Aunque Emiliano se siente bendecido por el trabajo que tiene, su empleo no le provee los beneficios de seguro médico ni de compensación. (Patricia Montana/El Centinela)
Aunque Emiliano se siente bendecido por el trabajo que tiene, su empleo no le provee los beneficios de seguro médico ni de compensación. (Patricia Montana/El Centinela)

Cuando el robo y la extorsión tocaron a la puerta de su casa en Zacatepec, Oaxaca, México; Emiliano no tuvo otra opción que salir huyendo en busca de refugio para salvar su vida y la de su familia.

Forzado por las amenazas y la intimidación de los criminales, Emiliano empezó lo que sería un camino cuesta abajo. Al inmigrar a Oregon, este trabajador del campo no contaba con una red de familia ni amigos para recuperar su estabilidad económica. Caridades Católicas y su programa de vivienda Sandy Vista para familias migrantes intervino y permitió que Emiliano y su familia tuvieran un lugar seguro en donde poder reiniciar su vida.

“Caridades Católicas en cumplimiento de su misión de transformar la vida de los más vulnerables y necesitados, puso a disposición de los trabajadores del campo, el conjunto residencial Sandy Vista, una opción real de vivienda digna, permanente y al alcance de este importante grupo de población. Sandy Vista fue pensada inicialmente como vivienda temporal” afirma Sandra Pérez, administradora de propiedades y activos.

“El día que me aprobaron este apartamento, me arrodillé y levanté los brazos al cielo para agradecer a Dios. Fue un verdadero milagro” relata Emiliano. Respira profundo y con los ojos inundados de lágrimas, continúa diciendo—¡$325 por mes hace 11 años! ¡Yo no lo podía creer!

Al llegar a Oregon, Emiliano instaló a su esposa y sus cuatro hijos en Gresham y encontró su primer trabajo en un taller de metalmecánica en Estacada. Pero el ambiente de trabajo era hostil. —“mis paisanos”— afirma, para referirse a personas también oriundas de México como él, “empezaron a hacerme la vida imposible”.

Emiliano era un exitoso comerciante y hombre de negocios en su natal Zacatepec. Era propietario de volquetas y transportaba materiales de construcción. También comerciaba con maíz, hasta el día que un grupo de delincuentes, dentro de los que se contaba un empleado suyo, entraron a su casa, le robaron el dinero en efectivo, pertenencias del negocio y le exigieron pagar una gran suma de dinero para dejarle vivo.

—Emiliano hace una pausa y después de un profundo suspiro explica— “Perdí todo lo que tenía…quedé en la calle y salí de allí vivo, pero debiéndole a todo el pueblo”—

“Emigrar y no estar cerca de mi familia ha sido difícil. Mis hijas no pudieron aguantar y la unidad familiar se rompió porque ellas se regresaron a México. Aquí uno aprende a vivir con el dolor en el corazón. De todas formas, Dios me permitió trabajar y ayudarles a pagar su licenciatura.  La mayor es estilista, la segunda estudio administración y trabaja en un banco y la tercera es abogada. Eso me ha dado satisfacción”.

—“Trabajé diez años sin parar, todos los días, para poder pagar”. —“Dios ha sido bondadoso conmigo, me ha puesto ángeles de protección para ayudarme”.

“Yo nací entre las patas de los caballos”—dice—mi padre era comerciante de ganado y desde muy niño me llevaba a ayudarle en el trabajo del rancho. Amo los caballos. Estudié la secundaria, luego mi papá falleció cuando yo tenía 14 años. Ahí decidí dejar de estudiar para ayudar a mi mamá con los trabajos del rancho. Mis hermanos si estudiaron; dos de ellos son médicos, otro es contador y el otro es un hombre de negocios.

Desde hace 14 años, Emiliano trabaja en un establo de caballos en la ciudad de Sandy, Oregon. —“¡Este trabajo ha sido otro milagro de Dios!”—­ ¡Aunque yo no hablo inglés y mis patrones no hablan español, nos entendemos muy bien! — describe Emiliano mientras sonríe tímidamente y coloca sus manos sobre sus mejillas.

—a los seis meses de trabajar allí, me hicieron un préstamo de diez mil dólares. Luego otros dos de cinco mil. ¡Ya les pagué todo! ¡Ese fue otro milagro de Dios!  ¡Ese dinero me vino del cielo y me sirvió para terminar de pagar mis deudas de los préstamos para pagar la extorsión! Suspira y con un brillo de esperanza en sus ojos afirma: “Dios nos da siempre las fuerzas para levantarnos y seguir adelante”.

Aunque Emiliano se siente bendecido por el trabajo que tiene, su empleo no le provee los beneficios de seguro médico ni de compensación.

Cada mañana, Emiliano realiza una rutina de mantenimiento rigurosa en el establo que incluye controlar muy de cerca a los caballos y verificar su estado de salud, dieta, limpieza, etc.

“La rutina requiere trabajo y dedicación varias veces al día pues se debe garantizar el bienestar de los caballos para asegurarse que estén sanos y cómodos”, describe Emiliano,

—“pues cualquier descuido afecta su salud y su carácter” explica.

Un día, Emiliano llegó al pasillo del establo y decidió empezar con su rutina con la pesebrera de una potra que sus patrones habían rescatado recientemente de un albergue. La potranca era briosa y salvaje. “Abrí la puerta, intenté ponerle el lazo y la potra salió a gran galope, yo intenté controlarla, pero su velocidad me ganó, halando tan fuertemente de mi brazo que perdí la fuerza para contenerla” describe Emiliano.

— “Sentí un dolor profundo en mi hombro que se extendió por todo mi brazo. A pesar del dolor intenso, ese día decidí continuar trabajando y cumplir con mis responsabilidades. Nunca reporté nada a mis jefes. -Siempre tengo miedo de que, si reporto algo, pongo en riesgo mi trabajo”, explica Emiliano. “Esto sucedió hace ya varios años, continúa, con el tiempo la movilidad de mi brazo se ha reducido y a veces el dolor aumenta” agrega Emiliano, mientras levanta su brazo izquierdo para mostrar la limitación del movimiento de su brazo.”

Pero los males de Emiliano no terminan aún, desde hace cuatro meses se encuentra discapacitado sin poder trabajar. Un caballo le piso su pie derecho causándole una fractura en el cuello del pie, fracturándole un hueso del tobillo. La pisadura del caballo le fracturó el hueso en la parte posterior del pie, el hueso que conecta la pierna y el pie de manera que le impide la movilidad del tobillo hacia arriba y hacia abajo.

Emiliano explica que ese día continúo trabajando a pesar de que el dolor era tan intenso que casi le impedía caminar. “Ese día, Dios envió al veterinario para ayudarme. El es un médico bilingüe y al verme que casi no podía caminar me preguntó qué sucedía. Le expliqué del accidente, entonces el inmediatamente lo reportó a mis patrones quienes me remitieron al médico.

Emiliano debe seguir un periodo largo de inmovilización para evitar la aparición de futuras complicaciones. Por ahora, su esposa lo reemplaza en el trabajo y eso les permite tener un ingreso que les ayude a mantener su lugar para vivir en Sandy Vista.