Manuel Ramírez Guardado coloca una vela al pie de una cruz que lleva el nombre de su hermana el 4 de marzo de 2021, en Los Ramírez, El Salvador. Una organización nacional intentó recuperar los restos de su hermana, Catalina Ramírez, asesinada en 1979, pero no se encontró ninguno. (CNS Foto/Rhina Guidos).
Manuel Ramírez Guardado coloca una vela al pie de una cruz que lleva el nombre de su hermana el 4 de marzo de 2021, en Los Ramírez, El Salvador. Una organización nacional intentó recuperar los restos de su hermana, Catalina Ramírez, asesinada en 1979, pero no se encontró ninguno. (CNS Foto/Rhina Guidos).

CHALATENANGO, El Salvador (CNS) — El sol de marzo y abril es implacable con los árboles y plantas en los cerros y montañas de El Salvador. La falta de lluvia y el sol abrasador hacen que gran parte de la vegetación se duerma, pintando un paisaje desolado, recuerdo visual de una temporada que hace parecer como si la naturaleza también obedeciera a la Cuaresma.

En este árido escenario de la década de los 1970 y los 1980, las fuerzas armadas del gobierno también castigaron el paisaje, pero su objetivo era el pueblo.

En 1979, uno de esos objetivos en las colinas cercanas a la aldea de Los Ramírez fue Catalina Ramírez, una católica de 30 años activa en su parroquia y en su comunidad.

Le encantaba bordar. Tenía el pelo rizado y un rostro "aguileño" dijo una sobrina que no llegó a conocerla. También era activa en un sindicato de obreros, ilegal en aquella época y probablemente la razón por la que fue macheteada con arma blanca en 1979, asesinada junto a su padre.

Han pasado más de 40 años, pero el cuatro de marzo se le dio por fin lo que los miembros restantes de su familia consideran una despedida adecuada.

Cerca de árboles de mangos y cocos, el padre Manuel Acosta, sacerdote católico y jefe de la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el Contexto del Conflicto Armado de El Salvador, conocida por las siglas CONABÚSQUEDA, y el obispo de Chalatenango, Oswaldo Escobar, oficiaron una misa al aire libre de "cierre de duelo" para la familia Ramírez.

Esperaban enterrar ese día algunos de los restos de la mujer, los cuales CONABÚSQUEDA se esforzó por localizar en el lugar donde su hermano Noé recuerda haber enterrado rápidamente lo que quedaba de su hermana en 1979, pero no se encontró nada.

En aquella época, un simple entierro para alguien considerado "subversivo" era impensable.

Los soldados solían dejar los cuerpos de quienes se creía que ayudaban o participaban con guerrilleros en los bordes de las carreteras, una advertencia visual de lo que podía ocurrir.

Pero el hermano de Ramírez no quería ese destino para el cuerpo de su hermana, entonces rápidamente hizo un hoyo en el lugar donde la mataron, cerca de un manantial y con sus manos agarró las partes que encontró y las metió en ese sitio.

Era uno de los dos hermanos menores, ahora de unos 60 años, que compartieron tamales, pan dulce y café con la comunidad de los Ramírez.

Encendió velas cerca de una cruz de madera con el nombre de su hermana y decorada con veraneras.

Hablaron de Catalina Ramírez con cariño y compartieron la única foto que tienen de ella: una copia en blanco y negro que uno de sus familiares llevó durante el ofertorio.

"Me siento feliz, siento una gran satisfacción", dijo su hermano, Manuel Ramírez Guardado, agradeciendo a la comunidad por participar en la celebración religiosa y compartir la tarde con la familia.

Este tipo de eventos de memoria histórica se han vuelto más comunes e importantes para sanar a las familias, así como a las comunidades muy golpeadas durante el conflicto civil de El Salvador, dijo el padre Acosta.

La Misa para Catalina Ramírez no fue para mantener el odio o los sentimientos de venganza, sino para reconocer lo que ocurrió durante un período duro para el país, dijo el obispo Escobar.

Recordó a los reunidos en la misa de un mensaje que se encuentra en la encíclica "Fratelli Tutti" del papa Francisco: que aunque las víctimas o sus familias pudieran aplicar el peor castigo posible a los autores del crimen, no arreglaría nada.

"Sólo cuando te abres al perdón, entonces puedes saciar tu sed de venganza y comenzar tu redención", dijo el obispo.

Al igual que Cristo, que le da nombre a El Salvador, el país tiene muchas heridas, dijo el obispo, "igual que Cristo, El Salvador sólo resucitará con las heridas de su historia", añadiendo que la Biblia no habla de un Señor Resucitado cuyas heridas no se pueden ver.

Para algunos salvadoreños católicos, sin embargo, muchas de esas heridas no han cicatrizado, en particular para los familiares que nunca han podido despedirse de sus seres queridos cuyos restos siguen desaparecidos, absorbidos por las montañas y colinas o arrastrados por las lluvias, que es lo que probablemente ocurrió con el cuerpo de Catalina Ramírez, dijo el padre Acosta.

Reconocer sus vidas y sus muertes sigue siendo una parte importante de la sanación.

La Iglesia Católica está haciendo todo lo posible para ayudar en el proceso de sanación, con la ayuda de organizaciones como CONABÚSQUEDA, cuyo propósito es investigar y determinar qué ocurrió con las víctimas adultas del conflicto armado de El Salvador, que dejó más de 75000 muertos y entre 7000 y 10000 desaparecidos, dijo el padre Acosta.

"Lo que dijo Monseñor Escobar es cierto: estos cerros están llenos de fosas, llenos de desaparecidos", dijo el padre Acosta a la congregación después de la homilía". 

"Entonces nuestras montañas irradian dolor pero también irradian Pascua y de allí sale la paz y la esperanza necesaria para salir adelante".

Aunque ya pasaron los 40 años desde que el conflicto civil del país comenzara oficialmente en 1980, parece un tiempo oportuno para abordar finalmente el dolor de El Salvador, Monseñor Escobar le dijo a CNS y hay un significado especial de esa cantidad de tiempo.

Eventos como los acontecimientos que reconocen finalmente lo que les sucedió a los católicos en lugares como el caso de Los Ramírez, pueden ayudar a sanar heridas.

"Cuarenta tiene un significado preciso, es un tiempo oportuno, el tiempo de la prueba, el tiempo que el pueblo de Israel caminó 40 años por el desierto", dijo.

"Es una cantidad de tiempo Bíblica ... se puede celebrar la Pascua como el triunfo de la vida en el contexto de que han sido 40 años y quien iba a decir que en un remoto caserío iban a tener que pasar 40 años para (recordar) a una joven comprometida ... ciertamente este tipo de actividad, la celebración da ciertamente a los procesos de duelo como un ladrillo más en la pared".