El obispo Andrew E. Bellisario de la Diócesis de Juneau, Alaska y el arzobispo Alexander K. Sample de la Arquidiócesis de Portland, OR., llegan el procesión con obispos de Washington, Idaho y Montana para concelebrar una Misa en la Basílica de Santa María La Mayor en Roma, el 6 de feb. del 2020.  Los obispos realizan su visita "ad limina" para informar al papa y funcionarios de la Curia en el Vaticano, sobre el estado de sus diócesis. (CNS photo/Paul Haring).
El obispo Andrew E. Bellisario de la Diócesis de Juneau, Alaska y el arzobispo Alexander K. Sample de la Arquidiócesis de Portland, OR., llegan el procesión con obispos de Washington, Idaho y Montana para concelebrar una Misa en la Basílica de Santa María La Mayor en Roma, el 6 de feb. del 2020. Los obispos realizan su visita "ad limina" para informar al papa y funcionarios de la Curia en el Vaticano, sobre el estado de sus diócesis. (CNS photo/Paul Haring).

ROMA — La vida de cada cristiano y especialmente de cada obispo, involucra “el llamado, la respuesta a una misión”, dijo el obispo Michael W. Warfel de Great Falls-Billilngs, Montana, a sus hermanos obispos del Noroeste.

En cada vida cristiana, “con todas sus idas y venidas, subidas y bajadas, comienzos y paradas”, cada persona siente el llamado a profundizar en su compromiso bautismal, a responder a ese llamado y aceptar la misión del Señor, dijo el obispo durante la misa en la Basílica de Santa María La Mayor, en Roma, el 6 de febrero del 2020.

El obispo Warfel, fue el celebrante principal y predicador de la homilía en la Misa concelebrada con los obispos de Washington, Oregon, Idaho, Montana and Alaska, al acercarse el final de su visita “Ad Limina”, para orar ante las tumbas de los apóstoles, reunirse con el papa y funcionarios de la Curia en el Vaticano.

La primera lectura de las Sagradas Escrituras durante la misa narra la muerte del rey David y el Evangelio de San Marcos presenta como Jesús escoge a los doce apóstoles y los envía en una misión. Ambas historias, dijo el obispo, ilustran el llamado a los seres humanos más humildes, su respuesta y su misión.

Con la ordenación, dijo el obispo, “alcanzamos lo que pensaríamos, es el pináculo de nuestro llamado. Pero, un día, recibimos una llamada de un señor llamado el nuncio y en menos de un par de meses, nos convertimos en sucesores de los apóstoles y comenzamos a servir como obispos”.

"Nuestra respuesta normal al llamado es, “Caramba, realmente no me merezco esto”.  Y no nos lo merecemos, pero “la virtud de la humildad es esencial para la vida en Cristo y nuestro ministerio”.

“Consistentemente pienso que es extraña la forma en que Dios elige a los más débiles y humildes para cumplir su misión”, dijo el obispo.“Pero en el plan de Dios, eso es lo que El desea”.

"Al reconocer la debilidad humana, dijo, el ministerio de un obispo “tiene que protegerse con oración y disciplina, al igual que, con una gran dosis de humildad”.

“Nuestro ministerio realmente es acerca de Cristo y no de nosotros. Nuestra misión es proclamar a Cristo en palabras y obras”, dijo, finalizando su homilía con una oración para que Jesús continúe utilizando los obispos en la misión de salvación y que ellos continúen respondiendo a ese llamado con generosidad.