“Las disparidades existentes en el sistema de salud para las personas negras, hispanas e indocumentadas con COVID-19 ponen a nuestra comunidad en situaciones más vulnerables y potencialmente mortales”, dijo Olivia Quiroz, directora ejecutiva de la Coalición Latina para la Salud
“Las disparidades existentes en el sistema de salud para las personas negras, hispanas e indocumentadas con COVID-19 ponen a nuestra comunidad en situaciones más vulnerables y potencialmente mortales”, dijo Olivia Quiroz, directora ejecutiva de la Coalición Latina para la Salud

Esta es la segunda parte de la serie que analiza, mediante la historia de un oregoniano, el impacto desproporcionado del coronavirus en los hispanos, los desafíos que enfrentan durante la enfermedad, la recuperación y la influencia de su fe. 

 

Las ampollas en la boca hacían que comer fuera doloroso y había perdido el control de esfínteres. “Y ahí estaba la tos, esa terrible tos que no podía parar”, dijo Agustín Maldonado en español.

 

Cuando los médicos le preguntaron a este católico oregoniano si le gustaría participar en un ensayo clínico para pacientes COVID-19, no lo dudó. El hombre de 55 años recuerda haber respondido: “Sí, sí, pero por favor sea rápido con la medicina”.

 

Mientras el número de casos diarios de COVID-19 se incrementa en los Estados Unidos en cifras récord, hispanos como Maldonado siguen afectados desproporcionadamente por el virus. Es más probable que contraigan COVID-19, enfrenten un caso severo y mueran a causa de él.

 

Aquellos que son indocumentados o que tienen bajos ingresos se enfrentan a obstáculos en casi todas las etapas de la enfermedad, dijo Olivia Quiroz, directora ejecutiva de Oregon Latino Health Coalition, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para promover la equidad en el servicio de salud en el estado.

 

Es difícil obtener atención médica cuando aparecen los síntomas, hay barreras del lenguaje durante la hospitalización y muchos se encuentran con obstáculos si requieren continuidad en el tratamiento.

 

Las disparidades existentes en el sistema de salud para las personas negras, hispanas e indocumentadas y con COVID-19 ponen a nuestra comunidad en situaciones más vulnerables y potencialmente mortales”, dijo Quiroz.

 

“No importa a quien ataca”

 

Maldonado, un inmigrante mexicano que carece de documentación legal (Catholic Sentinel aceptó no revelar su ciudad de residencia o parroquia), cree haber seguido las directrices de salud en su trabajo como cocinero. No está seguro de cómo se infectó con COVID-19 la primavera pasada, pero sus síntomas se intensificaron rápidamente y fue hospitalizado.

 

No permitían a ningún visitante en la habitación del hospital de Maldonado y su hija, una estudiante universitaria y su hijo de 15 años, Gael, se enteraron sólo después de que su padre fue ingresado que tal vez no volverían a verlo.

 

“Mi padre envió un texto —no era capaz de hablar— que decía cuánto me amaba y cómo...”. Gael estalló en llanto. Respiró profundo y continuó. “Me dijo que siguiera trabajando duro sin importar a donde tuviera que ir. “El coronavirus, añadió el adolescente, “es muy injusto; no importa a quién ataca”.

 

Gael se sintió abrumado por el dolor, pero también por la preocupación. “Pensé en que no podríamos pagar nuestro apartamento si el muriera”, dijo.

Recordó cómo su madre perdió peso y cabello por todo el estrés. “Pero ha sido tan fuerte”, dijo Gael. “Ella estaba consolando a todo el mundo”.

 

Impedimentos en el cuidado inicial

 

Oregon tiene un programa que proporciona beneficios médicos a personas indocumentadas con problemas médicos potencialmente mortales, por lo que los costos hospitalarios de Maldonado fueron cubiertos.

 

Sin embargo, para los inmigrantes indocumentados y las familias que no pueden pagar un seguro médico y que aún no están en una situación de emergencia, es extraordinariamente difícil recibir atención. Las clínicas que sirven a las comunidades de bajos ingresos son limitadas, y muchas están a plena capacidad con largas listas de espera, según Quiroz.

 

La atención a familias trabajadoras de bajos ingresos se dilata porque el tratamiento cuesta mucho. Tales retrasos pueden tener un detrimento muy perjudicial en la salud de un individuo porque los síntomas de COVID-19 pueden progresar rápidamente “y usted podría terminar en una situación de vida o muerte”, dijo Quiroz. Eso se traduce en una estancia hospitalaria más larga o la necesidad de atención especializada, que cuesta más para los no asegurados.

 

"Muchas familias hispanas en Oregon subsisten con ingresos mes a mes”, señaló Quiroz.

 

Para casos graves de COVID-19, algunos estados tienen programas como el de Oregon, y los hospitales reciben dinero a través de la ley federal de ayuda al coronavirus para proporcionar tratamiento a personas sin seguro. Sin embargo, algunos empleados del hospital dicen que las reglas son confusas y los hospitales no están obligados a informar a los pacientes por adelantado sobre los fondos.

 

Perdido sin traducción

 

Sintiéndose cerca de la muerte en el hospital, pero tratando de escuchar a Dios y no rendirse, Maldonado firmó los documentos legales necesarios para participar en el ensayo clínico.

 

“No había traductores, pero con mi limitado inglés pude entender algo”, recordó Maldonado. “No pude entender si podía haber consecuencias”.

Las leyes federales requieren que los hospitales proporcionen a los pacientes acceso a la información en su idioma o a un intérprete. “Pero luego está lo que realmente ocurre”, dijo Quiroz.

 

Un estudio nacional de 2016 utilizando datos de la Asociación Americana de Hospitales encontró que hasta un tercio de los hospitales en comunidades que necesitan asistencia con el idioma no lo proporcionan. Parte de eso se debe a la escasez de intérpretes calificados.

 

Quiroz dijo que la capacidad de entender tratamientos complejos es difícil incluso con un intérprete, especialmente si la salud de alguien se ha deteriorado gravemente. “En ese estado también es difícil abogar por sí mismo”, dijo.

 

Agustín Maldonado, inmigrante de Puebla, México, fue enviado a casa con estos tanques de oxígeno,

pero sin instrucciones sobre cómo cuidarse después de la hospitalización. (Cortesía Familia Maldonado).

 

'Extremadamente triste'

 

Aproximadamente 24 horas después de recibir el medicamento, la fiebre de Maldonado pasó. Pronto dejó de toser. Unos días más tarde, fue enviado a casa con tanques de oxígeno, pero sin instrucciones sobre cómo cuidarse a sí mismo.

 

“Yo estaba muy, muy flaco”, dijo Maldonado. “No podía sentarme ni levantarme por mi cuenta. Fue hermoso estar en casa y estoy agradecido por la medicina, pero al mismo tiempo fue tan aterrador”.

 

Su corazón y pecho todavía se sentía oprimido y a veces le costaba respirar. “No podía ir al hospital, porque sin seguro, sólo podía ir a emergencias”, dijo.

 

Pasaron las semanas, y finalmente habló con un médico que lo había cuidado en el hospital. El médico sugirió que se sometiera a varias pruebas.

Maldonado fue a un hospital cercano, pero le dijeron que no era elegible para las pruebas porque carecía de seguro médico y número de Seguro Social.

 

El hospital lo envió a otro proveedor médico, donde el personal le dijo lo mismo. Cuando el tercer lugar dijo que no podían ofrecer las pruebas, “me sentí extremadamente triste”, recordó Maldonado. “No quería salir de esa oficina”.

 

Problemas sistémicos

 

La investigación muestra que un número bastante alto de pacientes están siendo dados de alta de hospitales en condiciones severas, según Aida Giachello, profesora de investigación de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.

 

También hay cada vez más evidencia de que un número significativo de personas son como Maldonado y experimentarán complicaciones a largo plazo de COVID-19. Ambas realidades tienen un impacto más severo en los indocumentados y personas sin cobertura médica.

 

Quiroz sabe de un número de hispanos de Oregon que fueron dados de alta antes de su total recuperación. Recordó a un adulto mayor que contrajo COVID-19 y terminó en la sala de urgencias, pero fue enviado a casa tres días después. Tuvo que regresar allí nuevamente al poco tiempo.

 

Cuando el personal del hospital le preguntó si se sentía bien o si podía respirar, “dijo que sí, a pesar de que respiraba con dificultad”, dijo Quiroz. “No tenía seguro, no hablaba el idioma y tenía miedo”.

 

Después de que el hombre fue dado de alta por segunda vez, su hija vino de fuera del estado para ayudar. Ella compró un dispositivo para monitorear el nivel de oxígeno y descubrió que el suyo era peligrosamente bajo.

 

“Si lo hubieran regresado a casa de nuevo y su hija no hubiera estado allí, habría muerto”, dijo Quiroz, cuya organización ayudó a abogar por su cuidado a largo plazo.

 

Quiroz, haciendo eco de eruditos y otros expertos en salud pública, sostiene que el racismo sistémico, las preferencias involuntarias implícitas, las prácticas discriminatorias continuas hacia las comunidades negras e hispanas y hacia las personas que no están aseguradas e indocumentadas producen una serie de problemas e inequidades en la atención médica.

 

“Durante COVID-19 estamos escuchando más al respecto”, dijo. “Pero estos problemas siempre están ahí”.

 

Temores financieros

 

Persistiendo con su búsqueda de las pruebas recomendadas, Maldonado finalmente encontró una clínica que le ayudaría. Descubrió que sus pulmones estaban funcionando a una capacidad reducida en un poquito más de la mitad y le ordenaron algunos ejercicios.

 

Poco a poco comenzó a sentirse mejor. Seis meses después de haber sido dado de alta del hospital, Maldonado ha comenzado a recibir atención de un neumólogo y sus pulmones funcionan a una capacidad cercana al 100%.

 

Las clínicas no suelen prestar servicios especializados, y para muchas familias, la atención con un especialista puede conducir a una cuantiosa deuda.

“La deuda por servicios de salud es un problema nacional y para las familias trabajadoras puede significar una gran parte de su sueldo lo cual reduce su capacidad de comprar alimentos y pagar el alquiler”, dijo Quiroz. “La deuda los ahoga”.

 

Maldonado planea pagar a plazos la deuda adquirida y se siente optimista sobre su capacidad para cubrir los pagos. “Tenemos que hacerlo y creo que podremos hacerlo”, dijo.

 

La esposa de Maldonado, que se tomó un tiempo libre para cuidar de él, ha regresado a su trabajo en McDonald's y él recientemente fue autorizado para volver a trabajar, aunque continua ansioso por los efectos del virus a largo. Por ahora el restaurante donde solía trabajar está cerrado debido a las regulaciones estatales de coronavirus.

 

Maldonado y su esposa recibieron alrededor de $1500 a través del Fondo de Alivio para Trabajadores de Oregon a principios de este año y el dinero les sirvió para ayudas de cubrir el arriendo por varios meses. Pero el fondo está agotado y la pareja no está segura de cómo pagarán el alquiler en el nuevo año si Maldonado no puede trabajar.

 

‘No estamos solos’

 

No obstante, Maldonado siente un fuerte sentido de esperanza sobre el futuro. Ha estado pensando mucho en un libro que quiere escribir. “Se llamaría 'Coronado rey sin esperarlo' y hablaría acerca de lo que he aprendido del coronavirus, mediante la imagen de una corona pesada de un coronavirus con tres puntas”, dijo.

 

“Una punta hablará de la vida, otra se referirá a la muerte y en el centro estará la punta más grande y esa hablará de la fe. Sin fe, no somos nada”.

 

Maldonado dijo que siempre ha sentido un vínculo con Dios, “pero no me había dado cuenta de cuánto necesitaba confiar en él y el impacto que ha tenido en mi vida hasta esta enfermedad. Dios es tan real como el aire que respiramos. No estamos solos”.

 

Maldonado está tratando de ganar confianza en sí mismo y mejorar como hablar bien en público para poder compartir su historia de enfermedad y fe en Dios en las iglesias de Oregon.

 

En Navidad, el plan era permanecer en casa con su familia y una celebración sencilla con oración y buena comida, incluyendo enchiladas, ensalada de pollo y tamales.

 

“No espero ningún regalo este año”, dijo Maldonado. “Levantarme cada mañana es una bendición. La vida misma es mi regalo este año”.