Recientemente regresé de la reunión anual de Otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). Fue en esta reunión que los Obispos americanos estaban preparados para responder con fuerza a la actual crisis que enfrenta la Iglesia en torno a los obispos y su negligencia frente al manejo de los casos de abuso sexual y fallas de conducta en el pasado.

De toda la correspondencia que he recibido acerca de la crisis, son los fieles laicos quienes con todo el derecho, exigen respuesta y acción por parte de los obispos. Lo que realmente sucedió en la reunión dejó desilusionados a muchos de los que estábamos allí, incluyéndome a mí. En esta columna trataré de explicar qué fue lo que pasó.

Los Obispos de los Estados Unidos habían desarrollado un plan de acción que habría permitido trazar un camino hacia adelante, y estaban preparados e iban a votar. Revisando la primera carta que escribí para la Arquidiócesis acerca de la crisis, planteé lo que pensé que era necesario hacer para enfrentar el problema actual y lo que necesitábamos hacer en el futuro. Mientras estudiaba el plan propuesto por los líderes del USCCB, me di cuenta de que cubría todos los puntos que propuse excepto el de una investigación independiente transparente y completa acerca del Arzobispo McCarrick. Volveré más adelante a tocar este punto.


El plan propuesto por los obispos incluía cuatro puntos:



1. Un código estándar de conducta y responsabilidad episcopal. Esto hubiera sometido voluntariamente a cada obispo a los mismos estándares de responsabilidad que ya existen para los sacerdotes y diáconos en el Capítulo para la Protección de Niños y Jóvenes. Este código va más allá, ya que habría cubierto no solo el abuso sexual de un menor por parte de un obispo, sino la conducta sexual inapropiada de un obispo con un adulto, el acoso sexual de un obispo hacia un adulto y la negligencia de los obispos para actuar ante acusaciones recibidas por el comportamiento inapropiado de sacerdotes, diáconos y de otros obispos. Cada obispo habría firmado un juramento personal para vivir bajo estos estándares y siguiendo estos procedimientos.

2. Un sistema de registro de quejas completamente independiente y manejado por terceros para recibir las acusaciones en contra de obispos que violen los códigos de estándares éticos descritos anteriormente. Esto esencialmente significaría, que existiría una forma confidencial para que cualquiera pudiera presentar una acusación utilizando un número 1-800 o una página de Internet. Está línea de llamadas operaría de forma completamente independiente de los obispos.

3. El establecimiento de una comisión de revisión de quejas en contra de los obispos por violaciones a los estándares episcopales de conducta descritos anteriormente. Esta comisión habría sido una comisión distinta a la establecida bajo estándares civiles como la 501.c.3 y completamente independiente de los obispos. La comisión habría podido conducir una investigación preliminar sobre las acusaciones y presentar un reporte al Nuncio Papal.

4. Un nuevo protocolo de restricciones para los obispos que fueran suspendidos de su cargo o que renunciaran a su cargo debido al abuso sexual de menores, a comportamientos sexuales inapropiados con adultos o por negligencia grave al desempeñar su cargo.

Estos eran los puntos que estábamos preparados para discutir, refinar y votar en nuestra reunión de noviembre. Sin embargo, a última hora la Santa Sede intervino ordenando a los obispos americanos que no votaran por ninguna de las propuestas anteriores. La Santa Sede conoció nuestro plan semanas antes de la reunión, pero al presidente de nuestra conferencia, el Cardenal DiNardo, solo se le informó la tarde antes de que empezara nuestra reunión que no podríamos votar por nuestro plan.

En cambio, el Papa Francisco convocó a todos los obispos presidentes de cada conferencia en el mundo a una reunión en Roma. Esta reunión se llevará acabo en Febrero del 2019. El Santo padre quiere debatir todo este asunto en el contexto más amplio que sea posible, antes de que se tome cualquier acción individual como lo estaba planeando la conferencia de los Estados Unidos. Parece que él quiere que se adopte una práctica consistente y universal para la totalidad de la Iglesia.

Muchos de nosotros estábamos sorprendidos y desilusionados por la intervención y el retraso. No obstante, los obispos americanos tratamos detalladamente el plan anteriormente mencionado, como lo habríamos hecho si fuéramos a votar y logramos mejorarlo un poco. Sin embargo, obedeciendo las órdenes de la Santa Sede no pudimos votar. Sinceramente, de la demora pudo salir algo positivo, ya que se presentaron otras opciones y se discutieron, lo cuál no se hubiera podido lograr durante los dos cortos días y medio que hubiéramos dedicado al debate y la votación.

Lo que realmente hizo falta fue una investigación independiente y transparente del escándalo del Arzobispo McCarrick. El Cardenal DiNardo, junto con otros obispos, -incluido yo-, pidió la investigación desde el principio, especialmente a la luz del testimonio del Arzobispo Viganó. La Santa Sede está llevando a cabo una investigación que promete ser exhaustiva.

Algunos de nosotros queríamos más y un obispo impulsó una resolución para que la Santa Sede publique todos los documentos relacionados con las acusaciones de mala conducta en contra del Arzobispo McCarrick. Yo hablé a favor de esta resolución. Al final la resolución no fue aceptada por un margen significativo, ya que la mayoría de los obispos prefirieron dejar el asunto en manos de la Santa Sede.

Esto fue lo que pasó en nuestra reunión de noviembre. Yo continuaré abogando porque exista total transparencia y responsabilidad en este triste asunto y continuaré haciendo todo lo que sea posible para asegurar la protección de los niños, jóvenes y adultos vulnerables aquí en nuestra Arquidiócesis.

Por favor oren por el Papa Francisco y por los obispos que se reunirán con él en Roma en el mes de febrero. Oren para que el Espíritu Santo los guíe y alcancen una resolución justa para esta terrible tragedia y esta crisis. Pero antes que nada, recen por todas las víctimas y sobrevivientes del abuso sexual. En medio de todas estas negociaciones burocráticas para adoptar un plan de respuesta, no podemos olvidarlos y ellos tienen que ser nuestra primera preocupación, gozar de nuestro apoyo, amor y cuidado.

Recientemente regresé de la reunión anual de Otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). Fue en esta reunión que los Obispos americanos estaban preparados para responder con fuerza a la actual crisis que enfrenta la Iglesia en torno a los obispos y su negligencia frente al manejo de los casos de abuso sexual y fallas de conducta en el pasado.

De toda la correspondencia que he recibido acerca de la crisis, son los fieles laicos quienes con todo el derecho, exigen respuesta y acción por parte de los obispos. Lo que realmente sucedió en la reunión dejó desilusionados a muchos de los que estábamos allí, incluyéndome a mí. En esta columna trataré de explicar qué fue lo que pasó.

Los Obispos de los Estados Unidos habían desarrollado un plan de acción que habría permitido trazar un camino hacia adelante, y estaban preparados e iban a votar. Revisando la primera carta que escribí para la Arquidiócesis acerca de la crisis, planteé lo que pensé que era necesario hacer para enfrentar el problema actual y lo que necesitábamos hacer en el futuro. Mientras estudiaba el plan propuesto por los líderes del USCCB, me di cuenta de que cubría todos los puntos que propuse excepto el de una investigación independiente transparente y completa acerca del Arzobispo McCarrick. Volveré más adelante a tocar este punto.


El plan propuesto por los obispos incluía cuatro puntos:


1. Un código estándar de conducta y responsabilidad episcopal. Esto hubiera sometido voluntariamente a cada obispo a los mismos estándares de responsabilidad que ya existen para los sacerdotes y diáconos en el Capítulo para la Protección de Niños y Jóvenes. Este código va más allá, ya que habría cubierto no solo el abuso sexual de un menor por parte de un obispo, sino la conducta sexual inapropiada de un obispo con un adulto, el acoso sexual de un obispo hacia un adulto y la negligencia de los obispos para actuar ante acusaciones recibidas por el comportamiento inapropiado de sacerdotes, diáconos y de otros obispos. Cada obispo habría firmado un juramento personal para vivir bajo estos estándares y siguiendo estos procedimientos.

2. Un sistema de registro de quejas completamente independiente y manejado por terceros para recibir las acusaciones en contra de obispos que violen los códigos de estándares éticos descritos anteriormente. Esto esencialmente significaría, que existiría una forma confidencial para que cualquiera pudiera presentar una acusación utilizando un número 1-800 o una página de Internet. Está línea de llamadas operaría de forma completamente independiente de los obispos.

3. El establecimiento de una comisión de revisión de quejas en contra de los obispos por violaciones a los estándares episcopales de conducta descritos anteriormente. Esta comisión habría sido una comisión distinta a la establecida bajo estándares civiles como la 501.c.3 y completamente independiente de los obispos. La comisión habría podido conducir una investigación preliminar sobre las acusaciones y presentar un reporte al Nuncio Papal.

4. Un nuevo protocolo de restricciones para los obispos que fueran suspendidos de su cargo o que renunciaran a su cargo debido al abuso sexual de menores, a comportamientos sexuales inapropiados con adultos o por negligencia grave al desempeñar su cargo. 

Estos eran los puntos que estábamos preparados para discutir, refinar y votar en nuestra reunión de noviembre. Sin embargo, a última hora la Santa Sede intervino ordenando a los obispos americanos que no votaran por ninguna de las propuestas anteriores. La Santa Sede conoció nuestro plan semanas antes de la reunión, pero al presidente de nuestra conferencia, el Cardenal DiNardo, solo se le informó la tarde antes de que empezara nuestra reunión que no podríamos votar por nuestro plan.

En cambio, el Papa Francisco convocó a todos los obispos presidentes de cada conferencia en el mundo a una reunión en Roma. Esta reunión se llevará acabo en Febrero del 2019. El Santo padre quiere debatir todo este asunto en el contexto más amplio que sea posible, antes de que se tome cualquier acción individual como lo estaba planeando la conferencia de los Estados Unidos. Parece que él quiere que se adopte una práctica consistente y universal para la totalidad de la Iglesia.

Muchos de nosotros estábamos sorprendidos y desilusionados por la intervención y el retraso. No obstante, los obispos americanos tratamos detalladamente el plan anteriormente mencionado, como lo habríamos hecho si fuéramos a votar y logramos mejorarlo un poco. Sin embargo, obedeciendo las órdenes de la Santa Sede no pudimos votar. Sinceramente, de la demora pudo salir algo positivo, ya que se presentaron otras opciones y se discutieron, lo cuál no se hubiera podido lograr durante los dos cortos días y medio que hubiéramos dedicado al debate y la votación.

Lo que realmente hizo falta fue una investigación independiente y transparente del escándalo del Arzobispo McCarrick. El Cardenal DiNardo, junto con otros obispos, -incluido yo-, pidió la investigación desde el principio, especialmente a la luz del testimonio del Arzobispo Viganó. La Santa Sede está llevando a cabo una investigación que promete ser exhaustiva.

Algunos de nosotros queríamos más y un obispo impulsó una resolución para que la Santa Sede publique todos los documentos relacionados con las acusaciones de mala conducta en contra del Arzobispo McCarrick. Yo hablé a favor de esta resolución. Al final la resolución no fue aceptada por un margen significativo, ya que la mayoría de los obispos prefirieron dejar el asunto en manos de la Santa Sede.

Esto fue lo que pasó en nuestra reunión de noviembre. Yo continuaré abogando porque exista total transparencia y responsabilidad en este triste asunto y continuaré haciendo todo lo que sea posible para asegurar la protección de los niños, jóvenes y adultos vulnerables aquí en nuestra Arquidiócesis.

Por favor oren por el Papa Francisco y por los obispos que se reunirán con él en Roma en el mes de febrero. Oren para que el Espíritu Santo los guíe y alcancen una resolución justa para esta terrible tragedia y esta crisis. Pero antes que nada, recen por todas las víctimas y sobrevivientes del abuso sexual. En medio de todas estas negociaciones burocráticas para adoptar un plan de respuesta, no podemos olvidarlos y ellos tienen que ser nuestra primera preocupación, gozar de nuestro apoyo, amor y cuidado

                         Reverendísimo Alexander K. Sample
                         Arquidiócesis de Portland en Oregon