El Papa Francisco explicó cuál es el camino para llegar al cielo. Lo reveló antes del rezo del Regina Coeli de este domingo 10 de mayo.

Al reflexionar en el pasaje del Evangelio en el que San Juan (14,1-12) describe el diálogo de Jesús con los discípulos Tomás y Felipe, conversación en la que Jesucristo les confirma que Él “es el Camino, la Verdad y la Vida”, el Pontífice destacó cuál es el camino para llegar al cielo.

“Pero ¿cómo llegar al cielo? ¿Cuál es el camino? Aquí está la frase decisiva de Jesús hoy: ‘Yo soy el camino’. Para subir al cielo, el camino es Jesús: es tener una relación viva con Él, imitarlo en el amor y seguir sus pasos. Y yo, cristiano, puedo preguntarme: ‘¿qué camino sigo?’”, cuestionó el Santo Padre.

Sin embargo, el Papa advirtió que “hay caminos que no conducen al cielo: los caminos del poder, los caminos de la mundanidad, los caminos de la autoafirmación” y añadió que “está el camino de Jesús, el camino del amor humilde, de la oración, de la mansedumbre, de la confianza”.

“No es el camino de mi protagonismo, es el camino de Jesús protagonista de mi vida. Es ir adelante todos los días diciendo: ‘Jesús, ¿qué piensas de mi elección? ¿Qué harías en esta situación con estas personas?’ Nos hará bien preguntarle a Jesús, que es el camino, las indicaciones hacia el Cielo”.

Además, el Santo Padre explicó que estas palabras de Cristo en el Evangelio de San Juan es “el comienzo del llamado ‘discurso de despedida’ de Jesús” y añadió que “estas son las palabras que habló a los discípulos al final de la última cena, justo antes de enfrentar la Pasión”.

No tener miedo

“En un momento tan dramático, Jesús comenzó diciendo: ‘no se turbe su corazón’. También nos lo dice a nosotros, en los dramas de la vida. Pero, ¿cómo podemos evitar que el corazón se turbe? Porque el corazón se turba”, reconoció el Papa.

En esta línea, el Pontífice destacó “dos remedios para la perturbación”. El primero es: “tengan fe en mí”. “Parecería un consejo un poco teórico, abstracto. En cambio, Jesús quiere decirnos algo específico. Él sabe que, en la vida, la peor ansiedad, la perturbación, surge de la sensación de no lograrlo, de sentirse solo y sin puntos de referencia frente a lo que sucede”.

Esta angustia, en la cual se acumulan las dificultades, no se puede superar solos. Necesitamos de la ayuda de Jesús. Es por eso que Jesús pide tener fe en Él, es decir, no apoyarse en nosotros mismos, sino en Él. Porque la liberación de la perturbación pasa por la confianza. Y Jesús ha resucitado y está vivo para estar siempre a nuestro lado. Entonces podemos decirle: ‘Jesús, creo que has resucitado y que estás a mi lado. Creo que me escuchas. Te traigo lo que me turba, mis preocupaciones: tengo fe en ti y me entrego a ti’”, animó el Papa.

El segundo remedio para la perturbación que el Santo Padre indicó fueron las palabras de Jesús “en la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a preparar un lugar para ustedes” y dijo “es lo que Jesús hizo por nosotros: nos reservó un lugar en el cielo” ya que “Él tomó nuestra humanidad sobre sí mismo para llevarla más allá de la muerte, a un nuevo lugar, al Cielo, para que donde Él esté, estemos también nosotros”.

“Es la certeza que nos consuela: hay un lugar reservado para cada uno. No vivimos sin rumbo y sin destino. Se nos espera, somos preciosos. Dios está enamorado de la belleza de sus hijos. Y para nosotros ha preparado el lugar más digno y hermoso: el cielo”, subrayó el Pontífice.

Por ello, el Papa Francisco animó a no olvidar que “la morada que nos espera es el Cielo. Aquí estamos de paso. Estamos hechos para el cielo, para la vida eterna, para vivir para siempre. Para siempre: es algo que ni siquiera podemos imaginar ahora. Pero es aún más hermoso pensar que esto será para siempre en alegría, en plena comunión con Dios y con los demás, sin más lágrimas, rencores, divisiones y perturbaciones”.

Finalmente, el Santo Padre rezó a la Virgen para que “nuestra Señora, Reina del Cielo, nos ayude a seguir a Jesús, quien abrió el Cielo para nosotros”.