WASHINGTON (CNS) — Veinte países de las Américas, incluido Estados Unidos, firmaron una declaración el 10 de junio, durante el último día de la Cumbre de las Américas, comprometiéndose a ayudar y proteger a "todos los migrantes, refugiados, solicitantes de asilo y personas apátridas, con independencia de su condición migratoria".

El comunicado difundido por la Casa Blanca y firmado por los jefes de Estado de México y de varios países de Centro y Sudamérica señaló que "la migración debería ser una elección voluntaria e informada, y no una necesidad", y hace que la tarea de ayudar a los migrantes y refugiados una responsabilidad compartida entre muchas naciones.

El esfuerzo pide que países como Costa Rica y Ecuador, con proximidad a naciones como Cuba y Venezuela, acojan y protejan a más refugiados de esas naciones vecinas para evitar la necesidad de que migrantes y refugiados embarquen en viajes más largos y peligrosos hacia norte, a los EE. UU, por ejemplo.

Estados Unidos, a su vez, buscaría financiamiento para que esos países ayudaran a los refugiados a ingresar legalmente, brindar servicios sociales y "programas de integración" para que puedan permanecer allí, y dijo que tal medida "beneficiaría a las comunidades de acogida que generosamente han abierto sus puertas a los más vulnerables".

Canadá acordó dar la bienvenida a más refugiados para 2028, incluidos los de países de habla francesa como Haití. Junto con Estados Unidos, Canadá también acordó dar la bienvenida a más trabajadores agrícolas y dijo que apuntaría a programas temporales para trabajadores extranjeros.

México dijo que integraría a 20.000 "refugiados reconocidos en el mercado laboral mexicano durante los próximos tres años".

Pero algunos se preguntaron cómo funcionaría el acuerdo dado que muchos inmigrantes quieren dirigirse al norte de los EE. UU., pero también se preguntaron si otros países cumplirían su parte del trato.

Un día después de la declaración, el Instituto Nacional de Migración de México anunció que había disuelto un gran grupo de 6000 a 7000 migrantes que se dirigían hacia la frontera entre Estados Unidos y México que querían llamar la atención sobre las razones por las cuales se habían reunido para la cumbre.

Algunos migrantes dijeron a los periodistas que las autoridades mexicanas los disuadieron de continuar su viaje y sintieron que los estaban animando a regresar a sus países de origen.

La agencia de noticias The Associated Press informó el 11 de junio que la agencia de inmigración mexicana había expedido documentos para permanecer en México a unas 7,000 personas. Los documentos son válidos por un mes en el cual los migrantes podrían solicitar una estadía más permanente en el país o regresar a sus países de origen.

La agencia de las Naciones Unidas para los refugiados dijo el 10 de junio que acogía con beneplácito el acuerdo conocido como Declaración de Los Ángeles.

"La región de las Américas enfrenta una crisis de movilidad humana sin precedentes tanto en su complejidad como en su escala. Ningún país puede abordar esta situación por sí solo", dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi.

"La Declaración de Los Ángeles se basa en los marcos existentes", continuó, "nos acerca a una respuesta coordinada en todo el continente que se basa en los principios de cooperación internacional, solidaridad y respeto de los derechos humanos, tal como se establece en los Pactos Mundiales sobre refugiados y sobre procesos migratorios seguros y ordenados".

El acuerdo migratorio fue de las pocas notas positivas de la cumbre, boicoteada públicamente por el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien reprochó a Estados Unidos por no invitar a la reunión hemisférica a los líderes de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Los jefes de estado de Guatemala, Honduras y El Salvador, tres países que tienen altas tasas de migración a los EE. UU., se encontraban entre los que también se negaron a asistir pero firmaron el acuerdo.