Marvin y Dana el día de su matrimonio. Marvin narró para El Centinela su camino de transformación, en el cual encontró no solo el amor de la mujer que se convertiría en su esposa, sino el amor más grande que cambió su vida; el amor de Dios. En los últimos cinco años se ha dedicado a servir en la catequesis de jóvenes y padres de familia y tiene muy claro que su deseo es servir en la iglesia católica.  (Cortesía Marvin Matías).
Marvin y Dana el día de su matrimonio. Marvin narró para El Centinela su camino de transformación, en el cual encontró no solo el amor de la mujer que se convertiría en su esposa, sino el amor más grande que cambió su vida; el amor de Dios. En los últimos cinco años se ha dedicado a servir en la catequesis de jóvenes y padres de familia y tiene muy claro que su deseo es servir en la iglesia católica. (Cortesía Marvin Matías).
" “Conocí del perdón de Dios, del gran amor que El tiene por nosotros. Empecé a sentirme diferente. Dios con su amor infinito llenó todos esos vacíos que había en mi corazón, " Marvin Matías, Feligrés y catequista de la iglesia San Mateo, en Hillsboro

En junio del 2012, el sacerdote Pablo Sánchez ofició el matrimonio de Marvin Matías, un hombre que creció en una familia evangélica protestante, se alejó de la fe, tuvo problemas con el alcohol y la drogadicción y enfrentó serias dificultades de la vida.

Movido por los sentimientos que Dana despertó en su corazón, se hizo católico en el 2010. Con su intención de estar cerca de ella para lograr conquistar su corazón, Marvin encontró no solo el amor de la mujer que se convertiría en su esposa, sino el amor más grande que cambió su vida; el amor de Dios.

En los últimos cinco años se ha dedicado a servir en la catequesis de jóvenes y padres de familia y tiene muy claro que su deseo es servir en la iglesia católica. Marvin narró para el Centinela cómo Dios transformó su vida. Esta es su historia de conversión.

En Guatemala, creciendo en una familia evangélica protestante. 

“Vengo de una familia desintegrada. Mi papá abandonó a mi mamá cuando yo tenía dos años. Tengo una hermana menor”.

Mi mamá es evangélica protestante y siempre me invitaba a ir a la iglesia. En una oportunidad fui para recibir unas clases, sin embargo, no sentí que ese fuera el lugar para mí. Antes de venirme a los Estados Unidos, me insistieron mucho en que me bautizara con esa iglesia.

Mi mamá peleaba conmigo porque me atraía todo lo relacionado con la iglesia católica. Me encantaba la Navidad, las procesiones de Semana Santa y todas las celebraciones.

Siempre me gustó la iglesia católica, de niño, pasaba tiempo rondando en la iglesia y me gustaba ver las tradiciones que mis vecinos celebraban en Navidad. Me escapaba para ir a las Posadas, ayudaba a cargar la Virgen y aunque me regañaban y me pegaban, yo siempre estaba ahí. 

Crecí en Guatemala, recibí la acreditación de la FIFA para ser árbitro de fútbol profesional en lo cual trabajé por ocho años, estudié Dibujo Técnico y cuando estaba a punto de graduarme, decidí venir a este país.

En Estados Unidos, atrapado en el alcoholismo

Vine a los Estados Unidos en el 2006. 

Como creo que le pasa a la mayoría de los que inmigramos a este país, lo primero que encontramos son malas influencias, supuestas amistades que te instan a perderte de la manera más fácil. 

Pronto encontré un trabajo y conocí a unos ‘amigos’ de Guatemala y con ellos, yo joven, soltero, sin compromiso, me iba de fiesta desde el miércoles y terminaba el domingo. 

Sentía un vacío dentro de mí que empecé a llenar con alcohol, fiestas y vicios. Quería tener mi mente siempre ocupada. 

Viví momentos muy difíciles e incluso llegué a pensar que me iba a morir por la vida que llevaba. Entré en depresión, me sentía atrapado en un lugar al que sabía que no pertenecía. Pasé en ese estado tres largos años de mi vida. 

Hubo una época de recesión en la que no tenía siquiera para comer y se acercaban personas a mí supuestamente para ayudarme, pero me ofrecían alcohol y yo sentía que me hundía más en ese hueco al que había caído.

Dios toca su corazón 

En febrero del 2009, uno de los amigos que frecuentaba era DJ en clubes nocturnos. El me invitó a acompañarlo a una fiesta de un grupo de jóvenes en la iglesia de San Mateo, en Hillsboro. 

Obviamente me pareció un chiste y ninguno de los otros amigos del grupo aceptó ir.  El comentario común de todos fue ¡nooo…en la iglesia no hay nada bueno!

Finalmente, decidí acompañar a mi amigo. Era un baile para recaudar fondos, organizado por el grupo de jóvenes Sal y Luz de la iglesia San Mateo. 

Esa noche conocí a Dana, la coordinadora del grupo. Ella me invitó a unirme al grupo, pero realmente no me interesaba.

Ella insistía y como me sentía muy atraído por ella, un día decidí asistir. Dana era una joven guatemalteca de 21 años, alegre y energética. 

Luego, nos hicimos novios, pero todo era bastante difícil. Pertenecíamos a dos mundos totalmente diferentes. Ella súper entregada a las cosas de Dios y yo viviendo en un mundo de fiestas y abuso de alcohol y drogas.

Así, que ella se iba a su grupo de oración y yo seguía con mis amigos de fiesta. había transcurrido como un año y medio de estar asistiendo al grupo.

Un día me puso las cosas bien claras y me dijo: Te invito a que busques a Dios porque lo que estás haciendo está mal. Si esta iglesia no te convence, busca otra, pero busca a Dios.

“Yo sabía que Marvin quería estar en el grupo por mí, pero mi corazón tenía un solo propósito: Que Marvin se enamorara de Jesús”, compartió Dana a El Centinela.

Ese fue un momento de reflexión que me ayudó a comprender que le importaba a alguien. 

En esa época el padre Pedro Arteaga era el párroco y yo tenía muchas dudas sobre la religión. Dana me sugirió que hablara con el sacerdote y me hizo una cita con él.

Ahí vino lo interesante de mi transformación, yo creía que en esa reunión iba a resolver todas mis dudas y solucionar todo; que el padre me diría ¡si claro! ¡Yo te bautizo!, ¿en qué misa quieres?, ¿este domingo?, sonríe Marvin. 

El padre me preguntó qué quería para mi vida y por supuesto, le dije que quería bautizarme porque no había sido bautizado en ninguna religión.

La respuesta del sacerdote fue que necesitaba cuatro años de formación para bautizarme. Por supuesto, casi me caigo con la respuesta.  Dana y los jóvenes del grupo intercedieron por mí para decirle al padre que yo estaba asistiendo al grupo y ya había aprendido mucho de la iglesia.

Bien, dijo el padre. Dos años y argumentó que la iglesia quiere una transformación genuina y que, además, sería un tiempo de prueba para mi fe. 

Acepté el reto de darme la oportunidad de conocer lo que la iglesia católica me ofrecía.

El curso de RICA en español no lo ofrecían en la iglesia de San Mateo, entonces, Jacinto, un catequista, venía desde el estado de Washington a impartirme las clases.

Siempre recuerdo sus palabras: Marvin, me decía, después de tu bautismo, “vas a dejar de vivir una vida ordinaria, para vivir una vida extraordinaria en Cristo”. Nunca olvidaré sus palabras.

Fueron dos años difíciles, estuve tentado a desistir en muchas ocasiones, a decir no más.

En los momentos más difíciles de mi vida conté con el apoyo del sacerdote, especialmente en esos momentos cuando me sentía confundido y atacado.

Nuestras conversaciones me ayudaron a entender el por qué al yo estar buscando un camino de rectitud, de santidad, enfrentaba esos momentos de debilidad, de tentación, ese deseo de volver a mi vida anterior.

El siempre me repetía “tienes que mantenerte firme”, y así lo hice, con toda mi fuerza de voluntad persistí. 

Algo que me motivaba mucho era que cada vez que recibía una enseñanza, aparte de esclarecer mis dudas, empecé a llenar esos vacíos de mi corazón.

Aprendí enseñanzas tan profundas. Conocí del perdón de Dios, del gran amor que El tiene por nosotros. Empecé a sentirme diferente. Dios con su amor infinito llenó todos esos vacíos que había en mi corazón.

Dios utiliza medios y personas

El puso a Dana en mi vida y pienso que, si ella no hubiera llegado a mi vida en el momento en que llegó, tal vez no sé si aún estaría en esta tierra.

Mi vida era tan desordenada, manejaba embriagado, tan inconsciente muchas veces que no sé como llegué vivo a casa.  Dios, a través de ella me sacó del abismo donde estaba. Ella fue una de las razones porque mi vida cambió.

Encontré el amor de Dios a través del Sacramento del Bautismo y también de los otros sacramentos. 

Luego me casé con Dana. Nos casamos por la iglesia, hoy tenemos una hermosa familia con dos hijos, Sadik de 6 años y Bárbara, de 2.

Servimos en la iglesia sin descuidar nuestro ministerio más importante que es nuestra propia familia. 

Mi llamado a servir

Desde mis clases preparatorias, empecé a sentir que quería compartir mi aprendizaje con miembros de mi comunidad y ayudar en la iglesia. Pero no pensé que fuera a suceder tan rápido.

Había pasado menos de un año desde mi bautismo. Un día la señora Hermelinda Soto me llamó para invitarme a ayuda con la preparación pre bautismal.

¿Quieres venir y ver cómo te parece? me preguntó, de repente, estando en la clase, algo urgente surgió y ella tuvo que irse. 

Me dejó allí dictando la clase. Hice una oración, le pedí a Dios que me guiara y El puso las palabras correctas en mi boca. Compartí con el grupo sobre la transformación de mi vida y a partir de ahí he estado ayudando en la iglesia. 

Encontré a Dios, me enamoré de El y quiero compensar en algo ese amor que El tiene hacia mi.

Hoy vuelvo la vista a mi pasado y con una sensación de victoria puedo decir “Si se puede en Cristo”. 

El sacerdote José Ugalde, M.Sp.S, párroco actual de la iglesia Santa Elizabeth Ann Setton, en Bothell, Washington, contó a El Centinela haber sido párroco en la iglesia San Mateo y haber implementado el Rito de Iniciación Católica para Adultos en español, años atrás en la iglesia San Mateo.

“Pude ver el fruto de su fe al ver a Marvin tan involucrado en el ministerio de bautismos, muy convencido de la fe y su compromiso de participar en la iglesia”, dijo el sacerdote.

Marvin recibió sus sacramentos a través de RICA y es precisamente a través de los sacramentos que la persona tiene el encuentro con Cristo y experimenta una transformación por la gracia del amor de Dios”, añadió el religioso.  

'Los sacramentos son signos visibles del amor infinito de Dios para nuestra santificación", dijo el padre.

"Marvin experimentó el amor de Dios de una manera consciente, a través del crisma, el aceite, todo eso causa un impacto fuerte en la vida. Esa gracia que es el amor de Dios, lo motivó e impulsó a compartir su transformación a través del servicio a la comunidad”, concluyó el padre Ugalde.

Nota aclaratoria de este artículo en la edición impresa, pág.16: La fecha de matrimonio es junio y la edad de Sadik es 6 años.

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