El Arzobispo de Guayaquil (Ecuador), Mons. Luis Cabrera, dijo que la espiritualidad y la solidaridad son las líneas guías de la Iglesia para salir adelante durante la pandemia y recordó que la Arquidiócesis está lista para reanudar las Misas cuando el COE Nacional lo apruebe.

El Arzobispo señaló al diario ecuatoriano “Expreso” que desde el inicio de la pandemia tenían claro que debían seguir dos líneas: “La espiritualidad y la solidaridad”, así como priorizar a la iglesia doméstica, es decir las familias, a la que acompañan por medios virtuales.

En la dimensión espiritual “se han mantenido las Eucaristías, los mensajes; hemos comenzado la catequesis para los padres de familia, aprovechando el Zoom o el programa radial”, dijo. “Esta línea ha sido fundamental para sostener, para acompañar en la fe, pero obviamente no es suficiente. Lo virtual nunca va a reemplazar a lo presencial. Eso es clarísimo”, añadió.

En ese sentido, recordó que la Arquidiócesis ya está lista con los protocolos de bioseguridad para reanudar las Misas públicas cuando el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) lo permita.

En relación a la solidaridad, la Arquidiócesis, por medio de su brazo social “Banco de Alimentos Diakonía”, se contactó con instituciones estatales y privadas para juntos iniciar el programa “Unidos Alimentamos Más Personas”, destinado a donar alimentos, artículos de higiene y medicinas a las familias más afectadas por la pandemia.

“Como Iglesia pusimos a disposición toda la infraestructura del Banco…, más de 200 voluntarios y la infraestructura de las parroquias, para que los párrocos pudieran contactarse con las familias necesitadas de alimentos y así les lleguen los kits directamente a sus casas”, dijo.

“Alimentamos a un millón doscientas mil familias. También hemos ofrecido medicina y telemedicina. Tenemos una red de dispensarios médicos”, añadió.

Respecto a la situación económica actual, Mons. Cabrera dijo que la Iglesia está “en la misma circunstancia que nuestra gente y sabemos que va para largo”. El Prelado expresó su preocupación por la falta de empleos adecuados y dignos y señaló que por la crisis tuvieron que cerrar tres de las 29 escuelas y colegios católicos que dirigen en Guayaquil.

Asimismo, dijo que si bien las ofrendas que la gente dona a la Iglesia para su subsistencia han disminuido en este periodo de aislamiento, también “ha habido muchísima gente generosa” y un consejo económico parroquial que “se las han ingeniado”.

Sobre ello, el Arzobispo de Guayaquil dijo que “las parroquias que más tienen le han dado a las que menos tienen para pagar el agua, la luz. Así es como han podido vivir los curas. La solidaridad de las personas es lo que nos ha sostenido y seguirá sosteniendo”

“Se piensa que la iglesia católica tiene un banco en el Vaticano, que tiene mucha plata. Cuando me dicen eso yo les digo: ‘Oiga señor, si usted sabe dónde está esa plata, lléveme porque yo necesito para las catequesis, para las escuelas’”, agregó.

En relación a los casos de corrupción ocurridos durante la pandemia, el Prelado recordó que en una carta pidieron a las autoridades competentes que investiguen de forma exhaustiva “para dar con los autores y así, puedan aplicar las penas correspondientes”.

“Nosotros lo consideramos un crimen porque atenta contra la vida y la salud. La corrupción es un delito jurídico, un mal moral terrible y también un pecado”, agregó.

Además, precisó que las penas no sean “solo la cárcel y multas”, sino “la devolución del dinero robado”. “He ahí el llamado a los juristas, a los asambleístas, para que elaboren leyes que hagan eso posible. No es justo que quien haya robado dos o tres millones vaya a la cárcel tres, cinco años, y después salga a disfrutar de eso”.

También llamó a la sociedad a sumarse a la tarea de luchar contra la corrupción, quizás no legislando ni fiscalizando, pero sí dejando de evadir impuestos.

Mons. Cabrera también lamentó el fallecimiento de tres sacerdotes, médicos y enfermeras que trabajaban en sus dispensarios, y miembros del personal de las escuelas y colegios de la iglesia.

Finalmente, el Prelado dijo que la pandemia ha dejado como primera gran lección que “somos una sola familia en la que hay una diversidad de razas, culturas y estilos de vida” y que “no somos islas”, pues “lo que le pasa a uno, le afecta al otro”. La segunda lección es que somos “una sola familia que apuesta por la vida y por la justicia” y que la esperanza es fundamental ahora.

“Los ecuatorianos somos capaces de salir de las peores desgracias, de las peores circunstancias, poniendo el corazón, la vida y mucha inteligencia”, concluyó.