CIUDAD DEL VATICANO (CNS) —Una vida marcada por la humildad, la fe y el amor, y no a quién se conoce, determina si el cristiano entrará en el cielo, dijo el papa Francisco.

Antes de recitar el Ángelus con los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro el 25 de agosto, el papa dijo que el Señor reconocerá a quienes son dignos de experimentar las alegrías eternas si han vivido "una vida de fe que se traduce en obras" y no en si han asistido a conferencias o se han codeado con líderes de la Iglesia.

"El Señor no nos reconoce por nuestros títulos", dijo. "'Mira, Señor, yo pertenecía a esta asociación; era amigo de tal obispo, de tal cardenal, de tal sacerdote'. No, los títulos no cuentan; no cuentan".

En su saludo a los peregrinos después de la oración, el papa tuvo palabras especiales de bienvenida para los nuevos seminaristas, la mayoría de los Estados Unidos, que comienzan sus estudios en el Colegio Pontificio Norteamericano de Roma.

El papa exhortó a estos hombres a mantener un fuerte compromiso con su vida espiritual y, "fidelidad a Cristo, al Evangelio y al magisterio de la iglesia. Sin construir sobre esas columnas, será imposible que ustedes de verdad construyan su vocación".

En su plática principal, el papa reflexionó sobre la lectura del evangelio del domingo, de san Lucas, en la que le preguntan a Jesús que estaba predicando en un pueblo, si solo algunos se salvarán.

La respuesta de Jesús, explicó el papa, no se enfoca en cuántos serán admitidos en el cielo, sino más bien en el deber de los hijos de Dios de "esforzarse por entrar por la puerta angosta".

"Con estas palabras, Jesús deja claro que no es cuestión de números, ¡que no hay un número limitado en el paraíso! Es más bien cuestión de seguir el sendero recto en este momento, y este sendero recto es para todos, pero es angosto", dijo.

El papa dijo que Jesús no engaña a sus seguidores y les dice que el camino al cielo sea "una bella autopista con una gran puerta al final", sino que más bien es un pasaje limitado y estrecho.

Para salvarse a uno mismo, explicó, "se debe amar a Dios y al prójimo, y eso no es cómodo".

"Es una puerta angosta porque es exigente; el amor siempre es exigente, requiere compromiso, es de hecho, un 'esfuerzo', es decir, una voluntad firme y perseverante de vivir según el Evangelio", dijo el papa. "San Pablo lo llama 'la buena lucha de la fe'. Lleva un esfuerzo diario de amar a Dios y al prójimo".

Para obtener el gozo del cielo, dijo el papa Francisco, los cristianos están llamados a estar en comunión con Cristo, orando y recibiendo los sacramentos y leyendo la Palabra de Dios que, "nos guarda en la fe, alimenta nuestra esperanza y reanima nuestra caridad".

"Y de este modo, por la gracia de Dios, podemos y debemos gastar nuestras vidas para el bien de nuestros hermanos y hermanos, luchando contra todas las formas del mal y la injusticia".