Hay quienes tienen la idea errada de que aquellos que desean una experiencia elevada de la sagrada liturgia quieren que el tiempo se devuelva a los años 1950`s. Esto no es así. Mi opinión es que podemos conseguir una experiencia más reverente, hermosa y llena de oración en la liturgia, simplemente aplicando las normas universales actuales y las directrices adoptadas por la Iglesia después del Concilio Vaticano II.

Sin embargo, esto implica cambiar y todos sabemos que para la mayoría de nosotros esto es difícil. También puede significar que debemos admitir que hemos estado haciendo algunas cosas de forma incorrecta, de pronto por muchos años, y reconocer esto requiere de la buena y anticuada humildad Cristiana.

Recientemente, El Papa Francisco dijo ante la junta plenaria de la Congregación para la Alabanza Divina que “la liturgia no es el  lugar de hacerlo uno mismo, sino la Epifanía de la comunión eclesial”. Una de las características grandiosas de ser Católico Romano es que seguimos la enseñanza universal de la Iglesia y nos conformamos en deferencia humilde a sus leyes y normas; no somos llaneros solitarios.

Ser católico significa que nos adherimos a ciertos conjuntos de creencias y enseñanzas. No podemos escoger cuáles son nuestras reglas favoritas. Nos sometemos a las enseñanzas constantes de la tradición de la iglesia como se nos presenta por la Sede Apostólica. Esto no es menos verdadero en el reino de la sagrada liturgia. El Concilio Vaticano II nos enseña que la liturgia “es la cumbre hacia la cual se dirigen todas las actividades de la iglesia; al mismo tiempo es la fuente de la cual emana todo su poder”.

La liturgia es fundamentalmente en el trabajo de Cristo y su Iglesia y por lo tanto es muy importante como para que no se le trate con el mayor respeto y reverencia.

En una nota conexa, el Arzobispo de Portland Alexander Sample publicó recientemente su carta pastoral: “Canta una nueva canción para el Señor”, sobre el tema de la música sagrada en la alabanza divina. 

La mayoría de los Obispos publican cartas pastorales durante su ministerio para permitir que el clero y los fieles sepan que piensa el pastor a cerca de cierto tema. Esta carta no es un documento jurídico que impone nuevas leyes para la Arquidiócesis, sino una visión del asunto presente.

La carta contiene algo de la historia de la Iglesia con respecto a la música sagrada, pero principalmente, explica los principios con los que la Iglesia espera que construyamos una relación con la música en la Sagrada Liturgia.  Cómo serán aplicados estos principios varía de parroquia en parroquia y el momento también dependerá de la parroquia y de los recursos que posea.

Esta carta pastoral es un documento de enseñanza que quiere iniciar una conversación seria entre pastores, músicos y fieles. En mi mente esta carta pastoral es un documento sorprendente que tendrá efectos duraderos; te invito a que lo leas.

En los siguientes meses viajaré por la Arquidiócesis presentando el ”Manual Litúrgico de la Arquidiócesis”. Espero que estas charlas disipen cualquier mal entendido que existe acerca del manual y de las prácticas litúrgicas deseadas por la Iglesia y promovidas por la Oficina de Alabanza Divina de la Arquidiócesis de Portland.

Te invito a que asistas a una de estas charlas. Son interesantes, informativas y encantadoramente presentadas, aunque sea yo mismo quién lo diga!

A mí me encanta estudiar, enseñar y presentar la sagrada liturgia y también me encanta entablar conversaciones a cerca de este tema. Espero escuchar de ustedes en goconnor@archdpdx.org.

Al final, espero que por favor sepas que nuestra única meta es acercar cada alma a Cristo a través de la experiencia de la Sagrada Liturgia como lo desea la iglesia. No se trata de una oficina, un arzobispo o una arquidiócesis sino del mismo Salvador Resucitado trabajando en su Iglesia. En las palabras del Papa Francisco, nuestra meta es esencialmente “ expandir el esplendor del ministerio viviente del Señor, manifestado en la liturgia”.

* Monseñor O´Connor es el director de la Oficina de la Alabanza Divina de la Arquidiócesis de Portland en Oregón.