El arzobispo emérito durante la misa del Rito de Elección en la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, en Portland, el 29 de febrero del 2020. (Joys of Life Photography/El Centinela)
El arzobispo emérito durante la misa del Rito de Elección en la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, en Portland, el 29 de febrero del 2020. (Joys of Life Photography/El Centinela)
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Por 25 años El Centinela ha puesto esa luz en palabras claras y sabias al servicio de nuestro pueblo",

" Rvdmo. Sr. John Vlazny, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Portland

Quizás ustedes recuerdan este dicho sabio: “Para mantener el equilibrio mental tengo que recordar dos cosas: primero, Dios existe; segundo, yo no lo soy”.

Mantener una relación seria e íntima con Dios es indispensable para los fieles cristianos.

La iglesia católica existe para apoyarnos en esto asunto y en nuestra responsabilidad personal de compartirlo con los demás, como misioneros discípulos de Jesucristo.

Aquí en la Arquidiócesis de Portland, por veinticinco años, El Centinela, nuestro periódico al servicio de nuestra comunidad hispana, ha sido un socio inapreciable en llevar a cabo esta meta.

En particular, este buen éxito resulta de la dedicación, el talento y las buenas obras de Rocío Ríos, que se retiró el año pasado después de veinte años como la redactora. ¡Gracias, Rocío!

Si, en el Bautismo, nos hicimos misioneros, todos, no solo los sacerdotes y los demás ministros de la iglesia.

¡Pero en el Bautismo, también nos hicimos peregrinos, caminando juntos a la gloria de los santos!

Todavía somos pecadores, pero por la gracia de Dios, todos nos hicimos hijos de Dios, hermanos y hermanas en la familia de Dios, que es la iglesia, discípulos misioneros comprometidos a construir el reino de Dios en el mundo de hoy y de mañana. Es posible, si aceptamos la ayuda de Dios por medio de su santa palabra y de los sacramentos de la iglesia.

Para hacernos buenos discípulos misioneros, profetas de esperanza, hay que unirnos con nuestros hermanos y hermanas en proclamar con humildad y confianza, “Si, somos pecadores, ¡pero Jesús es nuestro Salvador!”

Estas son las buenas nuevas de los cristianos desde el día del primer Pentecostés cuando los levanta el Espíritu Santo.

Para hacernos profetas de esperanza en el mundo de hoy, hay que unir nuestra fe con la vida pública de nuestro pueblo.

Los problemas, los desafíos y las oportunidades de nuestro tiempo son imponentes.

Hay que considerarlos, estudiarlos y discutirlos, bajo la luz de nuestra fe católica.

Por 25 años El Centinela ha puesto esa luz en palabras claras y sabias al servicio de nuestro pueblo.

Nosotros mismos, a pesar de nuestra falta de capacidad y de santidad personal, hemos escuchado los relatos del Evangelio y no nos dejarán descansar.

Las palabras de Dios arden y nos hacen sentir su fuego, como en el primer Pentecostés.

Dios ha tocado nuestras vidas por Jesu´s y nos ha invitado a ser testigos de su amor.

Es nuestro privilegio y nuestra responsabilidad, como seres comprometidos, compartir nuestra fe con nuestros parientes, vecinos, amigos y contemporáneos, los que no practican su fe católica y aquellos que no tienen relaciones ni con la iglesia ni con Dios mismo.

Cada uno de ustedes, queridos hermanos y hermanas, puede ser ministro de bienvenida, reconciliación y entendimiento para aquellos que todavía no comprenden o no admiten que son pecadores y que Dios es su Salvador.

En la providencia de Dios, en mi opinión, ustedes, los feligreses hispanos y católicos de Oregon, han tenido la capacidad extraordinaria para ser buenos discípulos misioneros en este tiempo y en este lugar.

¿Por qué digo yo esto? ¿Por qué?

Porque los valores importantes y tradicionales del pueblo hispano los equipan tan bien para esta misión.

¿Cuáles son estos valores? Aquí están:

1 Respeto profundo por la dignidad de cada persona, imitando el ejemplo de Jesucristo en los evangelios;

2 Amor por la vida en la familia; se manifiesta en el cariño que todos tienen para los padres, los abuelos, los tíos, los niños;

3 Una experiencia viva de la comunidad que celebra la vida con muchas fiestas;

4 Un aprecio singular de los dones de Dios, ¡particularmente el don de LA VIDA, que se saborea sin preocuparse tanto del día ni de la hora – los hispanos creen en el mañana!

5 Devoción especial a María, la Madre de Dios, particularmente aquí bajo su título como la Virgen de Guadalupe. 

Para cumplir con nuestra misión evangelizadora, como discípulos misioneros de Jesu´s y de su iglesia católica, Dios nos envía a las fronteras de nuestra comodidad – a todos nuestros vecinos, a los extranjeros, a los indocumentados, a las víctimas de la opresión de cualquier forma, aún a nuestros enemigos.

Esta misión incluye: palabra, sacramentos, servicio, todos compartidos como los frutos de nuestra experiencia de la comunidad con Dios y con todos nuestros hermanos y hermanas. 

Hacernos discípulos misioneros no es solo una llamada aislada e individual a la conversión, sino una invitación a pertenecer al pueblo de Dios en la comunidad que se llama nuestra iglesia católica.

La Arquidiócesis de Portland es grande, desde las fronteras del estado de Washington a las fronteras de California.

Pero somos una familia, la familia de Dios, llamados por el Señor para proclamar la buena nueva y construir el reino de Dios.

Por veinticinco años El Centinela ha sido uno de los vínculos que nos unió y fortaleció como buenos discípulos misioneros, caminando juntos hacia la gloria bajo el estandarte de nuestra Madre, la morenita de Tepeyac. 

¡Muy agradecido con el equipo de El Centinela por los veinticinco años de servicio en apoyo de nuestra misión evangelizadora!

Con orgullo y placer camino cantando en este júbilo, juntos con todos mis compañeros dignos e iguales de la comunidad hispana, 

“Ven con nosotros a caminar, Santa María, ven; ven con nosotros a caminar, Santa María, ¡ven!”