Los inmigrantes que llegaron en un autobús desde Arizona entran en el salón parroquial de la Iglesia San Pedro, en Capitol Hill en Washington el 5 de agosto de 2022. La iglesia local, en asociación con SAMU First Response, comenzó a ofrecer hospitalidad a fines de julio a los migrantes que llegaban en autobuses enviados a Washington por los gobernadores de Texas y Arizona. (Foto CNS/Andrew Biraj, Catholic Standard)
Los inmigrantes que llegaron en un autobús desde Arizona entran en el salón parroquial de la Iglesia San Pedro, en Capitol Hill en Washington el 5 de agosto de 2022. La iglesia local, en asociación con SAMU First Response, comenzó a ofrecer hospitalidad a fines de julio a los migrantes que llegaban en autobuses enviados a Washington por los gobernadores de Texas y Arizona. (Foto CNS/Andrew Biraj, Catholic Standard)

WASHINGTON (CNS) — Durante décadas, la iglesia católica San Pedro en Capitol Hill ha sido conocida por brindar hospitalidad en su salón parroquial a las personas que llegan en autobuses a Washington para la Marcha por la Vida anual.

De manera similar, este verano, la parroquia ha abierto las puertas de su salón parroquial las mañanas y tardes de los días miércoles y viernes a las personas inmigrantes que llegan a Washington en autobuses.

Desde la última semana de julio, la parroquia ha recibido autobuses llenos de inmigrantes, enviados por los gobernadores de Texas y Arizona.

"Esto es lo que hacemos como iglesia, para ayudar a los necesitados. Nunca hubo duda de no hacerlo", expresó el padre Daniel Carson, párroco de San Pedro. "Habiendo asistido a la marcha, es muy fácil para ellos (los feligreses) organizar esto".

Molly Pannell, coordinadora de comunicaciones y desarrollo de la parroquia, dijo de manera similar: "Cuando comenzamos, pensé: 'Estoy ejercitando mis músculos de la Marcha por la Vida aquí'".

En lugar de que tazas de café y cajas de donas cubran las mesas, las mesas del salón parroquial estaban cubiertas de pañales, toallas, artículos de tocador, zapatos, ropa, mochilas, juguetes, y animales de peluche donados por feligreses, amigos de la parroquia, y personas que viven en el vecindario.

Otras mesas tenían comidas de World Central Kitchen del chef José Andrés, y afuera, en la parte trasera de la iglesia, había duchas al aire libre cubiertas con lona.

"Muchas personas vienen solo con la ropa que llevan puesta. Esto les brinda recursos en la siguiente etapa de su viaje", manifestó Pannell. "Realmente nos hemos centrado en vivir la declaración de nuestra misión parroquial: 'Ser una manifestación tangible de Cristo viviendo en la comunidad'. Esto es solo una extensión natural de eso".

Ella dijo que los feligreses vienen antes del trabajo para organizar la ropa donada; los ancianos vienen por las tardes para distribuir artículos o interactuar con los niños y adolescentes que han ayudado a limpiar.

Algunos voluntarios de la parroquia han llevado a los inmigrantes a la estación Union Station para que tomen un autobús o un tren. Los feligreses también donaron $4,689 a una colecta especial el 31 de julio para apoyar este esfuerzo.

El esfuerzo de la parroquia comenzó cuando el padre Brendan Glasgow, el vicario parroquial, presenció los programas de acercamiento para los inmigrantes que llegaban en autobuses a Union Station.

El sacerdote habló con un representante de SAMU First Response -- una agencia humanitaria internacional que desempeña un papel fundamental en la atención a los migrantes -- y supo que una de sus mayores necesidades era tener un espacio para recibirlos de manera digna.

"Ver la necesidad es donde comienza", indicó el padre Glasgow. "Hay una necesidad real de que a estas personas se les muestre el rostro de Cristo a través de nosotros . . . Son personas que buscan una vida mejor. Algunos han recorrido un largo camino. . . Aunque les estamos dando la bienvenida, lo que les espera a continuación es aún desconocido".

El sacerdote pensó que el gran salón parroquial con aire acondicionado de la Iglesia de San Pedro sería un buen lugar para ofrecer esa hospitalidad y, en asociación con SAMU, la parroquia dio la bienvenida al primer autobús una semana después de haber tenido esa charla.

Cuando la parroquia anunció este servicio, recibió algunos comentarios negativos en las redes sociales, pero dijo que eso no los detuvo porque "somos iglesia. No es política. Es para satisfacer una necesidad de nuestros hermanos y hermanas".

En la tarde del 5 de agosto, un autobús grande se detuvo frente a la Iglesia de San Pedro después de viajar unas 2640 millas durante dos días desde Somerton, Arizona, situado en la frontera suroeste del estado con México.

Los 27 migrantes que bajaron del autobús, en su mayoría familias, incluían una madre que sostenía la mano de una niña y un padre que cargaba a su hijo pequeño. Una mujer afuera del autobús saludó con lágrimas en los ojos a sus familiares reunidos.

Esas reunificaciones familiares son "momentos hermosos", declaró Tatiana Laborde, directora general de SAMU First Response en Washington.

A ella se unieron esa tarde siete miembros del personal de SAMU que guiaron a los migrantes que llegaban al salón parroquial, reuniéndose con ellos para ayudarlos con los planes para la próxima etapa de sus viajes y ayudando a la mayoría a conectarse con familiares o amigos.

En abril, Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Washington comenzó a ayudar a los migrantes que llegaban en los primeros autobuses enviados desde Texas, y SAMU First Response fue una de las agencias que apoyó sus esfuerzos.

En junio, SAMU recibió una subvención del Programa de Alimentos y Refugio de Emergencia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

Desde entonces, la organización ha desempeñado un papel fundamental en el trabajo con otros programas de extensión en el área metropolitana para atender a los seis a 15 autobuses llenos de inmigrantes que llegan a Washington cada semana desde Texas y Arizona.

También ha estado proporcionando a los solicitantes de asilo hasta tres noches de refugio en Maryland.

Laborde dijo que muchos de los migrantes que llegaron en autobuses recientes son originarios de Venezuela, Colombia, Cuba, y Nicaragua. Algunos huyen de la violencia, de las coyunturas políticas, o de las crisis económicas.

Algunos de los migrantes volaron a México y luego se dirigieron a la frontera con Estados Unidos, otros viajaron por tierra, incluyendo venezolanos cuya trayectoria incluyó caminar a través de selvas y regiones montañosas y viajar en canoas a lo largo de ríos.

"Son solicitantes de asilo, a quienes se les permite estar legalmente en el país", dijo al Catholic Standard, el periódico arquidiocesano de Washington.

Los inmigrantes que llegaron al salón parroquial el 5 de agosto fueron de mesa en mesa eligiendo ropa, ayudando a sus hijos a probarse zapatos, y luego relajándose con una comida de World Central Kitchen. Un niño abrazaba con fuerza a su nuevo animal de peluche.

Jorge Esteves, su esposa, Catherine Ariza, y sus hijos, Emilio, 4, y Tiogo, 1, de Colombia, estaban entre las familias que encontraron un respiro en la parroquia esa tarde. Emilio tenía una mochila nueva de Spider-Man y se aferraba a los camiones que recogía en la mesa de juguetes.

A través de un intérprete, Esteves dijo que su familia es católica y que se habían ido de Colombia porque allí no encontraban oportunidades económicas y les preocupaba el futuro educativo de sus hijos.

Había trabajado en una panadería y realizado trabajos de construcción. Ahora, la familia planeaba conectarse con amigos en Carolina del Norte, donde Esteves esperaba brindar nuevas oportunidades para sus hijos.

Mientras los migrantes se sentaban a las mesas en el salón parroquial de San Pedro, el padre Glasgow conversó con algunos de ellos en español, entre ellos una madre y su hijo de Perú, quienes dijeron que la siguiente etapa de su viaje sería en Georgia.

El sacerdote expuso que la mayoría de los inmigrantes que se detienen en la parroquia son católicos. "Independientemente de sus antecedentes de fe . . . puedo darles una bendición", acotó. Orar con los migrantes ha sido una experiencia especial para él, agregó.

Después de que un grupo de inmigrantes llegó a la parroquia en un autobús a las 6 a. m. y desayunó allí, el padre Glasgow los invitó a unirse a él en la misa de las 7:30 a. m. que celebraría arriba, en la iglesia.

"Alrededor de la mitad del grupo fue a misa . . . Solo dije, 'Podemos dar gracias a Dios'. (Fue) este hermoso momento, una misa matutina regular con personas que vestían trajes de negocios, y (estas) personas llegaron tal como son".

Los voluntarios de la parroquia dijeron que estaban felices de hacer su parte para ayudar. La voluntaria Kay O'Brien dijo que no habla español, pero se ha comunicado a través de sonrisas y jugando con los niños.

Tatiana Laborde de SAMU First Response, católica y nativa de Colombia, elogió las alianzas que su agencia ha establecido con Caridades Católicas y la Parroquia de San Pedro para atender a los migrantes.

"No podríamos hacerlo sin la Iglesia Católica", señaló. "Ver el importante papel de la Iglesia Católica en el servicio a los migrantes . . . ha dado un empujón a mi fe y me ha recordado nuestro papel como católicos".

Ella dijo que estaba feliz de ver a los migrantes sonreír, recuperar el aliento, y descansar un poco. Laborde siente angustia por lo que han soportado, pero también admira su resiliencia.

"También te da esperanza", dijo. "Han llegado a un lugar seguro, y este es el comienzo del próximo capítulo".