El diácono Marco Espinoza dirige la Hora Santa que dio apertura a la sesión de discernimiento del Sínodo de la Sinodalidad en la Parroquia St. Anthony, en Tigard, el 25 de febrero del 2022. Los Feligreses se arrodillan para rezar. La Hora Santa incluyó la exposición y adoración al Santísimo al igual que oración de intercesión y alabanza en comunidad mientras meditaron en las Sagradas Escrituras y las preguntas del Sínodo. (Patricia Montana/El Centinela).
El diácono Marco Espinoza dirige la Hora Santa que dio apertura a la sesión de discernimiento del Sínodo de la Sinodalidad en la Parroquia St. Anthony, en Tigard, el 25 de febrero del 2022. Los Feligreses se arrodillan para rezar. La Hora Santa incluyó la exposición y adoración al Santísimo al igual que oración de intercesión y alabanza en comunidad mientras meditaron en las Sagradas Escrituras y las preguntas del Sínodo. (Patricia Montana/El Centinela).

La primera sesión de discernimiento de la fase local del Sínodo de la Sinodalidad convocado por el papa Francisco se llevó a cabo en la iglesia St. Anthony, en Tigard, el 25 de febrero del 2022 con la comunidad de feligreses de habla hispana.

El llamado a la reflexión de los católicos ha venido sucediendo en varias iglesias de la arquidiócesis de Portland donde se han reunido para orar, escucharse, aprender los unos de los otros y discernir sobre lo que el Espíritu Santo tiene que decir a la iglesia peregrina del hoy en día.

 

Alma Isla, feligresa de la parroquia y quien actuó como moderadora de la reunión dijo sentirse satisfecha con el número de participantes.

 

Cerca de 70 personas asistieron a la reunión. “Hemos hecho un esfuerzo para apoyar a la parroquia y poder cumplir la petición del papa de escuchar a toda la iglesia”, dijo.

 

Alma explicó que Danny Rauda, coordinador para la Justicia Social de la parroquia se encargó de anunciar en las misas las preguntas con tres semanas de anticipación; una pregunta por semana y que además se tomó el tiempo para explicar cada pregunta.

 

La sesión comenzó con la Hora Santa liderada por el diácono Marco Espinoza, que incluyó la exposición y adoración al Santísimo y un tiempo dedicado a la oración de intercesión y alabanza en comunidad mientras meditaban en las Sagradas Escrituras y la lectura de cada una de las preguntas.

 

La primera lectura Juan 3, 16-17 acompañó los interrogantes de la primera pregunta: ¿Qué me llena de vida en la iglesia? ¿Cómo está obrando el Espíritu Santo en mi vida para profundizar mi fe e inspirarme a ser un mejor discípulo y testigo del amor de Cristo a los demás?

 

La segunda lectura Hebreos 10, 21-24 con la segunda pregunta: ¿como comunidad de creyentes, qué experiencias en la iglesia católica han traído alegrías o revelado heridas? ¿Y cómo estas experiencias pueden ayudarnos a crecer juntos en la fe y ofrecer la esperanza y la sanación de Cristo a la gran comunidad en la que vivimos?

 

La lectura de Juan 1, 1-4 guió en la reflexión para la tercera pregunta: como comunidad católica se nos ordena expresamente invitar a otros a una relación vivificante con Jesucristo. Cuando soñamos con la mejor manera de lograr esto, ¿qué pasos a seguir le esté dando el Espíritu Santo a la iglesia del oeste de Oregon?

 

Después de la Hora Santa, los asistentes se desplazaron al auditorio Francis del edificio parroquial y allí se dividieron en grupos. Cada grupo contó con un líder moderador de la reunión y un secretario para tomar apuntes.

 

Lupita Noyola, una de las feligresas expresó que “participar en las sesiones de escucha ha sido una bella experiencia y me siento agradecida por la oportunidad de sentirme parte de la comunidad”.

 

Al reflexionar sobre la segunda pregunta, dijo que cada persona como miembro de la iglesia debe comunicar sus expectativas acerca de lo que quiere ver en la comunidad y ser objetivo en cuanto a ver las cosas positivas y las no tan positivas de la iglesia.

 

Rosa Ramírez, manifestó que estar junto a otros hermanos expresando su voz y participar con ellos ha sido de gran enseñanza. Rosa consideró importante mantener la fe muy fuerte y permanecer a Cristo vivo en el corazón para tener la capacidad de curar las heridas y aceptar que no nos corresponde juzgar. “Debemos reconocer que Dios está siempre en la vida de cada una de las personas”, dijo.

 

Honorio Ramírez, miembro del grupo carismático de la parroquia, se pronunció acerca de la necesidad urgente de promover la unidad familiar, capacitar y fortalecer la fe en las familias católicas hispanas. “Nuestras familias necesitan mucho apoyo para conocer y fortalecer la fe. Solo así podrán enseñar y transmitir la fe a sus hijos”, expresó.  “No tenemos predicadores ni capacitación de líderes. Ni siquiera un sacerdote hispano para una comunidad que crece cada día”, afirmó.

Ramírez dijo que en la comunidad hispana católica hay un alto nivel de compromiso de los feligreses en la asistencia a misa, en la Eucaristía y en los grupos de oración.

A Danny Rauda le correspondió ser moderador de la mesa de los jóvenes y dijo estar impresionado por la madurez en la fe de los jóvenes hispanos, su nivel de compromiso y como representan la fe en el mundo.

 

Al mismo tiempo, Rauda dijo sentirse un poco desanimado debido a que no hubo tiempo suficiente ni espacio para ‘digerir’ las pregunta ya que estas resultaron difíciles de entender para los jóvenes.

 

Rauda dijo que en general los jóvenes hispanos expresaron la necesidad de más oportunidades de capacitación y retiros.

 

El diácono Marco Espinoza manifestó que el Sínodo es una idea extraordinaria iluminada por Dios.

 

“Esta es una grandiosa oportunidad de discernimiento no solo para los laicos sino para los líderes de la iglesia del Oeste de Oregon para reflexionar en cómo mejor servir a la comunidad hispana, en prestarle bastante atención a una comunidad que está en constante crecimiento y que no se le ha dado la atención que merece", dijo.

 

"La comunidad necesita tener líderes hispanos. Para mantener a los hispanos católicos comprometidos en la fe requiere una evangelización que respete su cultura, su idioma, su religiosidad en lugar de tratar de obligar a las personas con diferentes tradiciones a asimilarse al estilo americano de la iglesia", agregó. 

 

"Nuestra comunidad necesita recursos de formación, de capacitación, de atención a las familias, a los niños y los jóvenes, más sacerdotes que hablen español y oportunidades de integración para que verdaderamente sea una iglesia en comunidad", afirmó

 

 El diácono Espinoza manifestó que las necesidades de la comunidad son muy grandes. “Desearía disponer de más tiempo para brindar el servicio que merece mi comunidad hispana”, dijo al tiempo que enseñó en su celular un listado de contactos de más de 800 feligreses.

 

“Aunque pongo todo mi empeño y amor, nunca me alcanza el tiempo para cubrir tantas necesidades que con la pandemia se han multiplicado”, expresó.

 

El diácono Espinoza dijo que el Sínodo es una oportunidad para despertar y dar vida a una comunidad que sufre y ha esperado pacientemente recibir el apoyo que se merece”.

 

patriciam@ocp.org