El padre Miguel Angel Figueroa, sacerdote vicario de la iglesia Santa Ana, concelebra la misa con el padre José Luis González, párroco con ocasión de su 25 aniversario sacerdotal. (Cortesía Virginia López).
El padre Miguel Angel Figueroa, sacerdote vicario de la iglesia Santa Ana, concelebra la misa con el padre José Luis González, párroco con ocasión de su 25 aniversario sacerdotal. (Cortesía Virginia López).

El padre Miguel Angel Figueroa Farías, sacerdote vicario de la parroquia Santa Ana, en Gresham celebró su vigésimo quinto aniversario sacerdotal el 31 de mayo de 2022 con una misa concelebrada con el padre José Luis González, párroco.

 

“Por gracia de Dios nací en una familia muy católica.  Mi papá perteneció al movimiento Cursillos de Cristiandad y nos gustaba ir con él a la Hora Santa y a las convivencias de los cursillistas”, dijo el padre Miguel.

 

El cuarto en una familia de siete hijos, el padre Miguel Angel creció en Apatzingán, Michoacán y desde muy niño sus padres lo llevaban a misa a la parroquia Nuestra Señora de Fátima.

 

“Mi mamá fue quien más nos dio la formación cristiana y en la familia había un sacerdote y catequistas”, contó el padre Miguel a El Centinela.

 

El sacerdote Rogelio Orozco, primo de su mamá, fue un ejemplo de entrega y amor a Dios y al prójimo muy cercano que sirvió de inspiración al padre Miguel para su vocación sacerdotal.

 

“Fue el padre Orozco quien me sirvió de padrino y me impuso las vestiduras sacerdotales en mi ordenación”, dijo.

 

Otro modelo cercano fue la hermana Guadalupe Moreno, religiosa que sirvió no solo de mentora al padre Miguel, sino que también le ayudó con la consecución de becas y auxilios educativos para pagar los costos del seminario.

 

El padre Miguel también contó con la generosidad de personas como María de Jesús Aguilar Larios, quien le patrocinó los gastos para sus estudios.

 

Estudió en el seminario menor de Apatzingán en Michoacán, diócesis de Apatzingán. Luego en el Seminario Conciliar San José de la diócesis de Cuernavaca.

 

Sus estudios incluyen dos diplomados en acompañamiento espiritual en la ciudad de México, uno con la orden de los sacerdotes carmelitas y el otro en la Universidad Pontificia de México.

 

El padre Miguel expresó que de niño siempre lo llevaban a la iglesia, pero luego “cuanto sentí la inquietud más fuerte del llamado de Cristo, empecé a ir a misa todos los días, a veces dos veces en el día. Iba a una parroquia en la mañana y a mi parroquia en la tarde”.

 

El sacerdote dijo que acudió por primera vez a un curso de orientación vocacional a los 12 años y con frecuencia se preguntaba qué era lo que Dios quería para él; si formar una familia o el sacerdocio.

 

El punto de inflexión llegó mientras cursaba sus estudios en la escuela Conalep. Una cortada en un pie, la muerte de un compañero de estudio en un accidente de moto y uno de los temblores más fuertes en la ciudad de México ocurrido en 1985, llevaron al adolescente Miguel Angel a cuestionarse si estaba respondiendo al proyecto que Dios tenia para él.

 

“El reflexionar en que la vida se va muy pronto y su deseo de estar más cerca de Jesús, de seguirlo y trabajar por el reino me llevaron a tomar la decisión de ingresar al seminario a la edad de 17 años”, dijo.

 

Primero tres años en el Seminario Menor y luego siete en el Seminario Mayor de Cuernavaca. La ordenación fue el 31 de mayo de 1997 en Cuernavaca.

 

El padre Miguel expresó que uno de los grandes retos fue, “como lo es para muchos, abrazar el celibato y no pensar en formar una familia, sobre todo cuando no sabe uno si va a poder cumplir con todo lo que implica el compromiso del sacerdocio ministerial”, dijo.

 

El sacerdote manifestó estar agradecido por su vocación la cual considera un gran regalo que Dios que ha disfrutado desde el momento en que ingresó al Seminario con las alegrías de ir alcanzando metas hasta llegar hasta la ordenación diaconal y luego la ordenación sacerdotal. “Somos discípulos e instrumentos de nuestro señor Jesucristo en los cuales Dios me ha concedido por 25 años todo su amor y su misericordia”, afirmó.

 

“Creo que esta vocación fue lo mejor que me pudo pasar a mí. Siento que en verdad vale la pena dedicar la vida a Cristo. Por eso me gustaría que muchos jóvenes hicieran la misma elección”, dijo.

 

El sacerdote animó a los padres de familia a fortalecer la formación cristiana al seno de sus familias. “Que los niños conozcan del amor de Dios y tengan el ejemplo de sus padres de estar cerca de Dios al asistir a misa todos los domingos”.  

 

El presbítero expresó sus agradecimientos al obispo de Cuernavaca Ramón Castro por permitirle venir a la arquidiócesis de Portland. También al arzobispo Sample, al padre Todd Molinari al padre José Luis Gonzáles y todos sus compañeros sacerdotes de Portland por la oportunidad de servir desde hace cuatro años en la parroquia de Santa Ana en Gresham.

 

Virginia López, feligresa de la parroquia, expresó felicitaciones y agradecimientos al padre por su ministerio sacerdotal.

 

“El padre Miguel es un ejemplo de servicio y amor a Dios al venir a este país y servir a nuestra comunidad. Estamos muy agradecidos porque sacerdotes como usted hacen de la iglesia católica un lugar mejor”, dijo.

 

El padre Miguel envió un saludo y bendición para la comunidad hispana católica de Oregon.

 

“Deseo con todo el alma que sigamos caminando juntos, creciendo en la fe y cumpliendo con mucho ánimo los mandamientos de Dios para un día reunirnos todos a gozar de Dios en el cielo. Dios bendiga y proteja siempre a cada uno de todos ustedes. Un abrazo en Cristo”.

 

patriciam@ocp.org