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“ Regresa a este gran sacramento y recibe el regalo de la Misericordia Divina”,
" Rvdsmo. Sr. Alexander Sample

El arzobispo Alexander Sample, durante la homilía en la Misa del 19 de abril, explicó a los fieles cómo hacer una Confesión e invitó a los católicos a participar en el sacramento, el cual dijo, trae inmensa alegría y paz.

 

“Regresa a este gran sacramento y recibe el regalo de la Misericordia Divina”, dijo el arzobispo Sample durante la Misa de la Divina Misericordia, transmitida desde la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, en el Noroeste de Portland, el domingo 19 de abril del 2020.

El arzobispo dijo que el proceso de la confesión, pese a que su poder es inconmensurable, en realidad es sencillo.

 

Primero, el penitente tiene que sentir y expresar dolor real, idealmente por la falta del amor de Dios. Debe haber un firme deseo de cambio y no volver a pecar, a pesar de que se den cuenta que van a pecan otra vez. 

 

Segundo, el penitente debe decir sus pecados en voz alta. Satanás preferirá que la gente se mantenga atrapada en la culpa y la negación, dijo el arzobispo. “Hay un gran poder en decir el pecado directamente y en voz alta, Satanás pierde su poder sobre nosotros”, dijo el arzobispo, al explicar que la franqueza nos arroja a los brazos misericordiosos de Dios.

 

Por último, el penitente acepta cumplir un pequeño acto — la penitencia dada por el sacerdote— que representa ante Dios el deseo de cambiar. Puede ser una oración o una obra de misericordia. 

 

El arzobispo dijo que la Confesión, — llamada también el Sacramento de Penitencia o Sacramento de la Reconciliación— fue dado a los apóstoles por Jesús cuando se les apareció el Día de la Resurrección. Jesús dijo a los apóstoles que a quienes perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes se los retengan, les serán retenidos. Era una forma en que la iglesia podía continuar la obra de Dios.

 

El admitió que la gente puede pensar que puede pedir directamente a Dios el perdón, o quizá pueden sentirse avergonzados al pensar en decir sus pecados al sacerdote. Pero Jesús en sus evangelios, claramente estableció el sacramento y ninguna otra cosa quita esos dolores tan bien, dijo.

“Es la misericordia de Dios derramada por nosotros en su hijo Jesucristo”, dijo el arzobispo.  El advirtió a los espectadores que las cosas mundanas no otorgan la verdadera paz. Solo Dios puede hacerlo.

 

“Hay perdón. Misericordia. Es abundante”, dijo el arzobispo. “Es eterna y está esperando por nosotros en el sacramento”. 

 

En la tarde, después de la Misa, el arzobispo dirigió la Hora Santa de la Divina Misericordia. De rodillas ante la Sagrada Eucaristía, leyó las oraciones de la religiosa polaca Santa Faustina Kowalska a quien Jesús reveló el mensaje de misericordia para el mundo en 1930. El arzobispo lideró el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia cantada.