Integrantes de la banda en la escuela preparatoria Horizon de El Paso, TX., se abrazan luego de una vigilia en honor de su compañero Javier Rodríguez, quien murió abaleado mientras hacía compras en la tienda Walmart en El Paso, Texas. Varios obispos de los EE. UU. expresaron su dolor y apoyo a los familiares de las víctimas al tiempo que manifestaron su indignación por la continua ocurrencia de estas tragedias. (Crédito: CNS foto Callaghan O’Hare, Reuters)
Integrantes de la banda en la escuela preparatoria Horizon de El Paso, TX., se abrazan luego de una vigilia en honor de su compañero Javier Rodríguez, quien murió abaleado mientras hacía compras en la tienda Walmart en El Paso, Texas. Varios obispos de los EE. UU. expresaron su dolor y apoyo a los familiares de las víctimas al tiempo que manifestaron su indignación por la continua ocurrencia de estas tragedias. (Crédito: CNS foto Callaghan O’Hare, Reuters)

Los ataques con armas de fuego han cambiado el medio ambiente y la cultura en los Estados Unidos. Los tiroteos masivos son cada vez más frecuentes y el público asombrado e impotente, se ve obligado a enfrentar en silencio las consecuencias psicológicas que este flagelo trae consigo.

La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos manifestó al respecto: “La plaga en la que se ha convertido la violencia armada continúa sin control y se extiende a lo largo de nuestro país”.

Este panorama de horror en el país muestra un sinfín de tragedias ocurridas en escuelas, centros comerciales y otros lugares públicos; 49 muertos en Orlando en el 2016, 58 fallecidos en Las Vegas en el 2017, y en lo que va transcurrido de este año, 271 ataques y 279 muertes.

De acuerdo con la encuesta Reuters/Ipsos realizada en agosto, después de los tiroteos mortíferos ocurridos en Gilroy, California, El Paso Texas y Dayton, Ohio; en los que resultaron 36 personas sin vida y un centenar de heridos; más de la mitad de los adultos americanos respondieron que los tiroteos masivos son una amenaza latente.

Una residente encuestada indicó “Esta situación te pone en estado de alerta porque nunca sabes cuándo o dónde va a suceder la siguiente masacre. Tiene un efecto imitador y esta ocurriendo con mucha frecuencia”.  Algunos manifestaron experimentar sensación de inseguridad con niveles de ansiedad incrementados.

Las estadísticas de la organización Archivo de Violencia con Armas de fuego o GVA por sus siglas en inglés (Gunviolencearchive.org), reportan que en lo corrido del 2019 se han presentado 271 ataques masivos con armas en los cuales 279 personas perecieron, centenares resultaron heridos y miles de familias sumidas por el dolor y el trauma por la tragedia.

El Washington Post y la agencia Associated Press, medios que tuvieron acceso al informe de detención del atacante en El Paso, Patrick Crusius; realizado por el detective Adrián García, reportaron que según el documento, el supremacista blanco de 21 años renunció a su derecho de solicitar un abogado y manifestó haber viajado desde Allen, Texas, hasta El Paso, Texas, con un rifle de asalto y muchas municiones con el objetivo de “matar tantos mexicanos como fuera posible”. Los medios reportaron que la mayoría de los muertos en el ataque eran de origen hispano. Ocho ciudadanos mexicanos fallecieron baleados en el tiroteo.

El reciente ataque a El Paso, Texas, aunado al persistente discurso político anti-inmigrante, ha tenido un impacto inmediato en las comunidades hispanas. La salud mental de adultos, jóvenes y niños podría verse afectada.

El Centinela abordó el tema con profesionales en salud mental del Programa Hispano de Caridades Católicas y del Centro Católico de Consejería del noroeste, quienes ofrecieron su perspectiva y experiencia sobre el tema.

¿Cómo explicar tragedias como el tiroteo de El Paso?

 “Siento que el enfoque de los ataques y el racismo es directamente contra nosotros” afirmó Edith Molina, directora ejecutiva del Programa Hispano. “Este ambiente político que vivimos fue definido por ésta administración. La pauta se fijó con los adjetivos discriminatorios y las declaraciones implacables contra los inmigrantes latinos calificándolos de invasores a través de los medios de comunicación. Es tan grave que está generando acciones criminales contra nuestra gente. Todo esto nos causa mucha inseguridad y no nos sentimos confiados de nuestro entorno” agregó.

“Muchas personas vienen huyendo de lugares con mucha violencia en busca de un lugar que les brinde paz y tranquilidad, pero la gente tiene miedo por la situación actual. Esto genera que los inmigrantes se sientan aislados y marginados”, manifestó Elsa Tzintzun, consejera especializada en salud mental del Programa Hispano.

“La administración pretende desviar la atención del tema y culpa a la salud mental” afirmó Edith Molina. “Yo solicito a la comunidad rechazar esa narrativa. Culpar a la salud mental es una estrategia para no enfrentar el problema de odio y racismo que el ejecutivo ha promovido. La salud mental es un tema muy serio y al desviar la información, lo único que se logra es crear estereotipos acerca de las personas que padecen enfermedades mentales” agregó.

Por su parte, Thomas Grubb, Terapista del Centro Católico de Consejería del Noroeste declaró: “Los actos terroristas y en general todo tipo de violencia tienen un impacto que es real, es fuerte y afecta la forma en que piensas y sientes”. “Cuando la violencia es colectiva, continuó, es decir, cuando gente que se identifica a si misma como miembros de un grupo, utiliza la violencia contra otro grupo o conjunto de individuos, generalmente con el fin de conseguir determinados objetivos políticos, económicos o sociales; un alto porcentaje de la población expuesta puede presentar secuelas emocionales. Según sea la naturaleza de las secuelas, éstas generan trauma. El trauma se convierte en un acompañante invisible y silencioso de las víctimas que directa o indirectamente participaron en el evento. Bien porque sobrevivieron a un ataque, fueron testigos o simplemente por estar expuestos a ver y hacer seguimiento del evento en la pantalla del celular, televisor o computador," explicó el profesional en salud mental.

Sin embargo, “Las emociones son un indicador de buena información, continúa el Sr. Grubb, es preciso aceptar que es normal sentir y también es necesario buscar orientación," explicó. "Las personas que presencian un hecho violento, reaccionan de diferentes maneras; el impacto puede afectarlos tanto física como emocionalmente," agregó.

¿Cómo reaccionan los niños?

El programa Hispano compartió acerca de su experiencia en brindar apoyo para enfrentar las secuelas generadas por ataques con armas. En el 2014 se presentó un tiroteo en la escuela Preparatoria Reynolds en Gresham. El programa estuvo allí presente para dar apoyo psicológico a familias y estudiantes afectados por el hecho violento.

En su misión de apoyar a la comunidad, la entidad trabaja en colaboración con SUN Schools (School Uniting Neighborhoods por su sigla en inglés), organización a través de la cual brinda servicios en siete escuelas; 4 primarias y 3 secundarias, localizadas en los distritos escolares de Portland, Gresham y David Douglas.

Los servicios que proporcionan están orientados a apoyar en las áreas académica, social, de deportes, baile folclórico y clases para padres.

Elsa Tzintzun, consejera especializada en salud mental, explicó que los niños usualmente enfrentan situaciones estresantes en su vida diaria.  Tras experimentar hechos violentos, podría ser normal que los niños noten síntomas como sentimientos de ansiedad, miedo y preocupación.

Puede haber otros sentimientos como opresión en el pecho, náuseas y malestar en general.  Los niños también pueden presentar cambios en su comportamiento y estos cambios podrían afectarles en el desempeño de sus actividades diarias como prestar atención en clase y aprender, estudiar y dormir.

Otros efectos listados por la profesional incluyen: Pesadillas, enojo, insomnio, tristeza, ansiedad y apatía, entre otros.

La experta manifestó que la aparición de estos síntomas no significa que las personas vayan a desarrollar una complicación de salud grave. Lo normal es que después de cierto tiempo, los síntomas comiencen a desaparecer.

Es importante que padres, maestros y adultos que en general rodean a niños(as) y jóvenes, se mantengan especialmente atentos y observantes, recalcó.

Aunque en la cultura hispana es dado a pensar que ir al psicólogo es un asunto para locos o que solo las personas adineradas pueden hacerlo, explicó Elsa, es importante poner atención a la salud mental. Este país facilita un poco el acceso a este tipo de servicio. También se encuentran profesionales bilingües y biculturales que ofrecen asistencia, agregó.

Las profesionales del Programa Hispano y del Centro Católico de Consejería del Noroeste ofrecieron una serie de estrategias que pueden ser útiles en el manejo del estrés y la ansiedad ocasionada por eventos violentos como los acontecidos recientemente.   

¿Cómo puede ayudarse una persona?

El terapista Grubb hace énfasis en que las personas necesitan ser proactivas y buscar mecanismos que les ayuden a manejar los sentimientos. Los profesionales coincidieron en las siguientes sugerencias:

  1. Cuidar de sí mismo(a): Es importante tanto el cuidado físico como el emocional. Procure alimentarse bien y a tiempo, hacer ejercicio y dormir bien,
  2. Tomar tiempo para orar o meditar juntos como familia: Refuerce las tradiciones religiosas, fortalezca la fe y mantenga la calma; un ejemplo es rezar el rosario y reflexionar en el contenido de las oraciones.
  3. Acudir a grupos de apoyo: Reunirse con familiares y amigos o con grupos de la comunidad o la iglesia para informarse y apoyarse.
  4. Tener un plan de acción: La consejera Tzintzun piensa que es fundamental tener un plan de acción ya que esto le ayudará a ganar confianza. Ella explica que debe juntar todos los documentos, hacer un poder para los menores y designar a una persona de confianza para que se haga cargo si fuera necesario.
  5. Fortalecer la identidad cultural: Edith Molina considera de vital importancia “no dejar de lado nuestra verdadera esencia, nuestro origen, costumbres, tradiciones y nuestros valores. Es esencial renovar y afianzar nuestra identidad cultural. En los momentos difíciles tenemos que demostrar lo que somos. Es esa identidad lo que nos hace fuertes, tenemos que creer siempre en algo más grande que nosotros. Los hispanos nos destacamos porque salimos adelante pase lo que pase, somos luchadores, no nos van a encontrar en la calle pidiendo, nuestra gente cuida a nuestra gente, no nos dejamos solos, nos apoyamos los unos a los otros”, afirmó la profesional.
  6. Acudir a las organizaciones de ayuda: En situación de emergencia, “Hay un ejército de organizaciones y profesionales abogando por la comunidad” explicó Edith. Organizaciones como Caridades Católicas, el Programa Hispano, el programa Puentes y Esperanza de Central City Concern, El Centro Católico de Consejería del Noroeste, entre otros; son algunos de los lugares a donde puede acudir en busca de orientación profesional.

¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos(as)?

Los profesionales también indicaron estrategias sencillas de utilizar y que podrían ser útiles para brindar apoyo a su hijo(a) tales como:

  1. El diálogo es esencial, manifestó Elsa Tzintzun, es importante dedicar un tiempo específico para platicar con su hijo(a). Un momento propicio podría ser al cenar juntos, aprovechar para compartir sobre los asuntos que preocupa a la familia. Es  positivo también hacer preguntas para saber cómo se siente", afirmó.  En el mismo sentido, el terapista Grubb indicó: “Modelar a los niños la expresión de los sentimientos es esencial”, manifestó. "Hay que permitir que los niños expresen sus emociones y demostrarles como hablar de los sentimientos" agregó. "A veces los niños no quieren hablar y es importante también respetar ese deseo," explicó.
  2. Reafirmar la seguridad en los(as) niños(as): "Abrace a los niños y hágales sentir que están bien y seguros. Es bueno que ellos expresen sus miedos. Es primordial la información. La mejor forma de combatir el miedo es la información. explicarles acerca de los mensajes que promueven los políticos en sus campañas con el propósito de ganar electores y no permitir que sus hijos(as) se conviertan en consumidores de propaganda política", recalcó Edith Molina.
  3. Limitar el tiempo de ver televisión y el uso de celulares con acceso a Internet: “Pasar demasiado tiempo en el celular, accediendo a las redes sociales o ver televisión para informarse acerca de las matanzas es perjudicial para los niños y podría ocasionarles ansiedad y angustia” explicó el Sr. Grubb. “También puede producirles miedo de querer salir ante el temor que un nuevo ataque se presente” agregó. "Es positivo explicarles los efectos negativos de pasar demasiado tiempo viendo televisión. A cambio, ofrecerles otra actividad como distracción", concluyó.
  4. Observar de cerca los posibles cambios en la conducta de sus hijos(as): Es necesario comunicar a sus hijos que tras eventos como los tiroteos podemos experimentar cambios en como nos sentimos. Esos cambios a veces nos causan enojo y tensiones en la familia o con personas con las que nos relacionamos. Es importante enseñarles a establecer pautas que ayuden a promover el respeto y la tolerancia en la familia," afirmó Edith Molina.
  5. Afianzar la formación en valores: “A mí me criaron en un ambiente religioso y me inculcaron la fe católica desde muy niña y eso le he enseñado a mis hijas; tengo 3 hijas, dos son gemelas de 8 años y la mayor tiene 11 años”, explicó la señora Molina.

“Pienso que la familia es la primera escuela de la vida, continuó, y si un(a) niño(a) dispone de una formación sólida en su fe y en valores, eso le ayuda para desarrollar una base estable sobre cómo manejar sus emociones y enfrentar la vida, por el contrario, si un(a) niño(a) no tiene una formación sólida en valores, le es más complicado enfrentar y superar las situaciones difíciles que la vida presenta” concluyó Edith Molina.

En el mismo sentido, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, en comunicado divulgado a través de ACI Prensa, expresó: “Alentamos a los católicos a rezar y alzar sus voces por los cambios necesarios en nuestra política nacional y nuestra cultura también”.

La Conferencia, por mucho tiempo, ha abogado por una legislación eficaz que controle el uso de las armas y un aumento de recursos para afrontar las causas profundas de la violencia, señalaron; al tiempo que pidieron al presidente de Estados Unidos Donald Trump y a los parlamentarios “dejar de lado intereses políticos y encontrar formas de proteger mejor la vida inocente” concluyeron los obispos estadounidenses.