" “Al mismo tiempo, coincidimos los tres en que nos mueve algo que es más fuerte que el miedo, nos mueve el amor a las almas, a Cristo, nuestro buen pastor, que nos ha dejado el ejemplo y nos ha dicho que el buen pastor da la vida por sus ovejas”. " Sacerdotes Andrés Esteban López, Roberto Funes y Adrián Lozano

Tres sacerdotes visitaron recientemente a enfermos hospitalizados por coronavirus COVID-19 en Ciudad de México, llevándoles los sacramentos, la bendición de Dios y los encomendaron a la Virgen María.

Los sacerdotes Andrés Esteban López, Roberto Funes y Adrián Lozano visitaron el 30 de abril las tres áreas especializadas en atención a pacientes con COVID-19 en el Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, gracias al permiso de la directora del centro médico, Guadalupe Mercedes Lucía Guerrero Avendaño.

En diálogo con ACI Prensa, el padre Andrés Esteban López, destacó que esta visita es fruto de “la fuerza del Rosario”, y aseguró que “la protagonista” de esta labor de bendecir y acompañar sacramentalmente a los enfermos de coronavirus es Santa María.

“Como consagrado a Ella, no le podemos negar nada. Eso también me da certeza, me da paz, porque la hago a ella mi defensa y también de mis hermanos sacerdotes y yo sé que no nos veremos defraudados”, aseguró.

El padre López señaló que en la visita “pudimos dar la absolución a todos, uno por uno, y también a los equipos de médicos, enfermeros, enfermeras, que están realizando realmente una labor extraordinaria”.

El sacerdote mexicano explicó que la idea de visitar a pacientes con COVID-19 “surge naturalmente de nuestras conversaciones entre sacerdotes”, tras conocer “las informaciones que venían de Italia y España y cómo había muchos enfermos que estaban muriendo a causa del coronavirus, y que no podían tener el auxilio espiritual ni el consuelo de los sacramentos”.

“Nos empezamos a preparar, simplemente pensando que sería bueno que llegado el momento en México en el que lamentablemente las cosas empeoraran, pudiera haber la posibilidad de asistir espiritualmente a los enfermos graves de COVID”, dijo.

El padre López dijo que tanto él como el sacerdote Funes y el padre Lozano, entre otros, consideraron que “el momento de la agonía de una persona es un momento crucial, porque de esa última opción de la voluntad de alguna manera depende nuestra eternidad, el aceptar el amor de Dios que nos ha dado en Cristo, pedir el perdón, confesar la fe, lo cambia todo, y la Gracia del Sacramento otorga un don objetivo, precioso”.

“Nos parecía triste, lamentable, el hecho de que además de que estos enfermos graves estuvieran privados de la compañía de sus familias también estuvieran privados del auxilio espiritual”, señaló.

Fruto de estas reflexiones, explicó, los sacerdotes intentaron conseguir “los permisos para ingresar a los hospitales y no se nos permitió”.

Pero en uno de estos hospitales, un médico les dijo que necesitaban mucha oración y fortaleza.

Así que los sacerdotes comenzaron la campaña Rosario de Esperanza, “una convocatoria a rezar el Rosario, adoptando un médico, un enfermero, una enfermera, un agonizante”.

“Mucha gente empezó a responder y a través de ese Rosario empezamos a ver cómo se daban respuestas visibles, además de la gracia”, dijo.

Así, tras muchas puertas cerradas de centros de salud, el Hospital Médica Sur invitó a los sacerdotes a celebrar la Misa en Pascua.

“Fuimos, celebramos la Misa, pedimos por todos los enfermos, los trabajadores de la salud del país. Y nos llevaron a la puerta de terapia intensiva para que demos absolución a los enfermos. También al piso donde estaban los enfermos de COVID, y dimos la absolución ahí a todos los enfermos de coronavirus, también al personal”, recordó el padre López.

La campaña del Rosario de Esperanza siguió, dijo, y pudieron “visitar a algunos enfermos de coronavirus también en sus casas”.

“Hemos logrado, por intercesión de la Santísima Virgen, poder formalizar una pastoral en el Hospital General de México, en el que vamos a estar entrando una vez a la semana a las tres áreas COVID-19 de este gran hospital, que tiene capacidad más o menos para 150 enfermos COVID.

El sacerdote López reconoció que el miedo no le es extraño al realizar este trabajo pastoral. “Sí, yo puedo decir que siento bastante miedo, bastante inquietud”. Otro de los sacerdotes le compartió que antes de visitar el hospital no pudo dormir.

“Al mismo tiempo, coincidimos los tres en que nos mueve algo que es más fuerte que el miedo, nos mueve el amor a las almas, a Cristo, nuestro buen pastor, que nos ha dejado el ejemplo y nos ha dicho que el buen pastor da la vida por sus ovejas”.

“No queremos morirnos, no queremos enfermarnos, no queremos infectarnos, estamos haciendo todo lo posible para que eso no suceda”, señaló, pero destacó que “para la Iglesia las almas valen la sangre de Jesús. Y nuestra vida importa mucho, porque es un don maravilloso, pero también importa nuestra alma, que es trascendente y por la que Dios, nuestro Padre, envió a su Hijo Jesús para salvarnos”.

El sacerdote mexicano aseguró que “nos sobreponemos, vencemos al miedo. Y creo que todos tuvimos esta misma experiencia, que si en un momento inicial había miedo, temor, cuando terminamos nuestro servicio, nuestro trabajo en el hospital, hemos experimentado una gran paz, una quietud, un gozo sobrenatural que nos confirma también espiritualmente que Dios quiere que hagamos esto por sus ovejas”.

Este trabajo pastoral, indicó, cuenta con el consentimiento del Arzobispo Primado de México, Cardenal Carlos Aguiar Retes.

Si bien no saben que lograrán tener “acceso a algún otro centro médico”, el padre López reconoció que “a lo mejor es poco lo que podemos hacer, en comparación de las dimensiones del problema, de la Ciudad de México, del país”.

“Pero este poquito que hacemos también se lo entregamos a Dios para que sirva como signo de esperanza”, aseguró.