Una familia hondureña disfruta una cena en el comedor de Kino Border Initiative (Iniciativa Kino para la Frontera) en Nogales, Mexico, al otro lado del límite con Arizona. (Cortesía de Michael y Peggy Purkerson)
Una familia hondureña disfruta una cena en el comedor de Kino Border Initiative (Iniciativa Kino para la Frontera) en Nogales, Mexico, al otro lado del límite con Arizona. (Cortesía de Michael y Peggy Purkerson)

BROWNSVILLE — Durante los dos últimos años, ha habido más esperanza y desesperación a lo largo de la frontera entre México y Arizona.

Esa es la conclusión de una pareja de católicos de Oregón, que durante la primavera viajaron por cuarta vez al sur de Tucson.

Michael y Peggy Purkerson, miembros de la Misión Holy Trinity, fueron en un viaje con el Kino Border Initiative (Iniciativa Kino de la Frontera). La pareja ayudó a organizar donaciones de ropa y de otras cosas en un centro de alimentación en Nogales, México. Les sirvieron comida a las familias. También escucharon a los inmigrantes, trabajadores sociales y rancheros para obtener una perspectiva ecuánime a cerca de los problemas de la frontera.

Los Purkerson también ayudaron con la música para una Misa en la población fronteriza de Arivaca, Arizona, donde los residentes ambas ambos posiciones del debate migratorio. Algunos de sus habitantes quieren un muro grande y grueso, mientras que otros quieren un sistema de admisión más fácil. Sin embargo, casi nadie del pueblo apoya a los grupos de milicias armadas que se han estado presentando para patrullar la frontera.

Los Purkerson, quienes tienen 41 años de casados, conocieron a un ranchero que mientras desea controles más estrictos para inmigración debido al tráfico de drogas, ha puesto grifos en sus pozos fronterizos para que los inmigrantes puedan beber. “Nadie debería morir en el desierto”, le dijo a la pareja.

Muchos residentes del área, sin importar su punto de vista político, apoyan la idea de un mejor programa para trabajadores temporales que permita que los obreros crucen la frontera más fácilmente, trabajando en los EE.UU. y viviendo en México.

Un grupo de defensores ligado a la iniciativa, acompaña a las personas que buscan asilo hasta Phoenix para protegerlos del abuso físico y verbal de quienes se oponen a la inmigración.

Hace 2 años, dijo Michael Purkerson, los inmigrantes que recibían alimentos del lado de México eran en su mayoría hombres jóvenes que habían sido deportados. Ahora, el comedor está lleno de familias y niños de Centro América quienes son más optimistas que los hombres deportados del pasado.

“Parecen más optimistas y alegres de haber llegado tan lejos” dice Purkerson de 65 años de edad.

No obstante, en el centro también hay inmigrantes recientemente deportados de los EE.UU. o que han sido regresados a esperar las decisiones de sus peticiones de asilo. Sus espíritus eran los que estaban más decaídos, casi llegando al punto de la desesperación, explicó Purkerson.  El hermano de Peggy es el Padre Jesuita Peter Neeley, un sacerdote que usa sombrero de vaquero y lidera los programas educativos impulsados por Kino Border Initiative.  

El Padre Neeley les dijo a los visitantes que aquellos que son deportados sienten un aplastante sentimiento de fracaso. Los agentes fronterizos de los EE.UU. exacerban la vergüenza de los deportados haciéndolos caminar por su calvario con sus pertenencias en una bolsa plástica. 

El comedor administrado por Missionary Sisters of the Eucharist (Hermanas Misioneras de la Eucaristía) tiene una capacidad de más o menos 100 comensales, así que los inmigrantes deben comer en tres o cuatro turnos. Un promedio de 600 personas son alimentadas diariamente. Los inmigrantes viven en carpas y bajo lonas en las calles y en los alrededores de un cementerio cercano. Ellos, encuentran refugio en el comedor. Antes de las comidas, las hermanas les piden a los comensales que se sienten en silencio y respiren profundamente, para muchos, el único momento de paz que tienen al día. Entonces, le dan gracias a Dios por las bendiciones del día.

“Durante esos momentos, sentí una tremenda dicha presente en cada uno, inmigrantes y ayudantes”, dijo Purkerson. “A través de este inmenso sufrimiento hay una presencia. Los inmigrantes vienen con esperanza. Las personas acuden como voluntarias para venir a ver. Esto es comunidad, una unidad comunal”.

El cambio climático impulsa la inmigración hacia el norte. Las familias campesinas en Centroamérica han sufrido una sequía de cinco años y escasamente producen lo necesario para su sustento. Una plaga atacó la cosecha de café. En muchas ciudades Centroamericanas, las familias enfrentan violencia de pandillas y gobiernos indiferentes con su situación.

Matt Cato, director de la Oficina de Vida, Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Portland, conoce a los Purkerson y los invita a que compartan sus experiencias en la frontera con las personas de Oregón. “Una cosa es tener una idea acerca de una persona o una clase de gente cuando están en las nebulosas, cuando son un concepto genérico y otra cosa, cuando estás lo suficientemente cerca como para ver la cara de Cristo en cada uno de ellos”, dijo Cato. Mike, un tostador de café, compra granos de comercio equitativo de Honduras. Conoció una familia Hondureña que pareció encantada con sus prácticas de negocios.

Purkerson, quién se maravilla con quienes diariamente trabajan por los inmigrantes en la frontera, se conmovió con un maestro de Boston quién rentó una casa en el lado Mexicano de la frontera y voluntariamente sirve comidas y le enseña a los niños.

Purkerson, que tiene 65 años de edad y sufre de esclerosis múltiple, está haciendo todo lo que puede. “Tenemos personas que están sufriendo y necesitan nuestra ayuda”, dijo.