Niños y jóvenes con sus familias, preparan y alistan los alimentos para ser distribuidos a personas desamparadas que habitan en las calles del centro de Portland. El grupo del Catecismo Misionero junto a voluntarios del ministerio de hospitalidad de la iglesia San Antonio de Tigard, se unieron para realizar la jornada de alimentación  el 25 de enero del 2020. (Cortesía Kenia Madrigal)
Niños y jóvenes con sus familias, preparan y alistan los alimentos para ser distribuidos a personas desamparadas que habitan en las calles del centro de Portland. El grupo del Catecismo Misionero junto a voluntarios del ministerio de hospitalidad de la iglesia San Antonio de Tigard, se unieron para realizar la jornada de alimentación el 25 de enero del 2020. (Cortesía Kenia Madrigal)

“La caridad es la virtud reina, el mandamiento nuevo que nos dio Cristo: Amarse los unos a los otros como Dios nos ama, por lo tanto, es la base de toda espiritualidad cristiana. Es el distintivo de los auténticos cristianos”, se lee en la lección sobre el valor de la Caridad, compartida con El Centinela por Kenia Madrigal, catequista del Catecismo Misionero.

“Dar sin esperar nada a cambio era el objetivo de aprendizaje de la lección”, explicó Kenia, expectativa de aprendizaje para un grupo de nueve niños pertenecientes a la catequesis del Catecismo Misionero, que junto con algunos voluntarios del ministerio de hospitalidad de la Iglesia de San Antonio de Tigard, se enfrentaron a la fría mañana del sábado 25 de enero del 2020, para realizar una jornada de llevar comida y ropas a las personas indigentes que habitan en las calles del centro de Portland.

Al preguntarle si sus estudiantes lograron el objetivo de aprendizaje esperado, su repuesta fue un rotundo Si, “los niños aprendieron lo que significa dar, ayudar al prójimo sin esperar nada en retorno. El aprendizaje fue mucho más allá, todos expresaron sentirse muy agradecidos con sus padres por tener ropa, alimentos y una casa donde dormir”. dijo

David, un niño de 10 años, comprendió que “los indigentes son nuestros hermanos y a ellos también tenemos que quererlos”, dijo, porque “Dios nos dio un mandamiento de amarnos los unos a los otros”, manifestó.   

“Para mí, fue una experiencia única. Compartir con estas personas de la calle, verlos que son tan vulnerables y tienen tantas necesidades, es una lección que me enseñó mucho”, dijo Kenia. 

“Mirarlos allí en el olvido, abandonados en las calles, me despertó mucha compasión, pero sentí alegría y satisfacción de estar nosotros allí para brindarles una sonrisa y alimento, ropa, cobijas, y más, fue reconfortante”, expresó

“Al caminar junto a ellos, observé la falta de cariño y amor hacia ellos. Es triste ver tantas personas que caminan por un lado y prefieren ignorarlos”, dijo.

Las familias comenzaron su misión de caridad a las cinco de la mañana en la parroquia de la iglesia San Antonio, en Tigard, en donde se citaron para preparar los alimentos. Allí, oraron juntos y se dispusieron a la preparación de los alimentos, narró Kenia.

A las diez de la mañana se dirigieron hacia el centro de la ciudad. Ni la congelante temperatura de la mañana ni el viento, fueron obstáculos el grupo de familias y sus hijos. Todos enfundados en chaquetas, gorros, bufandas y guantes, estaban súper preparados para la misión de mostrar y enseñar a sus hijos una lección sobre la caridad con el prójimo.

El recorrido comenzó en la calle 4 con la avenida Burnside; desde allí, halando carretas de mano repletas de recipientes, transportaron refractarias con burritos para desayuno, sopa caliente, termos con chocolate caliente, cajas con donas, jugo de frutas y agua. Divididos en dos grupos, fueron repartiendo alimentos a un sinnúmero de personas desamparadas que duermen en las calles del centro de Portland.

Una cara sonriente y alegre, fue el retorno de los indigentes, quienes felices expresaron “Thank you” o “God Bless you”, al recibir la comida.

Según el más reciente conteo realizado por ‘Point-in-Time’, método utilizado por el Condado de Multnomah para determinar el número de indigentes en Portland, se encontraron 4015 personas sin albergue en una noche de enero del 2019. Cerca del 50% de ellos fueron reportados como personas durmiendo en las calles. El número de indigentes se incrementó en un 22% desde el último conteo, realizado en 2019, según el informe publicado por el departamento de prensa del Condado de Multnomah.

“Este panorama aquí es muy deprimente. Sabemos que hay más familias que viven con muchas dificultades y necesidades, sin embargo, es muy triste ver a todas estas personas viviendo en la calle, especialmente en esta época de tanto frío”, dijo Rodrigo Morales, voluntario del ministerio de hospitalidad de la iglesia de San Antonio en Tigard.

“Hacemos este voluntariado con mucho cariño, compartir un plato de comida con ellos es algo que podemos hacer y está a nuestro alcance. Siento que estamos en la obligación de dar un poco de lo que Dios nos da. Debemos tener compasión y ser caritativos con nuestro prójimo. Hacerles sentir que no están solos, que Dios está con ellos por medio de nosotros” dijo Rodrigo Morales.

“También queremos que los niños aprendan que es real cuando uno les platica y les comparte que si uno no va por buen camino puede llegar a este extremo. A mí me satisface mucho poder ayudar porque en algún momento fui víctima del alcoholismo. Hubiera podido terminar en la calle sino hubiera sido por Dios y mi familia que me apoyaron”, añadió.

Yesenia Diarte, feligresa de la parroquia, expresó su tristeza al ver a “personas semejantes a nosotros sufriendo en condiciones de extrema miseria”, dijo. “Es la primera vez que vengo al centro para alimentar a indigentes. Vine con mis tres hijos. Ellos están en el Catecismo Misionero y todos hicieron su primera comunión. Ahora están preparándose para la Confirmación. Están emocionados de participar, se levantaron temprano y fueron conmigo a ayudar a preparar los alimentos en la casa parroquial. Por una parte, me siento feliz de poder ayudar y brindar esta oportunidad a mis hijos. Pienso que esto va a enseñarles a valorar que realmente tenemos mucho y no anden quejándose acerca de lo que no tenemos”, afirmó. 

“Ver esto me entristece, es muy duro vivir en la calle, expuesto al peligro. Realmente me siento muy bendecido y le doy gracias a Dios”, dijo Carlos Aldana, un niño de 10 años.

“Me siento contenta de ayudar a la gente menos afortunada que yo. A veces sentimos que no tenemos nada y nos quejamos, pero no pensamos en que hay personas como las que hemos visto hoy que, si realmente no tienen nada”, dijo Aylin Torres, joven de 18 años y voluntaria del Catecismo Misionero.

Andrew Camacho, de 14 años, expresó sentir satisfacción de poder ofrecer un plato de comida a personas que tienen tanta necesidad. Esta situación en que ellos viven es muy triste, especialmente ahora cuando está tan frío afuera, dijo.

Blanca Loredo, parroquiana de la iglesia San Antonio y voluntaria del ministerio de hospitalidad, manifestó llevar haciendo esta actividad por más de 10 años y dijo sentirse bendecida de compartir algo de lo tanto que Dios le ha dado.

“Al finalizar la jornada, tuvimos oportunidad de analizar y compartir la experiencia. Fue realmente enriquecedora para todos”, dijo Kenia Madrigal.

“Quiero expresar agradecimientos al Diácono Marcos Espinoza por el apoyo incondicional y bienvenida a las nuevas familias que se están integrando a la parroquia de San Antonio y a la comunidad, concluyó Madrigal.