Por: Servicio Católico de Noticias

Respondiendo una solicitud a los editores mediante la cual se nos pide una muestra de comentarios en la prensa católica, aquí presentamos un editorial titulado: "¿Dios ama a los ilegales?" publicado en Internet el 7 de agosto en el sitio web del periódico "The Record" de la Arquidiócesis de Louisville, Kentucky, escrito por Marnie McAllister, la editora.

Un lector nos llamó hace un par de semanas para hacer esta pregunta: "¿Dios ama a los ilegales?"

Al usar la palabra "ilegales", la persona que llamaba se refería a nuestros hermanos y hermanas que han cruzado la frontera sur en busca de vida y esperanza. El término deshumaniza a nuestros hermanos, lo que hace que sea más fácil dejar de lado su sufrimiento.

La respuesta es simple: Dios, nuestro creador, ama a todas las personas.

La semana pasada, otros tres lectores llamaron a nuestra oficina del periódico The Record para expresar su desagrado con nuestra cobertura de inmigración. Sus quejas se enfocaron en la idea de que al pedir que se trate humanamente a los inmigrantes, la iglesia se está aliando con los "demócratas que apoyan el aborto".

Viendo los incidentes recientes de terror doméstico vinculados a la retórica de odio, obviamente es el momento para aclarar algunas cosas.

La Iglesia Católica consistentemente afirma que todas las personas, nacidas y por nacer: negros, morenos, blancos, homosexuales o heterosexuales, republicanos y demócratas, Católicos o no, incluso criminales — deben ser tratadas con dignidad.

Porque la vida es sagrada.

La vida en todas sus etapas es sagrada.

No hay partido político en los Estados Unidos que parezca entender esto. Pero los católicos lo deberían entender.

Ignorar el sufrimiento de los inmigrantes porque algunos de sus defensores no respetan la vida en el útero va en contra de la lógica y en contra de nuestra fe.

Minimizar o politizar un tipo vida es denigrar todo tipo de vida.

Subyugar las vidas de un grupo entero, nacido o por nacer, a las opiniones de un partido político es un pecado.

Las lecturas del domingo 4 de agosto ayudaron a recordar a los fieles que es lo más importante en la vida de un cristiano. Lo más importante no es lo que almacenamos para nuestra preservación o nuestros egos.

Amarnos los unos a los otros es nuestro mandato. Todo lo demás se deriva de este mandamiento que está por encima de todos los demás.

Cuando dejamos que la política nos limite a quien amar, perdemos de vista a Dios y nuestro propósito en esta tierra.

¿Y para qué? ¿Un mejor pronóstico económico? ¿Una mayor sensación de seguridad?

La lectura del Evangelio de Lucas para el 4 de agosto nos pide que consideremos algo:

"...Pero Dios le dijo: '¡Necio, vas a morir esta misma noche!: ¿Para quién será todo lo que tienes guardado?' Eso le pasa al hombre que acumula riquezas para sí mismo, pero no es rico delante de Dios".