Viviendas cerca de Hackberry, La., sumergidas en el agua después del paso del huracán Laura, el 27 de agosto del 2020. (CNS foto/Adrees Latif, Reuters).
Viviendas cerca de Hackberry, La., sumergidas en el agua después del paso del huracán Laura, el 27 de agosto del 2020. (CNS foto/Adrees Latif, Reuters).

WASHINGTON (CNS) — Después de que un huracán tocó tierra con vientos de 150 mph a lo largo de la frontera entre Texas y Luisiana temprano el 27 de agosto, los obispos de las diócesis localizadas en la trayectoria, se encontraron la mañana después evaluando la magnitud de los daños y comunicándose con personal horas después del destructivo huracán Laura.

Los obispos de las diócesis de Beaumont, Texas y Lake Charles, Luisiana emitieron breves declaraciones a través de Facebook con pocos detalles sobre la extensión del daño ya que todavía estaban evaluando la destrucción.

"Estamos bien tras la noche aquí en Beaumont, estamos esperando noticias del lado este de nuestra diócesis, que sufrió un golpe mucho peor, al igual que nuestros hermanos y hermanas en el suroeste de Luisiana", dijo el obispo David L. Toups de Beaumont el 27 de agosto el Facebook.

"Tengo que decir, ¡todo fue bastante milagroso en nuestra zona! Mantendré a todos los afectados por Laura en mis oraciones. Doy gracias a Dios porque tantos se salvaron de su ira".

Al menos cuatro muertes fueron atribuidas al huracán Laura al mediodía del 27 de agosto. El huracán fue descrito como una de las tormentas más poderosas que ha experimentado el país.

El suroeste de Luisiana, donde se encuentra la Diócesis de Lake Charles, sufrió algunos de los daños más extensos, y las autoridades se esforzaron por hacer llegar información a las comunidades circundantes sobre un incendio químico, que parece haber sido causado por daños debido a la tormenta. Muchos se quedaron sin electricidad.

"Hemos visto la destrucción y experimentado el viento y el agua", escribió el obispo Glen J. Provost de Lake Charles en su declaración también publicada en Facebook después del huracán.

"Mientras oraba esta mañana, me acordé de todos ustedes en mis oraciones. El Salmo 57 de la oración matutina de la iglesia comenzó con estas palabras: 'A la sombra de tus alas me refugio hasta que pasen las tormentas de destrucción'".

El obispo Toups, quien fue instalado en la diócesis de Beaumont cinco días antes del huracán, salió a visitar la parte este de su nueva diócesis, que sufrió el peor daño. En un video publicado en Facebook y tomado cerca de una estructura caída cerca de un santuario destruido en la iglesia católica St. Mary en Orange, Texas, se encontraba cerca de una estatua del Sagrado Corazón de Jesús que todavía estaba en pie.

"Hemos sufrido daños pero nada comparado con nuestros hermanos y hermanas en Lake Charles", dijo.

"Entonces, realmente quiero que todos oremos por todos ellos de una manera muy particular. Me detuve aquí porque este pequeño santuario recientemente construido por el padre (Joseph) Daleo, nuestro pastor en Saint Mary's, creo que es una imagen increíble de nuestra vida en medio de este desarreglo, en medio de esta locura, en medio de los escombros.

Aquí mismo, de pie firme, de pie fuerte, está Jesús y su sagrado corazón. Todo puede destrozarse en nuestro alrededor, pero aquí está Cristo firme. Él está con nosotros y, por lo tanto, nuestro mensaje, especialmente para nuestros hermanos y hermanas en Lake Charles, sabemos que Cristo está firme con nosotros incluso en medio de la devastación y la destrucción. Él está con nosotros. Nosotros en la Diócesis de Beaumont, en el sureste de Texas, tenemos mucho que agradecer".

Justo antes de rezar la coronilla a la Divina Misericordia el 27 de agosto, el obispo Toups dijo que la diócesis había sufrido daños mínimos, unas 15 parroquias sufrieron daños, ocho sufrieron daños graves "pero nada catastrófico". Dijo que rezaría para dar gracias por las vidas que se salvaron y la preservación de muchas parroquias y hogares en Beaumont.

"Nuestras oraciones las mandamos al otro lado de la frontera hacia nuestros amigos en Luisiana", dijo.

El arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, dijo en un comunicado del 27 de agosto que estaba orando por la vida y la seguridad de todos los que se encontraban en el camino del huracán Laura.

"En nombre de mis hermanos obispos en los Estados Unidos, estoy orando por la seguridad y el bienestar de todos en el camino del huracán Laura. Que Dios proteja a sus familias, sus hogares y sus medios de vida. Oramos especialmente por los socorristas y trabajadores de salud y emergencias. Insto a nuestros fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad en todo el país a solidarizarse con las comunidades que se verán duramente afectadas por esta tormenta y a ser generosos al brindar asistencia", dijo en el comunicado.

"Encomendamos a todos nuestros hermanos y hermanas en peligro al Inmaculado Corazón de María, nuestra Santísima Madre, y pedimos por su intercesión para disminuir el daño y aliviar el sufrimiento causado por esta tormenta".