Matías con sus tres hijos Aarón, Adán y Adrián observan las ruinas de su vivienda en Phoenix, tras el paso del incendio Almeda, el 8 de septiembre de 2020. (Cortesía Matías Méndez).
Matías con sus tres hijos Aarón, Adán y Adrián observan las ruinas de su vivienda en Phoenix, tras el paso del incendio Almeda, el 8 de septiembre de 2020. (Cortesía Matías Méndez).

MEDFORD — Aarón Méndez, un estudiante de ingeniería civil de 19 años matriculado en la Universidad Estatal de Oregon, tenía una reunión en Zoom el 8 de septiembre en su casa familiar en Phoenix. Aarón no sabía que las llamas se estaban desplazando hacia el norte, a lo largo de la autopista 99 en donde se encontraban él y sus hermanos menores.

Su madre, Sonia, estaba en México en un funeral familiar. Aarón estaba en contacto con su padre, Matías, superintendente de servicios públicos en Phoenix. Padre e hijo sabían de un incendio a cierta distancia al sur y estaban en alerta para la orden de evacuación, pero la llamada oficial no había llegado. En su lugar, una amiga de la familia llamó urgiéndolo a salir rápido.

“Ninguno de nosotros sabía que el incendio estaba moviéndose tan rápido”, dijo Aarón.

Matías corrió a casa. En ese momento, en sus mentes solo estaba la familia, por lo que inmediatamente contactaron al abuelo, residente en Talent y trabajador agrícola que transporta peras desde muchos de los cultivos de la región.

Matías comenzó a conducir para encontrar al patriarca, pero la policía lo devolvió. La autopista 99 sur estaba cerrada, con todos los carriles repletos de vehículos dada la cantidad de personas evacuadas yendo hacia el norte.

A regañadientes, Matías se dio la vuelta. Mientras regresaban a Phoenix, los hombres Méndez vieron cuan destructivo era el incendio.

Matías, debido a su trabajo, estaba obligado a revisar las bombas de agua de la ciudad. Puso a Aarón a cargo de recoger pertenencias de la casa. En 10 minutos, Aarón y sus hermanos, Adán y Adrián, recogieron los álbumes de fotos y computadoras. Matías regresó y encontró documentos en la caja fuerte de la familia. Adrián, de 9 años, recogió a las mascotas; los perros Oso y Lilly y cuatro peces.

En la urgencia por salir, Adrián vació agua de la pecera y puso los pescados en una sartén. No pudo salvar su bicicleta y está sintiendo la pérdida de su transporte favorito.

Uno de los últimos objetos que salvaron: una imagen de 3 pies de altura de la Virgen de Guadalupe. La familia son devotos miembros de la Parroquia del Sagrado Corazón.

Los Méndez confirmaron que el abuelo en Talent estaba a salvo.

Entonces Matías regresó a su trabajo. En sus hombros estaba una responsabilidad muy grande; el cuidado de la ciudad, garantizar el agua para los bomberos y la comunidad al igual que ayudar a otros ciudadanos a evacuar. Encargó a Aarón de llevar a sus hermanos al norte de Medford a la casa de los otros abuelos.

Aarón llamó a su madre por teléfono a México para informarle lo que estaba pasando. Además de llorar a su abuelo, ahora temía por su casa. El consejo a su hijo: "Podemos reemplazar las pertenencias, pero no las personas".

Todo el mundo estaba preocupado por Matías, quien es fiel a su trabajo en Phoenix. Pero entonces el jefe de bomberos les dijo a todos los trabajadores que se fueran. Gran parte de la ciudad iba a quemarse.

La casa de los Méndez era sencilla pero acogedora. El patio trasero incluía una bodega ordenada y un gran patio con luces blancas porque a la familia le gusta recibir visitas y compartir tiempo con amigos.

Para Sonia, una catequista parroquial, anfitriona y voluntaria omnipresente, había sido difícil renunciar a las reuniones durante la pandemia. Ahora no tiene dónde dar la bienvenida a la gente.

“Me gusta servir a la comunidad”, dijo secándose las lágrimas. Ahora la comunidad está ayudando a su familia, lo cual es incómodo, pero a la vez maravilloso.

“Siento el amor de la gente”, dijo Sonia. “Dios nos ha fortalecido mucho”. La casa estaba asegurada y la familia tiene la intención de construir nuevamente en la propiedad.

Aarón, extraña su hogar, pero reconoce que muchas familias están en peor situación. "Me siento mal por ellos", dijo.

La familia Méndez por ahora se está hospedando donde unos amigos en Ashland.

edl@catholicsentinel.org