elevamos nuestra oración y nos consagramos a ti.

Te consagramos nuestros pueblos,

especialmente a tus hijos más vulnerables:

los ancianos, los niños, los enfermos, los indígenas, los migrantes,

los que no tienen hogar, los privados de su libertad.

Acudimos a tu inmaculado Corazón

e imploramos tu intercesión: alcánzanos de Tu Hijo la salud y la esperanza.

Que nuestro temor se transforme en alegría;

que en medio de la tormenta

Tu Hijo Jesús sea para nosotros fortaleza y serenidad;

que nuestro Señor levante su mano poderosa

y detenga el avance de esta pandemia.

Santísima Virgen María,

“Madre de Dios y Madre de América Latina y del Caribe,

Estrella de la evangelización renovada,

primera discípula y gran misionera de nuestros pueblos“,

sé fortaleza de los moribundos

y consuelo de quienes los lloran;

sé caricia maternal que conforta a los enfermos;

y para todos nosotros, Madre, sé presencia y ternura

en cuyos brazos todos encontremos seguridad.

De tu mano, permanezcamos firmes e inconmovibles en Jesús, tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.