Servicio Católico de Noticias
Monseñor Óscar Arnulfo Romero será canonizado el 14 de octubre en el Vaticano.
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Monseñor Óscar Arnulfo Romero será canonizado el 14 de octubre en el Vaticano.

WASHINGTON (CNS).- Mientras el Sínodo de los Obispos se lleva a cabo en el Vaticano, miles de fieles peregrinos se preparan para presenciar la canonización del beato Arzobispo Oscar Romero, junto con el Papa Pablo VI y otros cinco nuevos santos.

Entre los que se preparan para la peregrinación hacia Roma, está la hermana Ana María Pineda, teóloga, catedrática y autora, quien ha investigado y estudiado la vida y el legado del beato Romero, obispo y mártir que habló en nombre de los pobres y vulnerables durante la guerra civil de El Salvador.

"Él era uno de los seguidores más conscientes de Jesús, él sabía lo que eso significa, y él sabía a lo que estaba llamado a hacer", dijo la hermana Pineda, de las Hermanas de la Misericordia, en una entrevista con Catholic News Service.

El beato Óscar Arnulfo Romero fue asesinado de un disparo mientras celebraba Misa en la capilla de un hospital el 24 de marzo de 1980. Tres años antes, en 1977, el beato Papa Pablo VI lo había nombrado Arzobispo de San Salvador, lo que le proporcionó una plataforma nacional para abogar en defensa de los pobres y en contra de la violencia y la opresión atribuidas al gobierno en ese momento. Él fue beatificado por el Papa Francisco en el 2015.

Se le considera una figura icónica y su legado de abogar por los derechos humanos es admirado en todo el mundo. Sin embargo, la hermana Pineda aconseja no verlo como un superhéroe, sino como un hombre brillante con fallas y limitaciones. Era tímido y se sentía inseguro a veces, además sufría de impaciencia y de mal temperamento.

Pero también fue un hombre que vivió el Evangelio, que buscó la voluntad de Dios, y vivió su compromiso cristiano hasta las últimas consecuencias: el martirio, dijo.

"Él tenía limitaciones humanas como todos nosotros tenemos, así que es una cosa hermosa ver cómo él se esfuerza a cada momento de su vida para tratar de responder a lo que Dios le estaba pidiendo, y tratar de hacerlo como una mejor persona".

Monseñor Romero, como se le conoce popularmente, fue una figura complicada en la sociedad y en la iglesia de el Salvador, señala la hermana Pineda, y a menudo recibía críticas de algunos sectores de la sociedad, del gobierno y la iglesia.

"Esta canonización es una validación por la iglesia de que la forma en que vivió su vida es un auténtico signo de compromiso cristiano; y una expresión genuina de cómo se nos pide que sigamos a Jesús", agregó.

En una carta pastoral reciente sobre la vida y el ministerio del beato Romero, el obispo John O. Barres de Rockville Centre, New York, instó a los eruditos y teólogos católicos a estudiar más la "teología espiritual del arzobispo, misionología y acercamiento a la enseñanza de la justicia social católica y las obras corporales y espirituales de misericordia".

La hermana Pineda concurre en la necesidad de seguir estudiando el legado del beato Romero. "Sus homilías están densamente llenas de muchas de las enseñanzas de la iglesia, las escrituras, y todo eso puede seguir enseñándonos, por lo que hay que estudiarlas más", dijo.

El beato Romero escribió sus homilías con tres niveles en mente. Describía la realidad de lo que estaba sucediendo en ese momento, reflexionaba sobre las escrituras, y presentaba la aplicación de lo que eso significaría en ese momento, agregó.

Su trayecto de vida lo llevó a vivir el misterio de la cruz, donde él como pastor de una "iglesia sufriente" compartiría ese sufrimiento, dijo la hermana Pineda, añadiendo que cualquiera puede relacionarse con sus experiencias incluso en medio del sufrimiento.

"Lo que encuentro consolador es que él es como yo podría ser, un ser humano con debilidades. Pero me enseña algo: que trates de superarlas y que trates de seguir adelante, y que Dios te ayuda, Dios está contigo y que puedes superar algunas de esas dificultades personales. Y lo ves en su vida, al convertirse en un mártir", aunque no por su propia elección, dijo.

"Le tenía miedo a la muerte, no creo que murió aceptándola. Pero sabía que esto podría ser la consecuencia de vivir la verdad, la verdad del Evangelio", agregó.

Incluso durante sus momentos más difíciles, días antes de su muerte, las oraciones del beato Romero mostraron abandono a la voluntad de Dios y a aceptar su cruz.

"Porque él tenía la sensación de que iba a ser asesinado o que estaba en peligro, (el ruega a Dios) ' si me pasa, por favor, acompáñame'. Y que en el último momento yo pueda sentir tu abrazo para ayudarme en ese momento", dijo la hermana Pineda.

"Para mí, esa es tal vez la parte más poderosa. No es pensar en él como un superhéroe, sino como un hombre que trató fielmente de vivir lo que Jesús le pedía, lo que Dios le pedía".