Nuevas sepulturas se observan en el Cementerio Xico en Valle de Chalco, México, el 29 de junio del 2020, durante la pandemia de Covid-19. (CNS Foto/Carlos Jasso, Reuters)
Nuevas sepulturas se observan en el Cementerio Xico en Valle de Chalco, México, el 29 de junio del 2020, durante la pandemia de Covid-19. (CNS Foto/Carlos Jasso, Reuters)

CIUDAD DE MÉXICO (CNS) — Los obispos de México han manifestado su alarma ante el alcance de la crisis de COVID-19, que aseguran que continúa aumentando por todo el país incluso mientras que las autoridades sanitarias permiten la reanudación gradual de la actividad económica.

Los obispos también pidieron una respuesta gubernamental más fuerte ante la pandemia —tanto en el frente de salud como el económico— diciendo que los oficiales de salud tienen una "obligación moral" de "proveer seguridad a la gente en medio de la incertidumbre".

También llamaron la atención sobre las millones de familias que sufren debido a que los principales proveedores de ingresos fueron despedidos de sus trabajos y ahora enfrentan el riesgo de pobreza inminente.

"Es necesario que las autoridades civiles hagan todos los esfuerzos necesarios por ofrecer una información sólida y transparente, junto con los números de fallecidos a causa (de la pandemia). Por tanto, sería oportuno que las pruebas fueran generalizadas, constantes y rápidas", continúa la declaración, refiriéndose a la baja tasa de pruebas de COVID-19, que está entre las más bajas del hemisferio.

Investigaciones hechas por periodistas han indicado que las muertes por COVID-19 se están subestimando.

La declaración de los obispos llega en el momento en que México se enfrenta a cuestionamientos sobre su estrategia de COVID-19 y una crisis económica, que se calcula ha costado 12 millones de trabajos.

Se espera que la pandemia haga subir la tasa de pobreza a un 60% de la población, según la declaración de los obispos.

Para el 29 de junio, México había registrado más de 220.000 casos de COVID-19 y 27.100 muertes, según la Secretaría de Salud.

Su tasa de mortalidad por COVID-19 se ubica en séptimo lugar entre todos los países y se espera que pronto supere a España y Francia, países que fueron golpeados duramente por el coronavirus, pero que se han recuperado.

La estrategia de COVID-19 de México ha sido algo peculiar, según los expertos de salud, que dicen que el país ha seguido una política de hacer pruebas únicamente a los pacientes más enfermos, y de depender de modelos de enfermedad para guiar su respuesta.
El país lleva a cabo solamente 3.3 pruebas por cada 1.000 personas —25 veces menos que Estados Unidos al 23 de junio, según Our World in Data. 

Los modelos del país han producido predicciones erróneas. El doctor Hugo López-Gatell, comisionado del coronavirus, dijo que el pico de la pandemia se alcanzaría el 8 de mayo y el número de muertes llegaría a su tope con 6.000.

La respuesta económica de México también ha sido escasa, mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador ha promocionado la austeridad.

El presidente ha respondido con recortes de gobierno, préstamos de unos $1.000 a las empresas más pequeñas y la continuación de pagos para los beneficiarios de programas sociales. Rechazó planes de rescate de grandes empresas, diciendo que tales soluciones sólo habían beneficiado a los ricos en crisis anteriores y ha rehusado retrasar pagos de impuestos.

López Obrador también ha aplaudido a las familias, que tradicionalmente proporcionan una red de seguridad a sus miembros en tiempos de crisis.

"En México, por tradición, las mujeres cuidan a sus padres", dijo López Obrador el 25 de junio. "Con todo respeto por otros países, nos ha ayudado mucho que la familia mexicana tiene la costumbre de ser muy fraterna, muy solidaria, se cuida al adulto mayor, lo dije desde el principio".

Los obispos también reconocieron la importancia de las familias en el pasar la pandemia, pero dijeron que a las familias les faltan recursos y que la incidencia de violencia doméstica durante la cuarentena se ha disparado.

"Las familias merecen ser reconocidas no solo como célula básica de la sociedad, sino como instancia que compensa en algún modo las carencias en materia de salud que tenemos en el país, sin que esto signifique dejar de buscar cómo superar dichas carencias con políticas públicas apropiadas", dijeron los obispos.

Con un desempleo que alcanza niveles récord y cierre de empresas y negocios, los obispos llamaron a "la solidaridad y a contribuir lo poco que tengamos". Pero también urgieron a los legisladores "a proponer mejores soluciones e incentivos" para los sectores productivos del país.

"Descuidar a los generadores de empleo no tendrá ningún resultado positivo a mediano y largo plazo", dijeron los obispos.