El famoso teólogo español José Antonio Fortea reflexionó recientemente sobre la importancia que ha tenido la sinodalidad en el camino de la Iglesia Católica, y analizó sus desafíos.

El presbítero Fortea indicó en el siguiente video que "la “la fe es un don maravilloso” que debe “ser custodiado”.

“No es algo para que con la fe seamos creativos o innovadores, la fe es un tesoro que hay que proteger”, indicó.

En ese sentido, el sacerdote español resaltó que “está en la misma esencia de la fe cristiana, el que sea vivida en comunidad”.

“La fe lleva a la vida”, indicó; y “esa vida es en comunidad, es una fe vivida en comunidad”.

“Desde los primeros tiempos del cristianismo había pastores, pero cuando los mismos pastores no veían claro algo, había distintos pareceres. ¿Qué es lo que hacían? Pues muchas veces lo que hacían era reunirse, orar y dialogar”, recordó.

Y de la oración en común y el diálogo surgía el que veían claro las cosas”, señaló.

El padre Fortea indicó que en esos casos “podría haberse aplicado el criterio de autoridad como en un ejército. En un ejército, el sargento manda sobre los soldados, el capitán sobre el sargento, el coronel sobre el capitán, el general sobre el coronel. En una empresa, lo mismo. Este director manda sobre su subordinado, este sobre otro, así”.

Sin embargo, precisó, “Jesús dijo que su Reino no iba a ser como los demás reinos”.

“En los reinos lo que existía era el concepto de opresión, de fuerza: yo tengo la autoridad, yo mando, tú te sometes”. 

Esto no es así en la Iglesia Católica, precisó, pues “no se les llama reyes o capitanes, se les llama pastores”.

El padre Fortea explicó que en la Iglesia existe “una autoridad que, al proceder de Cristo, es sagrada, no meramente humana”.

Sin embargo, precisó, “al mismo tiempo Jesús quiere que escuchemos, que nos escuchemos los unos a los otros”.

“La autoridad de los pastores en la Iglesia Católica, en las iglesias apostólicas, que hay una sucesión apostólica, es un don, un don de Dios”, indicó.

“Hay pastores porque Dios lo ha querido. Tienen esa autoridad porque Cristo lo ha entregado a los apóstoles y los apóstoles a los obispos”, continuó.

El sacerdote español advirtió que “la autoridad, y esto es importante a la hora de entender un Sínodo, no es algo delegado por los fieles”.

“El poder de un presidente de una nación es que ha recibido un poder del pueblo”, indicó, mientras que “en la Iglesia, la autoridad procede de Cristo. Es una autoridad sagrada”.

“La autoridad de un presidente es natural, se le da y se le puede quitar”, continuó, precisando que “en las figuras de los presbíteros, los obispos, es distinto. Configura la persona. Le acompañará para toda la vida. Y él está al servicio del pueblo, pero su autoridad no depende de una delegación del pueblo”.

Escuchémonos todos. Pero es verdad que hay una autoridad y esa misma autoridad puede decir ‘no, no podemos imponer una cuestión solo porque hemos sacado un voto más’”, subrayó.

El padre Fortea señaló que “esto no es una apisonadora: ya tengo un voto, ya se hace lo que quiere este grupo. Consigo un voto más (y) ya hago lo que quiero. No, hay cosas que requieren un cierto consenso”. 

“Escuchemos los unos a los otros, pero la primera cuestión que hay que plantearse: ¿Todo es discutible en un sínodo?”, dijo.

El sínodo aclara la fe, pero no establece nuevas verdades de fe. Es decir, todo nuevo artículo de fe que se proclame en el futuro de la historia de la Iglesia será una aclaración de lo que ya creemos”, explicó.

El clérigo Fortea señaló que “los concilios aclaran. Dios ya ha hablado en su palabra, Jesús ya ha predicado. Lo que se puede hacer es aclarar, explicar cómo se concreta esto en nuestro tiempo”.

“No puede ser que algo sea una verdad de fe en el siglo V y ya no lo sea en el siglo XX”, expresó.

El teólogo español también advirtió sobre “dos extremos” al momento de “organizar un sínodo”.

Por un lado, dijo, está el desafío de un “encorsetamiento”, en el que el organizador del sínodo “no sea muy sinodal y todo lo organice de forma que ya antes de empezar esté todo atado, y bien atado para que salga solo lo que él quiere”.

“Todos queremos lograr la verdad, pero si yo me aferro a que yo tengo la verdad y no escucho, a lo mejor puedo imponer mi verdad”, advirtió.

Lejos de ser “una cosa complicada”, el padre Fortea reiteró que la sinodalidad “se trata de sentarse y escucharnos”. 

“Tan sencillo como eso, pero se puede hacer mal de cientos de maneras y con un extremo por un lado o un extremo o por el otro. El encorsetamiento o aquí se discute hasta el dogma de la Santísima Trinidad”.

Para el sacerdote español no es posible “que una cosa sea verdad en Alemania y no lo sea en Francia. Que una cosa sea pecado grave en Japón y no lo sea en Estados Unidos”.

“Divorciarme de mi mujer, puedo abandonarla porque me he enamorado de otra, ¿sí o no? 

Eso no hay que andarse por las ramas, sí o no”. 

“Por lo tanto, a veces hay un sí y un no. Por muy flexibles que queramos ser y muy comprensivos, a veces hay un sí y un no”.

Por ello, señaló, para que verdaderamente se pueda escuchar al Espíritu Santo en un sínodo o un concilio, es importante que los que asistan sean “hombres humildes”.