El cardenal designado Felipe Arizmendi Esquivel de San Cristóbal de Las Casas, México, encabeza una diócesis con una gran población indígena. Se observa en una foto sin fecha. (CNS/cortesía de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas).
El cardenal designado Felipe Arizmendi Esquivel de San Cristóbal de Las Casas, México, encabeza una diócesis con una gran población indígena. Se observa en una foto sin fecha. (CNS/cortesía de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas).

CIUDAD DE MEXICO (CNS) — Varios meses después de la elección del papa Francisco en 2013, el obispo Felipe Arizmendi Esquivel de San Cristóbal de Las Casas, México, envió una carta pidiendo al nuevo papa que revisara el tema de la ordenación de diáconos indígenas.

El Santo Padre respondió de inmediato y propuso una reunión con el obispo mexicano para el 12 de diciembre de 2013. Las ordenaciones de diáconos indígenas, prohibidas por el Vaticano durante más de una década, se reanudaron poco después.

El cardenal designado Arizmendi, de 80 años, estaba entre los 13 eclesiásticos nombrados por el Colegio Cardenalicio el 25 de octubre. Debido a su edad, no participará en ningún cónclave de futuros papas electos.

Sin embargo, para muchos en México, esta elevación se ve como el reconocimiento de un prelado que continuó la labor pastoral de su imponente predecesor en San Cristóbal de Las Casas, el obispo Samuel Ruiz.

El proyecto del cardenal designado Arizmendi, de construir una iglesia nativa en una diócesis mayoritariamente indígena, provocó un conflicto con la jerarquía de la iglesia y las élites terratenientes, pero ha encontrado una nueva apreciación desde la elección del papa Francisco.

"El mensaje básico es una aprobación de esta iglesia en San Cristóbal de Las Casas, una iglesia con este perfil heredado de Samuel Ruiz", expresó el padre Jesuita Pedro Arriaga, ex portavoz diocesano del cardenal designado Arizmendi.

"Es una diócesis muy importante en América Latina. No hay otra diócesis con tantos diáconos, y lo que esta diócesis ha construido es una iglesia autóctona", una que es indígena y no descendiente de migrantes o colonizadores.

El cardenal designado Arizmendi llegó a San Cristóbal en el año 2000 desde la vecina Diócesis de Tapachula, en la frontera con Guatemala.

El levantamiento Zapatista que ocurrió en 1994 generó que un grupo de rebeldes ocupara brevemente ciudades en la Diócesis de San Cristóbal. Sin embargo, un acuerdo de paz negociado por el obispo Ruiz mantuvo una paz tenue.

Los paramilitares también cometieron la masacre de 45 miembros indígenas de una comunidad pacifista católica conocida como Las Abejas en diciembre de 1997.

El coadjutor del obispo Ruiz, el obispo Raúl Vera López, fue designado para dirigir la Diócesis de Saltillo en el norte de México a fines de 1999 en lugar de asumir el liderazgo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas. El obispo Vera fue más franco y "hubo presión política" para que no continuara en Chiapas, indicó el padre Arriaga.

Los observadores de la iglesia esperaban cambios radicales con la llegada del cardenal designado Arizmendi a San Cristóbal de Las Casas, pero el nuevo obispo "sintió el espíritu de Don Samuel", expuso el padre Arriaga.

Aunque diferente en personalidad — "era un poco severo y serio" y "solemne", explicó el padre Arriaga — y mucho menos apasionado en sus pronunciamientos, el cardenal designado Arizmendi mantuvo el rumbo.

Sin embargo, había limitaciones: no se le permitió ordenar diáconos.

Los líderes de la iglesia temían que la práctica de ordenar a hombres indígenas casados, quienes a menudo servían en asentamientos remotos rara vez visitados por sacerdotes y cuyas esposas también asumían posiciones de liderazgo junto a ellos, debilitaría el papel de los sacerdotes. También existía el temor de abrir la puerta a sacerdotes casados.

Los defensores, sin embargo, dicen que la falta de atención pastoral ha contribuido a que Chiapas se convierta en el estado menos católico de México ya que congregaciones no católicas están creciendo rápidamente.

El cardenal designado Arizmendi recibió al papa Francisco durante su visita en febrero de 2016 al estado de Chiapas, a pesar de que el gobierno mexicano no quería que el Santo Padre fuera allí. Estando en Chiapas, el Sumo Pontífice pidió disculpas por el "despojo" sufrido por los pueblos indígenas.

Ilán Semo, historiador de la Universidad Iberoamericana dirigida por Jesuitas, señaló que ve al nuevo cardenal designado "como uno de los pocos obispos en México que está totalmente de acuerdo con el papa".

"No cree en la teología de la liberación, pero cree en una iglesia para los pobres. También tenía un enfoque que la iglesia mexicana no tenía: la democracia, la ecología, y el tema de las víctimas de violencia. Fue un modernizador en la iglesia mexicana", expresó Semo.

El cardenal designado Arizmendi nació el 1 de mayo de 1940 en Chiltepec, al oeste de la Ciudad de México. Fue ordenado sacerdote en 1963 y se convirtió en rector del seminario de la entonces Diócesis de Toluca. San Juan Pablo II lo nombró obispo de Tapachula en 1991 y lo transfirió a San Cristóbal de Las Casas en el 2000. Su renuncia fue aceptada por el papa Francisco en 2017.

El cardenal designado es autor de más de 30 libros y aún escribe una columna mensual para el diario El Sol de Toluca, de la ciudad donde reside.

Fue noticia en junio por haber sido alcanzado por un fragmento de bala mientras conducía de Toluca a su ciudad natal. El fragmento todavía está alojado en su cuello, declaro el padre Arriaga.