El sábado 12 de febrero, Mons. José Ignacio Munilla inició su nueva misión como obispo de Orihuela-Alicante en España, cumpliendo una histórica tradición que lo hizo llegar a su nueva diócesis montado en una mula.

Según informa la Diócesis, el Prelado comenzó la jornada en la localidad de Cox, pues allí existía un palacio episcopal construido por el Obispo Tormo en 1733. El Prelado rezó en la parroquia del pueblo y luego pasó al ayuntamiento donde saludó al alcalde y dirigió algunas palabras a los fieles presentes.

Luego visitó el Santuario Diocesano de Nuestra Señora del Carmen, patrona de la localidad, donde comió el tradicional arroz con costra, preparado con conejo, pollo, azafrán y otros ingredientes.

Después se dirigió a la Ermita y Parroquia de San Antón en Orihuela, donde rezó ante el altar y donde, según la tradición, se le ofreció una naranjada.

Allí montó en una mula blanca llamada “Bartola”, para cumplir una tradición de siglos que cumplen todos los obispos de Orihuela Alicante. Según indica la Diócesis, esta tradición también se conserva en la localidad de Sigüenza.  

La tradición de que el Obispo de Orihuela-Alicante llegue montado en una mula se remonta al siglo XVII.

El ceremonial indica que el obispo tiene que entrar como Cristo en Jerusalén y sobre una alfombra de flores. Además, las calles se perfuman con aromas, como si fuera una procesión de Corpus Christi, y también se usan ramas de olivo para acoger al Prelado.

El recorrido del Obispo fue acompañado por una gran cantidad de fieles que lo aplaudían y vitoreaban, mientras Mons. Munilla los bendecía a su paso. Los fieles portaban letreros que mostraban el Corazón de Jesús con el lema episcopal del obispo: “En ti confío”.

Después de unos minutos de recorrido, Mons. Munilla llego a la histórica Puerta de Olma que estaba cerrada, donde se cumplió otra tradición.

“¿Quién va?”, preguntó Emilio Bascuñana, alcalde de Orihuela, a lo que el bedel respondió: “El señor obispo que hace su entrada en Orihuela”, tras lo cual se abrieron las puertas con los aplausos y vítores de los fieles.

El Obispo atravesó la puerta y completó luego el recorrido hasta la Catedral a pie, acompañado por los canónigos de la Catedral y de la Concatedral, vestidos con trajes corales (violetas), así como por la banda de música.

La homilía

En la Misa que presidió, en la que estuvo acompañado por el Nuncio en España, Mons. Bernardito Auza, otros obispos y sacerdotes, el nuevo Obispo de Orihuela Alicante expresó su alegría por la gran acogida.

“Tengo que comenzar diciendo que estoy admirado, impactado y conmovido, al ver la acogida que esta Diócesis ofrece al pastor que llega en nombre de Cristo. Y soy muy consciente de esto último, que esta acogida se la hacéis a Cristo, a quien represento ante vosotros”, dijo Mons. Munilla al iniciar su homilía.

“El cariño, la ilusión y el sentido de fe con el que habéis preparado y estáis/estamos viviendo este acto eclesial, es una expresión patente de que las raíces religiosas de nuestra fe están más vivas de lo que pudiera parecer a simple vista”, resaltó el Prelado.

“La llegada de Jesucristo al mundo hace dos mil años ha sido a lo largo de estos dos milenios, y sigue siendo a día de hoy, la gran novedad que llena de esperanza el devenir de nuestra historia. Todo cuanto queremos decir hoy al mundo se resume en una palabra que es un nombre propio: ¡Jesús, Jesús, Jesús!”.

El Prelado reflexionó luego sobre un mensaje que compartió recientemente en redes sociales: “Baila como si nadie te estuviese mirando. Ama como si nunca te hubiesen herido. Trabaja como si no necesitases dinero”.

Sobre el primer punto, Mons. Munilla cuestionó: “¿Aspiramos a obtener el reconocimiento de este mundo? ¿Bailamos o dejamos de hacerlo, tal vez, dependiendo de quién nos mire o nos deje de mirar en cada momento?”.

“Por ello, me atrevo a proponeros este ideal, y le pido a Dios la gracia de vivirlo yo mismo: ¡Baila como si nadie te estuviese mirando! En realidad, lo único importante es la mirada de Dios. ¡Las cosas son lo que son para Dios, y nada más!”, destacó.

Respecto al segundo punto, “ama como si nunca te hubiesen herido”, el Prelado español indicó que “el amor y la esperanza cristianas son capaces de reiniciarlo todo desde cero, sin permitir que las heridas del pasado nos descarrilen en el momento presente; más aún, abriendo nuestro corazón para dar una oportunidad a la sanación”.

Amar a fondo perdido no es de tontos, sino que es de sabios. Jesús nos dijo aquello de: ‘no devolváis mal con mal, al contrario, venced el mal a fuerza de bien’ y ‘amad a vuestros enemigos’, y ha llegado el momento de ponerlo en obra”.

En cuanto al tercer punto, “trabaja como si no necesitases dinero”, el Obispo dijo que “la pobreza evangélica no se refiere solamente al dinero –que también— sino a todo apego que nos impida tener un corazón desprendido para poder amar a Dios. Por ejemplo, es clave que vivamos la pobreza de ambiciones y de honores humanos”.

Mons. Munilla destacó que “la tarea de la evangelización requiere de nosotros que compitamos por ocupar el último puesto. De pelearnos –si tuviésemos que ‘pelearnos’ por algo—, lo haremos por ocupar el último puesto. Competiremos por coger la escoba y por servir a los más humildes”.

“Cuando los pobres, los enfermos, los ancianos, los presos, los solitarios, los depresivos llegan a cambiar nuestros horarios, planes, previsiones, el estado de nuestra cuenta corriente, entonces habrá entrado Jesús en nuestra vida. Dios nos libre de los criterios mundanos que hacen infecunda la tarea de la evangelización”.

Para concluir, el Prelado encomendó su ministerio “al cuidado maternal de la Virgen María y al cuidado paternal de San José, al tiempo que pido la intercesión de San Ignacio de Loyola y de San Vicente Ferrer”.