El grupo de danzantes, fieles devotos y miembros de la Congregación de Siervos de María se dirige en procesión, desde la plaza del Santuario “The Grotto”, llevando una imagen de la Virgen, hacia la Capilla Santa María, el 12 de diciembre del 2020. (Foto Patricia Montana/El Centinela).
El grupo de danzantes, fieles devotos y miembros de la Congregación de Siervos de María se dirige en procesión, desde la plaza del Santuario “The Grotto”, llevando una imagen de la Virgen, hacia la Capilla Santa María, el 12 de diciembre del 2020. (Foto Patricia Montana/El Centinela).

Cerca de 80 fervientes católicos desafiando la fría oscuridad del amanecer del 12 de diciembre llegaron al Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Dolores, “The Grotto”, en el noreste de Portland, para saludar y rendir honores a Nuestra Señora de Guadalupe.

Este año, los homenajes a la Virgen de Guadalupe se vieron limitados, debido a las medidas de restricción de la gobernadora Kate Brown, en un intento por contener la propagación de contagios ante el brote de una nueva ola del virus Covid-19.

El Rev. Fraile Vidal Martínez, OSM., Rector del santuario, saludó a la audiencia reunida en la plaza, dio la bienvenida y agradeció la presencia de los fieles al dar inicio a la celebración en honor de Nuestra Señora de Guadalupe.

Mañanitas a la Virgen

La serenata de cánticos a la virgen estuvo a cargo de la hermana oblata Mónica Zermeño, quien, con sus dotes musicales, tocó la guitarra y deleitó a los asistentes con su melodiosa voz. Le acompañaron Edgar Méndez y Ludwing Vega junto con las voces de Sandra Ramírez y Elodio Rubio. El coro también amenizó la celebración litúrgica en la Capilla Santa María del Santuario. 

Una danza de oración 

Los sonidos del tambor, el caracol y mandolinas concha de armadillo retumbaron frente a la imponente gruta en el silencioso y apacible santuario, que con el aroma del copal flotando en el ambiente, indicaron el ritual de purificación y apertura pidiendo permiso en las cuatro direcciones, al dar comienzo a la ofrenda de oración y alabanza de los danzantes del grupo Ome Iztacuauhtli.

Engalanados con su atuendo ceremonial, copil de plumas en la cabeza y maracas de ayoyotes en los pies, Ome Iztacuauhtli estuvo allí, frente a una imagen de la Virgen Morena, para recordar el pasado azteca y mestizo de México.

“Ome es dos en Náhuatl, significa la dualidad de los dos géneros y Iztacuauhtli quiere decir águila blanca”, dijo Oscar Miranda, oriundo de Irapuato, Guanajuato, quien junto a su esposa Susana Rebollo, de Cuernavaca, Morelos, dirigen el grupo. 

“Nuestra danza es una ofrenda de amor y gratitud a Dios y a la Virgen, es individual y grupal a la vez”, dijo Oscar. “Entregamos lo mejor de cada uno física, mental y espiritualmente”, añadió. 

Oscar explicó que siempre estará agradecido por el milagro de la sanación de su esposa, quien a los 26 años fue diagnosticada con cáncer mamario. “Fueron años de tratamiento con radiación, pero también años de fe, ceremonias, oración y alabanza. Ahora ella está totalmente sana y libre de cáncer”, expresó.

En un derroche de música, movimiento, entusiasmo y energía, el grupo de danzantes, fieles y miembros de la Congregación de Siervos de María se dirigió en procesión tras la imagen de la Virgen, hacia la Capilla Santa María. 

El sonido de los tambores volvió a retumbar en la Capilla. “El golpeteo del instrumento se entrelaza con los sonidos de nuestro corazón” dijo Susana, quien entró a la capilla llevando la urna con copal.

“El copal representa el fuego y el calor del corazón, el calor del hogar que lleva la mujer siempre”, dijo.

“Mi fe es muy grande y la danza me llena el espíritu, es una forma de vida, es oración y gratitud a Dios y a la Virgen por la vida y todo lo que nos da. Es también la oportunidad de honrar nuestra identidad y herencia cultural”, dijo Susana. “Nuestra hija Jade Huitziquetzalli hace parte del grupo porque queremos transmitirle nuestra herencia, fe y tradiciones”, añadió Susana.

Susana expresó en nombre del grupo y la comunidad su gratitud con la iglesia por “permitirnos alabar a la Virgen, y aceptar y validar nuestra cultura e identidad”, dijo.

La celebración Eucarística 

El Rev. Vidal Martínez, OSM, dio inicio a la celebración Eucarística, invocando la intercesión de María con el rezo del Ave María. 

“Te damos gracias a ti Dios Padre Celestial por la presencia de la Virgen entre nosotros”, dijo el padre Vidal Martínez al comenzar su homilía.

“Presencia en la que ha cumplido lo que dijo a Juan Diego cuando se le presentó por primera como Madre de Dios por quien se vive, le expresó su deseo de mostrar y dar todo su amor y compasión, su auxilio, su ayuda, su defensa, recordamos sus palabras: Juanito, el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, madre del verdadero Dios por quien se vive, deseo vivamente que se me construya aquí un templo para poder mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y que confíen en mí”, dijo el presbítero.

“María vino para dar todo su amor durante toda su existencia en la tierra”, agregó, citando el Evangelio de San Lucas 1, 39-48 que hace referencia a la visita de María a su prima Isabel cuando dos madres portadoras de vida se encuentran, mujeres bendecidas por Dios en la fecundidad, a través de las cuales llegará la bendición al mundo.

“Así se ha mostrado la Virgen de Guadalupe, en México y en todas partes del mundo, dando siempre a conocer su amor, su misericordia, su auxilio”, continuó.

“Como madre ha mostrado su amor y se ha compadecido siempre, sobre todo de los pobres, de los enfermos, de los migrantes; ha sido su auxilio en los momentos de necesidad, en los problemas y dificultades que bien sabemos, no faltan en nuestras vidas de cada uno de nosotros”, destacó el religioso.

“Ella se ha convertido en defensa nuestra en toda situación”, dijo.

El padre Martínez explicó que en la Virgen se aplica lo que dice la primera lectura de hoy del libro del Eclesiástico, de que Ella es la madre del amor. 

“La compasión consiste en que nos compadezcamos con las personas que sufren”, continuó. 

“Compadecer significa hacer propia la situación de otra persona que está sufriendo o tiene una necesidad y de compartir y sufrir con esa persona y ayudarle a llevar su carga”, indicó.

“Eso es la verdadera compasión, en la cual tenemos gran ejemplo en nuestra Madre María que nos demuestra con su ejemplo, nos enseña e inspira a ser compasivos los unos con los otros”.

"La Virgen María padeció con José y Jesús en toda su vida y la recordamos muy especialmente en este Santuario de La Dolorosa".

"María al pie de la cruz de su hijo, en su compasión, en su amor, en su dedicación con el resucitado, con el que sufre, estuvo ahí al pie de la cruz de su hijo".

"Igualmente, la Virgen se ha compadecido de todos los necesitados como cada uno de nosotros tal como lo hemos experimentado”, dijo.

"En estos tiempos de la pandemia que estamos sufriendo, de tanta inseguridad y sufrimiento, María Madre de Guadalupe se compadece de nosotros, nos anima y nos consuela".

Por eso nos unimos a la oración de Isabel su parienta que la llama a ella: “Bendita entre todas las mujeres, además del niño que lleva en sus entrañas: “Bendito es el fruto de tu vientre”. 

“Hoy reunidos aquí para celebrar esta Eucaristía le damos gracias a Dios por el testimonio de María de Nazaret y por su presencia como Madre de Guadalupe entre nosotros”. 

"Hoy también se ofrece la oportunidad de renovar nuestro compromiso de ser servidores, tarea que recibimos desde el día de nuestro bautismo”. María nos inspira a como ella lo es con nosotros, lo seamos también los unos con los otros”, exhortó. 

“El cuerpo de Cristo que recibimos aquí en la misa, la Comunión, Cristo que nos nutre, nos fortalece, nos ayuda para que podamos amar como María nos enseña a amar, a compadecernos con los pobres, los necesitados, los que sufren, a querer ayudarlos, a reintegrarlos a la iglesia, a la sociedad, a defenderlos en nuestras comunidades”, señaló.

“Vivir esta dimensión en el servicio de la Virgen María de Guadalupe es un modo de nosotros de realizar la misión de la iglesia que no se limita a anunciar el Evangelio o celebrar la Eucaristía sino a salir como miembros de la comunidad a vivir el amor, el auxilio, la defensa con los más necesitados, los más pequeños con el ejemplo de la Virgen con el más pequeño, Juan Dieguito”, concluyó.

patriciam@ocp.org