El Papa Francisco saluda a las monjas cuando se reúne con sacerdotes, religiosos y religiosas y el Consejo Ecuménico de Iglesias en la catedral de Rabat, Marruecos, 31 de marzo de 2019. (Foto CNS / Paul Haring)
El Papa Francisco saluda a las monjas cuando se reúne con sacerdotes, religiosos y religiosas y el Consejo Ecuménico de Iglesias en la catedral de Rabat, Marruecos, 31 de marzo de 2019. (Foto CNS / Paul Haring)
“Hermanos y hermanas: agradezco nuevamente a todos vosotros vuestra presencia y vuestra misión aquí en Marruecos. Gracias por vuestro servicio humilde y discreto, siguiendo el ejemplo de nuestros mayores en la vida consagrada” ha dicho el Papa a los sacerdotes, religiosos y religiosas en Marruecos.



En su segunda jornada en el país, el Santo Padre ha participado en un encuentro con cientos de hombres y mujeres consagrados que viven en Marruecos. La reunión ha tenido lugar a las 10:30 horas en la Catedral de Rabat, tras la visita del Papa al Centro Rural de Servicios Sociales de Temara.



“Todos vosotros sois testigos de una historia que es gloriosa porque es historia de sacrificios, esperanzas, lucha cotidiana, vida gastada en el servicio, constancia en el trabajo fatigoso, porque toda labor es sudor de la frente”, ha expresado. “Pero permitidme también deciros: “¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir!”.



“Nuestra misión de bautizados, sacerdotes, consagrados, no está determinada principalmente por el número o la cantidad de espacios que se ocupan”, ha explicado el Pontífice a los religiosos, “sino por la capacidad que se tiene de generar y suscitar transformación, estupor y compasión”.



El problema no es ser pocos, “sino ser insignificantes”, convertirse en una sal que ya no tiene sabor de Evangelio, o en una luz que ya no ilumina, ha dicho.



Asimismo, el Papa ha anunciado, que “como discípulos de Jesucristo estamos llamados, desde el día de nuestro Bautismo, a formar parte de este diálogo de salvación y de amistad, del que somos los primeros beneficiarios”.



“En estas tierras, el cristiano aprende a ser sacramento vivo del diálogo que Dios quiere entablar con cada hombre y mujer, en cualquier situación que viva. Es un diálogo que estamos llamados a realizar a la manera de Jesús, manso y humilde de corazón”.



Al final del discurso, el Santo Padre ha mencionado a Sor Ersillia Mantovani, franciscana italiana de 97 años, que vive en Marruecos. A través de ella, ha enviado un saludo a las hermanas y a los hermanos ancianos que, “a causa de su estado de salud, no están físicamente presentes con nosotros, pero permanecen unidos a través de la oración”.



A continuación, reproducimos el discurso que ha pronunciado el Papa Francisco a los sacerdotes, religiosos y religiosas.