Servicio Católico de Noticias 
 Comunicado del Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos luego del cierre del Encuentro para la Protección de Niños y Jóvenes.
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Comunicado del Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos luego del cierre del Encuentro para la Protección de Niños y Jóvenes.

ROMA (USCCB).- El Cardenal Daniel N. DiNardo, Arzobispo de Galveston-Houston y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) emitió un comunicado al cierre del Encuentro de cuatro días en el que participaron presidentes de Conferencias Episcopales de todo el mundo.

El comunicado del Cardenal DiNardo es el siguiente:

"El Señor está cerca de todos los que lo invocan, de todos los que lo invocan de verdad". Salmo 145:18

"Estos han sido días desafiantes y productivos. El testimonio de los sobrevivientes reveló para nosotros, nuevamente, la profunda herida en el Cuerpo de Cristo. Escuchar sus testimonios transforma tu corazón. Lo vi en los rostros de mis hermanos obispos. Le debemos a los sobrevivientes una vigilancia inquebrantable para que nunca volvamos a fallarles.

¿Cómo entonces sanar las heridas? Intensificar la Carta de Dallas (Para la Protección de Niños y Jóvenes).

El Papa Francisco, a quien quiero agradecer por esta Asamblea, nos llamó a “medidas concretas y efectivas”. Una variedad de presentadores, desde cardenales, obispos, hermanas religiosas y mujeres laicas, hablaron sobre un código de conducta para los obispos, la necesidad de establecer los protocolos para manejar las acusaciones contra los obispos, los mecanismos de información fáciles de usar y el papel esencial que debe desempeñar la transparencia en el proceso de curación.

Lograr estos objetivos requerirá de la participación activa y la colaboración de los laicos. La Iglesia necesita sus oraciones, experiencia e ideas. Como hemos aprendido de las juntas de revisión diocesanas, se requiere una amplia gama de habilidades para evaluar las denuncias y garantizar que las políticas y procedimientos locales se revisen periódicamente para que nuestra respuesta de sanación siga siendo efectiva. Todos los modelos discutidos esta semana dependen de la buena ayuda del pueblo de Dios.

Yo y los obispos de Estados Unidos nos sentimos firmes para el trabajo en curso. Ayudados por lo que yo experimenté aquí, nos prepararemos para adelantar propuestas, en comunión con la Santa Sede, en cada una de estas áreas para que mis hermanos obispos puedan considerarlas en nuestra Asamblea General de Junio.

Hay una urgencia en la voz de los sobrevivientes a la que siempre debemos responder. También soy consciente de que nuestros próximos pasos pueden ser una base sólida desde la cual podamos servir también a seminaristas, religiosas y todos aquellos que puedan vivir bajo la amenaza del abuso sexual o el abuso de poder.

En nuestra fe, experimentamos la agonía del Viernes Santo. Ello puede causar una sensación de aislamiento y abandono, pero la Resurrección es la promesa sanadora de Dios. Al sanar las heridas que ahora tenemos ante nosotros, nos encontraremos con el Señor resucitado. Solo en Él hay toda esperanza y sanidad.

Permítaseme también agregar una sincera palabra de agradecimiento a los muchos que oraron por mí y por todos nosotros para que este encuentro fuera exitoso”.