CUSCO, Perú (CNS) — La gente comienza a hacer fila desde temprano en la ciudad de Cusco, situada en las montañas de Perú. Sin embargo, en lugar de haber turistas que esperan para abordar un tren rumbo a las legendarias ruinas de Machu Picchu, las filas de hoy están compuestas de residentes locales que recogen un saco de comida o, un poco más tarde en la mañana, una comida caliente.

La pandemia de coronavirus ha sido dura en Perú, y Cusco — el centro del próspero negocio turístico del país — se ha visto particularmente afectado.

Los líderes de la iglesia dicen que el hambre y problemas relacionados, como la anemia infantil, están en ascenso. Por lo tanto, están abriendo comedores populares para satisfacer las necesidades de la comunidad.

"El problema del hambre aquí ha aumentado notablemente. Cusco vive del turismo, por lo que los ingresos han bajado sustancialmente debido al alto nivel de desempleo", expresó el padre Jorge Carrasco, sacerdote diocesano de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores.

El padre Carrasco abrió un comedor de beneficencia en la parroquia en abril, un mes después del cierre por la pandemia en Perú, y hoy atiende a unas 100 personas. Él también colabora con nueve proyectos similares, llevados a cabo por residentes de su parroquia.

El presupuesto para el comedor de beneficencia termina en enero, y el padre Carrasco dijo que mientras junta dinero para mantenerlo en funcionamiento, los voluntarios que han estado cocinando también deben regresar al trabajo remunerado, lo que lo dejaría en una estacada.

"Intentaremos seguir adelante, porque hay necesidad, pero no estoy seguro de cómo en este momento", declaró el sacerdote. Cáritas del Perú, la rama local de la agencia de ayuda católica internacional, ha estado ayudando al comedor de beneficencia del padre Carrasco y proyectos similares en parroquias rurales, pero la demanda es mucho mayor de lo que se puede satisfacer.

El instituto de estadísticas del gobierno peruano informó que el sector hotelero se redujo en un 44 por ciento en octubre en comparación con el año anterior, una reducción importante pero no tan pronunciada como la contracción del 95 por ciento en abril. En general, se pronostica que la economía de Perú se contraerá casi un 13 por ciento este año, según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe.

Begoña Gutiérrez, desarrolladora de proyectos de Cáritas, dijo que, si bien la pandemia se ha aliviado a nivel nacional, los problemas económicos han empeorado en partes del departamento de Cusco, especialmente en las zonas rurales. También señaló que la pandemia ha coincidido con la falta de lluvias que ha perjudicado a la agricultura familiar, la desaparición del turismo y menores presupuestos de obras públicas que significan menos empleos.

Los comedores de beneficencia parroquiales se han abierto en los últimos meses, y los dos más recientes se abrieron en noviembre.

"Se están abriendo comedores sociales en comunidades que recién ahora están sintiendo un mayor impacto. Los párrocos pueden ver las necesidades de las personas, quienes no están comiendo como lo hacían antes de la crisis", acotó Gutiérrez.