María Patricia Mojica, trabajadora de un vivero en Yamhill, OR. en un área de cultivo prepara las plantas en recipientes individuales. Un informe reciente que incluye docenas de entrevistas con trabajadores agrícolas de Oregon ofrece una visión de las experiencias inseguras, insostenibles y con frecuencia, deshumanizantes que los trabajadores agrícolas han soportado durante la pandemia de Covid-19. (Cortesía Ma. Patricia Mojica).
María Patricia Mojica, trabajadora de un vivero en Yamhill, OR. en un área de cultivo prepara las plantas en recipientes individuales. Un informe reciente que incluye docenas de entrevistas con trabajadores agrícolas de Oregon ofrece una visión de las experiencias inseguras, insostenibles y con frecuencia, deshumanizantes que los trabajadores agrícolas han soportado durante la pandemia de Covid-19. (Cortesía Ma. Patricia Mojica).

Un informe reciente que incluye docenas de entrevistas con trabajadores agrícolas de Oregon ofrece una visión de las experiencias inseguras, insostenibles y con frecuencia deshumanizantes, que los trabajadores agrícolas han soportado durante la pandemia de Covid-19.

 

El estudio sobre los trabajadores del campo, divulgado a mediados de abril de 2022, hace parte de un proyecto multiestatal que investiga y examina las condiciones de vida de los trabajadores agrícolas en los estados de Oregon, Washington y California.

 

El estudio fue realizado en colaboración conjunta por investigadores de las universidades Oregon State University, Portland State University, The University of Oregon, Oregon Health and Science University, The California Institute for Rural Studies junto con más de una docena de organizaciones de atención comunitaria.

 

Jennifer Martínez-Medina, directora del estudio y estudiante de doctorado en la Universidad Estatal de Portland, creció en California junto a sus padres trabajadores del campo, tenía interés en documentar el impacto de la pandemia en los trabajadores agrícolas.

 

Martínez-Medina dijo en entrevista a El Centinela que hay ausencia de datos que reflejen con veracidad la realidad de la vida de los trabajadores del campo.

 

“Los escasos datos disponibles sobre los trabajadores agrícolas la mayoría de las veces son inconexos y no se recopilan con el objetivo de captar en sus propias voces la realidad que viven los trabajadores agrícolas en toda su complejidad”, dijo Martínez-Medina,

 

“Ellos son los únicos expertos y autorizados para describir las experiencias vividas al igual que las acciones requeridas para ser tratados con dignidad”, agregó.

 

Jennifer explicó haber vivido de cerca la experiencia con sus padres en California. “Es un trabajo tan importante pero tan mal remunerado, gracias al cual se producen los alimentos que consumimos, sin embargo, no se le da la importancia que merecen estos trabajadores”.

 

Los investigadores realizaron entre agosto y septiembre del 2020 una encuesta inicial con 300 trabajadores agrícolas en el estado Oregon.

 

Para el estudio reciente, durante los meses de febrero a julio del 2021, se llevaron a cabo entrevistas en profundidad con 48 trabajadores en todo el estado y los hallazgos encontrados confirmaron información obtenida en la encuesta anterior, explicó Martínez-Medina.

 

El estudio señala que, para el equipo de investigadores, “hablar directamente con los trabajadores agrícolas era una prioridad”.

 

Martínez explicó que, durante el período de entrevistas de seis meses en 2021, más de la mitad de los trabajadores encuestados reportaron haber dado positivo por COVID-19.

 

Martínez-Medina se refirió también al impacto económico debido a la pérdida de salarios.

 

"Los trabajadores perdieron horas de trabajo tanto con el cierre decretado por las restricciones de la pandemia como por haberse contagiado con la enfermedad. La pérdida de salarios debido a la cuarentena obligatoria de 10 días y la falta de licencia por enfermedad pagada entre los trabajadores agrícolas a menudo obligan a las personas a elegir entre cubrir sus necesidades básicas como alquiler, alimentación para su familia y buscar atención médica", dijo.

 

Sandra Martín, coordinadora de respuesta de emergencia Covid-19 de Bienestar, organización sin fines de lucro, fue una de las personas que entrevistó directamente a muchos de los trabajadores agrícolas.

 

Martín dijo que otro aspecto de alto impacto en las familias fue el cierre de las escuelas y las clases virtuales. “Las mujeres pasaron de ayudar al sostén de la familia a ser cuidadoras de niños y familiares enfermos, lo que no solo aumentó el nivel de estrés y agotamiento emocional, sino que redujo aún más los ingresos de las familias”.

 

Sandra manifestó que las familias tuvieron que incurrir en costos adicionales como computadores, conexión a internet y la barrera del idioma fue y continúa siendo algo tremendo.

 

Sandra explicó que muchos trabajadores agrícolas indocumentados todavía temen recibir ayuda de alimentos de SNAP o atención médica gratuita, como pruebas y vacunas contra Covid-19, por el temor a ser etiquetados como una “carga pública”, situación que los hace inelegibles para solicitar la residencia legal.

 

El resultado de la investigación señala que la barrera del idioma ha afectado a los trabajadores. El estudio afirma haber encontrado 19 dialectos diferente entre los trabajadores de la agricultura.

 

Néstor Jiménez, feligrés de la parroquia San Lucas, en Woodburn, es un trabajador de la agricultura. Néstor manifestó que en su comunidad hay varios trabajadores y feligreses de la parroquia que hablan Mam y Quiché. Jiménez, oriundo de Guatemala, dijo que muchos trabajadores coterráneos suyos sufren por las barreras lingüísticas.

 

En marzo de 2020, al inicio de la pandemia, el gobierno federal declaró a los trabajadores agrícolas ‘esenciales’ con el objetivo de mantener las cadenas de suministro de alimentos de la nación, aunque no les otorgó protecciones de seguridad Covid-19-19. Catorce estados, incluido Oregon, implementaron reglas de seguridad en el lugar de trabajo específicas para la pandemia.

 

No obstante, según el informe, los trabajadores agrícolas reportaron que no todos los empleadores de Oregon cumplieron con las reglas estatales, y también informaron acerca de las dificultades para acceder a las pruebas de Covid-19, ponerse en cuarentena y acceder a los servicios de apoyo. 

 

Los trabajadores hablaron de inspectores de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional OSHA, que realizaron visitas a los puestos de trabajo y vieron a las personas de cerca sin máscaras u otro equipo de protección, sin informar ninguna violación de seguridad.

 

Más de la mitad de los trabajadores agrícolas entrevistados no se sentían completamente protegidos en su lugar de trabajo, y muchos informaron no haber sido informados de las infecciones por Covid-19 en sus lugares de trabajo.

 

El informe concluye con una lista de recomendaciones de trabajadores e investigadores. Los trabajadores agrícolas quieren tener más inspectores en las granjas para realizar controles regulares de seguridad y salud; esfuerzos de vacunación más generalizados; una mejor provisión para las necesidades de las comunidades indígenas; una mejor educación de los empleadores; y documentos que les conceda estatus migratorio para que más trabajadores puedan recibir beneficios laborales.

 

Los investigadores pidieron una mejor capacitación, más recursos de redes de seguridad, un mayor apoyo a la salud mental y protecciones y cumplimiento más fuertes en el lugar de trabajo, entre varias otras recomendaciones.

 

La dignidad del trabajo

 

Un buen número de trabajadores del campo son feligreses de la parroquia St. Luke, en Woodburn, dijo el padre Moisés Leal, párroco de la iglesia, añadiendo que es posible que algunos de ellos no cuenten con un permiso legal para laborar en Estados Unidos.

 

El padre Moisés, al informarse sobre el resultado del estudio, hizo un llamado a reconocer la importancia de las actividades que ocupan al ser humano y abogó por el trato digno de los trabajadores.

 

El presbítero emitió la siguiente reflexión: “Es verdad que todos necesitamos trabajar honradamente para traer a casa los sagrados alimentos. Pero desde el inició de la pandemia hasta hoy día, los trabajadores del campo, viveros, procesadoras y empacadoras de alimentos han trabajado a paso forzoso, y se ha tomado ventaja de la necesidad de los trabajadores.

 

El presbítero citó la segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses que dice “No vivimos entre ustedes sin trabajar, no pedimos a nadie un pan que no hubiéramos ganado, sino que trabajamos duramente noche y día hasta cansarnos para no ser una carga para ninguno”.

 

El padre expresó que el trabajador que emigra a otra región o país lo hace con el deseo de salir adelante en la mayoría de los casos.

 

El presbítero se lamentó que un gran número de granjeros católicos evangelizados tienen el poder de tratar con dignidad y respeto a sus trabajadores, sin embargo, los ciega la pérdida de sus ingresos y así pierden doblemente, como granjeros y como un buenos cristianos.

 

Los derechos del trabajador del campo y de cualquier otro trabajador necesitan ser respetados. El que emigra no quiere ser una carga para nadie es por eso por lo que se entrega a sus labores con responsabilidad hasta poner en riesgo su vida.

 

Las limitaciones de este trabajador del campo son muchas y desconoce sus derechos por falta de información. Y el que conoce y sabe de los beneficios de sus trabajadores y no las pone en práctica es un abusador y viola los derechos de estos.

 

En esta pandemia todos hemos vivido los estragos que ha dejado, unos utilizamos los beneficios porque estamos informados, pero hay trabajadores que desconocen esto y no toman acción para obtener la ayuda, ya sea esta de salud, comida o vivienda.

 

En esta pandemia que seguimos viviendo nuestros trabajadores del campo no han recibido un trato digno y respetuoso; y decimos “son del campo”, y con esa frase destruimos la dignidad del prójimo, y atropellamos sus derechos. Todos somos hijos de Dios y como tal merecemos un trato digno”, concluyó.

 

patriciam@ocp.org