El arzobispo de Filadelfia, Nelson J. Pérez, saluda con la mano a la congregación, al final de la Misa de Instalación como arzobispo, celebrada en la Catedral de San Pedro y San Pablo en Filadelfia, el 18 de febrero de 2020. El arzobispo Pérez, quien previamente fue cabeza de la Diócesis de Cleveland, sucede al arzobispo Charles J. Chaput, quien cumplió 75 en septiembre pasado, edad en que de acuerdo con el derecho canónigo, los obispos deben enviar su renuncia al papa. (CNS foto/Sarah Webb, CatholicPhilly.com)
El arzobispo de Filadelfia, Nelson J. Pérez, saluda con la mano a la congregación, al final de la Misa de Instalación como arzobispo, celebrada en la Catedral de San Pedro y San Pablo en Filadelfia, el 18 de febrero de 2020. El arzobispo Pérez, quien previamente fue cabeza de la Diócesis de Cleveland, sucede al arzobispo Charles J. Chaput, quien cumplió 75 en septiembre pasado, edad en que de acuerdo con el derecho canónigo, los obispos deben enviar su renuncia al papa. (CNS foto/Sarah Webb, CatholicPhilly.com)

FILADELFIA (CNS) — El arzobispo Nelson J. Pérez puso una marca de familiaridad en la formalidad de los ritos en la Misa que lo instaló como nuevo arzobispo de Filadelfia el 18 de febrero en la Catedral Basílica de San Pedro y San Pablo de Filadelfia

Al subir a la cátedra (palabra griega para la silla episcopal del obispo de una diócesis) el arzobispo Pérez, de 58 años, se convirtió en el arzobispo católico más joven de los Estados Unidos y el tercer arzobispo de la nación de ascendencia hispana. Sus padres emigraron de Cuba.

Gritando a pleno pulmón, la desbordante congregación de más de 2.000 personas reunidas en la basílica, más los innumerables que lo veían en la televisión e internet, confirmó no solo una mera bienvenida para un arzobispo, sino una bienvenida a casa a un hijo de su pueblo.

El arzobispo Pérez fue ordenado sacerdote de la arquidiócesis de Filadelfia en esta misma catedral en 1989.

En una salida del protocolo que dicta que el celebrante espere al final de la procesión para entrar en la iglesia antes de la Misa, el arzobispo Pérez se detuvo a la puerta de la catedral saludando a los cientos de sacerdotes arquidiocesanos y diocesanos con cálidos apretones de mano, abrazos y sonrisas. Se encontraba entre los suyos. Y eso no sería la única expresión de este tipo del día.  

"Una vez que eres sacerdote de Filadelfia, siempre vas a ser sacerdote de Filadelfia", dijo durante su homilía, un saludo de 26 minutos pronunciado, no desde el púlpito de mármol elevado, sino desde el primer escalón del santuario.

En él, dio las gracias a los muchos que trabajaron en la liturgia y a sus participantes, con un estilo relajado y de gran cordialidad mientras paseaba por el pulido y brillante piso de mármol.  

Reconoció la presencia de los dos anteriores arzobispos de Filadelfia ahora retirados, el cardenal Justin Rigali y el arzobispo Charles J. Chaput, a quien elogió por su "gran firmeza" al tomar difíciles decisiones sobre la vida parroquial y las finanzas arquidiocesanas durante los ocho años de su administración, "que le atrajeron gran sufrimiento y críticas", dijo el arzobispo Pérez.

Elogió "la fidelidad y el valor" de su predecesor y dijo que la arquidiócesis "debe a este hombre una deuda de gratitud", lo que provocó que la congregación se levantara para otorgar una nutrida ovación al arzobispo saliente.

Además de dirigirse a más de 50 obispos de todo el país, el arzobispo Pérez habló a cientos de sacerdotes y diáconos presentes directamente, diciéndoles, "los necesito" y refiriéndose a sus hermanos sacerdotes como "nosotros".

No esquivó la crisis de abuso sexual del clero, a la que llamó, "una triste traición de algunos de los nuestros, que hirió profundamente a quienes precisamente deberían estar sirviendo".

"Lo sentimos profundamente", dijo, y prometo "trabajar con esperanza, para que seamos la fuente de sanación".

Esperanza en particular, "Jesús, esperanza del mundo", fue el tema de la homilía del arzobispo Pérez.

Cristo es la fuente de nuestra esperanza, "que ha atravesado veinte siglos de historia" con su pueblo, "a veces en gozo, a veces diciendo, 'esta gente es tremenda'", dijo el arzobispo.

A través de esa historia, han permanecido la palabra de Cristo y su cuerpo y sangre en la Eucaristía, "donde nos alimenta con comida para el camino", dijo el arzobispo Pérez.

Construyó su tema aumentando la intensidad con un desafío para los fieles de la arquidiócesis: "Dondequiera que ustedes se encuentren en el camino, es hora — es el momento de extender la mano y agarrarse de la mano del Señor".

Así como en el Evangelio de San Mateo (9:20), una mujer con una hemorragia tocó el manto del Señor y quedó curada, "es hora de volvernos a él — él está aquí", dijo el arzobispo. "Es la hora de salir, de regresar a la iglesia, al Señor, a su Palabra y al altar."

En cuanto a su plan de una visión pastoral al empezar a pastorear la arquidiócesis de Filadelfia, "no tengo planes", dijo. "Quiero visitar, escuchar, y aprender. Acojo la visión del papa Francisco en 'La alegría del Evangelio'".

La exhortación apostólica del papa de 2013 pedía un "encuentro personal renovado con Jesucristo" y, como recalcó el arzobispo Pérez, "una iglesia en salida como comunidad de discípulos misioneros".

Estos son discípulos "que saben que el Señor nos ha primereado", dijo el arzobispo. "Él nos amó primero y por lo tanto podemos avanzar con valentía, tomando la iniciativa de salir al encuentro de los demás, de encontrarnos con quienes se han separado, de ponernos en los cruces de camino y dar la bienvenida a los excluidos. Esta es la visión".

Concluyó pidiéndole a la gente recordar una breve frase que también les pide a los jóvenes que reciben la Confirmación sacramental que nunca olviden: "Nunca subestimen el poder del Espíritu de Dios que obra en ustedes, a través de ustedes y a pesar de ustedes", dijo.

La Misa continuó con música festiva y sublime, a cargo de los coros arquidiocesanos y de la catedral, el Coro Católico de Gospel de Philadelphia y la Coral Hispana de Filadelfia, junto con músicos de talento.

Numerosos grupos representantes de las muchas facetas de la vida católica en la arquidiócesis de Filadelfia esperaron en fila para saludar al arzobispo durante la Misa, incluyendo familias, grupos étnicos, religiosas, estudiantes, educadores, trabajadores sociales católicos, jóvenes adultos, representantes ecuménicos y el clero.

Uno de ellos reflexionó sobre la emotiva experiencia del día en un espíritu que agradaría al nuevo arzobispo.

"Fue un día lleno de esperanza y de gozo", dijo el padre Chylinski, sacerdote de Filadelfia del profesorado del Seminario de San Carlos Borromeo. "Había un sentido de venir a casa, a la iglesia del Señor, donde nos sentimos en casa".

"En nuestra relación con el Señor, estamos en casa", dijo el sacerdote a CatholicPhilly.com, la página web de noticias de la arquidiócesis. "Venimos a un lugar de esperanza infinita, a pesar de los desafíos".