“Y aquí estoy”, dijo Alvarado, describiendo su vida en el seminario Mount Angel. “No podría estar más feliz”. (Cortesía Marcos Alvarado).
“Y aquí estoy”, dijo Alvarado, describiendo su vida en el seminario Mount Angel. “No podría estar más feliz”. (Cortesía Marcos Alvarado).

Marcos Alvarado ríe con facilidad, con ese tipo de risa que invita a otros a reír con él. También reza fácilmente — igual, de una forma que invita a otros a rezar con él.

A sus 31 años, en entrevista a través de Zoom, explica que está encantado en el seminario de Mount Angel, estudiando para la arquidiócesis de Portland, tras vivir en Eugene después de mudarse de Ecuador con su mamá, cuando cursaba su último año del bachillerato.

“Nos llamamos los ancianos”, dijo, refiriéndose al grupo de seminaristas adultos jóvenes con experiencia en el mundo laboral. “El trabajo te madura, te enseña a desarrollar habilidades para la vida”, agregó. “Una vez que experimentas cómo es la vida laboral, no quieres que nadie sufra”.

“Todo comenzó en Ecuador”, dijo Alvarado acerca de su vocación.

Dos semanas antes de venir a Oregon, asistió a un retiro para jóvenes. El sacerdote les preguntó si alguna vez alguno de ellos había considerado el sacerdocio. Por si ese fuera el caso, de todas formas, él los invitó a participar en el retiro.

Eso no era el caso de Alvarado, sin embargo, dos amigos lo convencieron de asistir. 

“Me encantó”, recordó Marcos. “Quería ser sacerdote”. 

Pero entonces, la mudanza a Estados Unidos volvió su vida al revés. “Mi prioridad se convirtió en aprender inglés”, dijo.

La madre de Alvarado, profesional de odontología en Ecuador, se esforzó y luchó por aprender el inglés, pero después de cuatro años regresó a su país donde su hijo mayor y su familia, incluyendo su nieto de cuatro años la esperaban.

Alvarado se quedó en Eugene.

Pensó en la universidad, pero el dinero era escaso.

Trabajó en la fabricación de tiendas de campaña para bomberos, en el distrito escolar apoyando la conexión entre padres y escuelas, en una compañía de limpieza; primero limpiando y luego como supervisor, decidido a tratar a los trabajadores mejor de lo que un supervisor anterior los había tratado.

“Es humillante”, dijo Marcos sobre algunas de sus experiencias laborales. Sin embargo, “es formativo, te permite conocer cómo es la vida”.

El motivaba a cada miembro de su equipo de limpieza en parte pasando tiempo con ellos, algo que una mujer declaró profundamente sospechoso. Estaba convencida de que tal vez había hecho algo malo y que Alvarado quería atraparla haciéndolo de nuevo.

“Ella no podía entender la idea de que un supervisor viniera a ayudar", dijo. “Pero yo estaba tratando de poner a Cristo en mi trabajo”.

Se ofreció como voluntario con el grupo de jóvenes en la parroquia de Santa María. El Padre Ron Nelson, pastor de la iglesia, al igual que el sacerdote en Ecuador, lo animó a considerar el sacerdocio.

“No tengo el dinero”, pensó Alvarado.

Un amigo, el director del coro en español de la iglesia, al igual que sus amigos en Ecuador, lo convenció sin embargo de asistir a un retiro vocacional.

“No quería ir solo”, dijo Alvarado. 

Pidió tiempo libre de su trabajo, sabiendo que la respuesta sería “No”.  “Por primera vez, le dijeron que sí”, recordó sonriendo. 

En el retiro, el arzobispo Alexander Sample añadió a su motivación.

“¿Qué te impide ir al seminario, Marcos?”, preguntó, indicando que había conocido a Alvarado desde hacía algún tiempo y Alvarado no se había movido en ninguna dirección.

Nuevamente, pensó Alvarado, que aún no tenía el dinero. No sólo eso, sino que tenía deudas, después de haber visitado a su familia en Ecuador. 

El arzobispo Sample y otras personas le explicaron que los patrocinadores le apoyarían para ingresar al seminario. 

Marcos estaba impresionado, pero no quería ingresar al seminario con deudas.

El preguntó si la arquidiócesis podría esperar mientras él terminaba de pagar.

Tres años más tarde, la deuda estaba pagada y Alvarado incluso tuvo suficiente para ir de visita a Ecuador.

Uno de los amigos con los que asistió al primer retiro vocacional le preguntó, “entonces, ¿cuándo vas a ingresar al seminario Marcos? ¿Recuerdas cuando fuimos al retiro? ¿Qué es lo que te detiene?”.

Su amigo le confesó a Marcos que, aunque se sentía contento y enamorado de su esposa y la familia que había formado, siempre se preguntaba cómo hubiera sido su vida si hubiera ingresado al seminario.

Alvarado se dio cuenta enseguida que necesitaba asegurarse de verificar sus opciones.

Al regresar a Portland, le envió un mensaje al padre Jeff Eirvin, director de vocaciones de la arquidiócesis.

“Estoy completando la solicitud ahora mismo”, escribió el joven. 

“Y aquí estoy”, dijo Alvarado, señalando hacia su habitación, el seminario y monasterio en la cima de la colina y más allá”.

“No podría estar más feliz”. El estudiante casual de bachillerato que había sido quedó atrás. 

"Estas leyendo otra vez”, le pregunta la gente. “Me encanta”, dijo. “estoy estudiando lo que quiero estudiar”.

Alvarado se emociona por la bendición de Dios y su perfección en todo”.

“Algunas veces fantaseo que quiero entregar mi vida a Cristo. Y es tan sencillo llegar a comprenderlo”.

Luego él sugiere una oración: la mejor manera de finalizar una buena conversación y dar la bienvenida a lo que sigue”.

Amén.

kristenh@catholicsentinel.org