El diácono Montoya en las afueras de la Abadía de Nuestra Señora de Guadalupe, en Lafayette, Oregon.(Foto: Ed Langlois de Sentinel Catholic)
El diácono Montoya en las afueras de la Abadía de Nuestra Señora de Guadalupe, en Lafayette, Oregon.(Foto: Ed Langlois de Sentinel Catholic)

LAFAYETTE, OR. — El diácono José Montoya mira fijamente con horror. ¿Qué tal si ese puñetazo violento y sorpresivo hubiera pegado en la cara de un monje mayor en vez de la suya? Ese tipo de puñetazo hubiera podido matar a un hombre más frágil. Y ¿qué tal si el atacante hubiera portado un cuchillo o una pistola?

El diácono Montoya, permanentemente asignado a la iglesia de St. Peter en Newberg, es el administrador del edificio del monasterio Our Lady of Guadalupe Trappist abbey, en la ciudad de Lafayette. Una mañana del mes de julio, mientras supervisaba a unos jardineros cerca de la iglesia, él y los empleados observaron que un hombre grande y musculoso entraba a la Casa de Oración, como docenas de fieles lo hacen todos los días. No había pasado mucho tiempo cuando el visitante empezó a caminar en silencio detrás del diácono Montoya. Este, al notar la presencia del extraño se volteó y justo en ese momento el hombre lanzó un puñetazo. El puño chocó con la ceja izquierda del diácono quien por el golpe perdió el equilibrio. El atacante, de 31 años no corrió, sino que se mantuvo firme con actitud desafiante. En reacción natural, el diácono de 52 años levantó sus manos para defenderse y pidió al atacante que se explicara. El diacono quiso empujar al hombre para controlarlo y terminó cayéndose. Inmediatamente el atacante empezó a patear al diácono furiosamente.

Cuando el diácono Montoya se levantó, el hombre corrió para esconderse en un edificio de la parroquia que usualmente alberga a huéspedes.

“Tu instinto es, ¿‘Oye que está haciendo este hombre? No voy a permitir que él entre a cualquier lugar para esconderse”, afirmó Montoya.

El diácono lo persiguió y lo acorraló contras unas matas. Finalmente, los jardineros acudieron para ayudar y lograron detener al atacante. El hombre recibió una golpiza y él gritó en español que el diablo lo mandó a lanzar unos puñetazos.

El diácono Montoya logro aprehenderlo y controlarlo con una mano mientras usó la otra para llamar a la policía. En nueve minutos, cinco patrullas del sheriff del condado de Yamhill aparecieron.

Los oficiales inmediatamente reconocieron al intruso como Milton Martínez Carmona, un residente de Dayton quien posee un record de antecedentes judiciales largo.

Él asaltante estaba en libertad condicional porque en el 2017 fue el objeto de una persecución de alta velocidad sobre una calle en construcción. Recientemente, rompió los vidrios de la casa de sus padres con una tubería de metal y fue condenado por manosear a unas trabajadoras de McDonald’s en Newberg. Carmona, quien tiene una historia de no presentarse a la corte, parece sufrir de enfermedad mental y adicción a las metanfetaminas.

Por el ataque, Carmona fue acusado con un delito menor de agresión.

“De alguna manera estoy contento de que yo fui el atacado”, afirmó el diácono Montoya. “Tenemos tantos voluntarios, adultos mayores que vienen a retiros, monjes mayores. ¿Qué tal si hubiera golpeado a uno de nuestros hermanos, uno de los sacerdotes? Eso hubiera sido devastador”.

Algunos en las redes sociales han criticado al diácono Montoya, diciendo que él ha debido poner la otra mejilla como enseñó Jesús. Por otro lado, muchos le han hecho burla de forma admirable, llamándolo “el Diácononador”. Mientras tanto, el se toma todo con calma. Es un hombre amable y sus reacciones defensivas lo preocupan, aunque sabe que hizo lo correcto ante esas circunstancias.

“Mi reacción fue diferente de lo que se espera de un diácono, como un hombre de la iglesia”, dijo él. “Siento que no he debido reaccionar de esa forma. El es más fuerte que yo. La adrenalina solo subía”.

Por las dos primeras noches después del ataque, él no podía dormir, perturbado por el recuerdo.

El diácono Montoya quiere que la gente sepa que no tenía ninguna intención de hacerle daño a Carmona, solo dominarlo para garantizar la seguridad de los demás. “En realidad, mi intención era protegerme y quería parar la amenaza”.

Reflexionó en el consejo de Jesús en dar la otra mejilla. “Se que Jesús lo haría porque él es perfecto, pero yo no soy perfecto”, dijo él.

La noche del ataque, se acomodó como de costumbre junto a su esposa para rezar juntos. Rezaron especialmente por Carmona.

El Diácono Montoya es de una familia grande con cinco hermanos y peleaba mucho en su infancia. Pero nunca le habían golpeado tan fuerte. El ataque fue muy discordante para él porque la iglesia es un lugar en el que muchas personas están buscando la paz sagrada.

“La rapidez de reflejos y reacción fuerte resultó ser una solución segura para enfrentar el conflicto del diácono José, especialmente para proteger a quienes estaban en la iglesia”, dijo diácono Brian Diehm, director de The Office for the Diaconate at the Archdiocese of Portland (la oficina para el diaconato de la arquidiócesis de Portland)

“Un buen pastor ama, sirve y entrega su vida por su rebaño”.

Pero él también tiene que proteger el rebaño de los lobos”, dijo el obispo auxiliar Peter Smith. “El diácono Montoya entró en acción para protegerse no solo a sí mismo sino también a los visitantes de la abadía y los monjes que habitan allí”.

El diácono no quiere ser llamado un héroe. “Creo que estaba cumpliendo con mi trabajo: proteger mi propiedad y las personas en ella”, dijo él.

El ataque del primero de julio fue un cambio violento en una serie de eventos ocurridos durante dos años en el monasterio, distante 2,5 millas de la autopista 99. Algunos pasajeros buscan establecerse en el parqueadero, uno en un camión rentado y robado, algunas personas con enfermedades mentales han deambulado dentro de la iglesia. Un vándalo entró a un confesionario y marcó las paredes y una biblia con grafiti.

Los monjes tienen un agudo sentido de hospitalidad y no hacen escándalos sobre los asuntos que les preocupan. Sus tierras de 1.300 acres están abiertos a los senderistas, tantos como cincuenta por día. Pero el diácono Montoya dijo que algunos visitantes necesitan aprender a respetar pues dejan basura y excrementos de sus mascotas.

Los cazadores furtivos también vienen a cazar en sus tierras, y algunos pistoleros disparan a los anuncios.

A partir del ataque, se iniciaron conversaciones en la parroquia con el fin de mejorar la seguridad.

edl@catholicsentinel.org