Queridos lectores:

Desde el 15 de septiembre al 15 de octubre, se celebra en Estados Unidos el mes de la Herencia Hispana. Esta celebración, que inició como una semana en 1968, fue ampliada posteriormente y aprobada mediante el congreso de la república por la ley 100-402.

Se instituyó como un tiempo dedicado a reconocer y celebrar la cultura, las tradiciones y las contribuciones de la comunidad hispana a la sociedad y cultura americana.

Más allá de las tradiciones, Estados Unidos conmemora la cultura y tradiciones de quienes llevan en su sangre las raíces de países de cultura hispana. La época en que se estableció tiene significado porque justo en esa fecha varios países latinoamericanos celebran su independencia tales como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Adicionalmente, México y Chile festejan su independencia el 16 y 18 de septiembre respectivamente.

Esta exaltación brinda una excelente ocasión para reflexionar en la misión que tenemos de preservar nuestra cultura y afirmar con más entusiasmo que nunca, el orgullo de nuestra identidad.

¿Por qué es importante preservar una cultura?

La organización de las Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha definido a la cultura como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.

La cultura es fundamental para todos los seres humanos y es un tema complejo ya que esta compuesta de varios elementos; nos identifica y proporciona patrones de conducta y características de personalidad. Gracias a la cultura, adquirimos un sistema de creencias y principios.

La cultura brinda el sentido que necesitamos de pertenecer a un lugar, nos sirve para aprender de nosotros mismos como miembros de una sociedad. La cultura nos une y nos provee una sensación de seguridad.

Las costumbres y tradiciones hacen parte de la cultura y estas nos permiten afianzar los vínculos afectivos entre padres e hijos. Al tener presente nuestras raíces y transmitir el legado de nuestros antepasados, estamos transmitiendo lo que se considera la herencia cultural.

Nuestra cultura hispana no es cuestión de un día, un mes especial o un año, es nuestra vida entera. No podemos renunciar a ella porque al hacerlo significaría como quedar huérfanos y perder la identidad que tenemos.

Al igual que los seres humanos, las culturas evolucionan, cambian y se adaptan a las circunstancias. En el rol de padres y primeros maestros de nuestros hijos, más que proteger nuestras características culturales, la tarea es fortalecerlas y no permitir que amenazas externas las minimicen o peor aún, las exterminen.

Cuando me refiero a las amenazas o factores externos, un ejemplo claro es el uso del idioma español. Personalmente, me entristece cuando veo que el idioma natal se pierde en las nuevas generaciones.

Según el resultado de una encuesta del Centro de Investigaciones y análisis Pew en el 2015, en general un 85% de los padres latinos dijeron hablar en español a sus hijos, pero el porcentaje baja a 71% entre la segunda generación de padres latinos nacidos en los Estados Unidos. La reducción es mucho más drástica entre los padres latinos de tercera generación cuyo porcentaje baja al 49%.

Las anteriores cifras son un indicador claro de la pérdida de la identidad cultural y el riesgo inminente de seguir con la misma tendencia. Esos números también nos ayudan a comprender la necesidad de reconocer la relevancia que la identidad cultural tiene en nuestra vida.

La pérdida de la identidad conlleva a la pérdida de la memoria; perder la memoria significa olvidar la identidad histórica, de manera que si olvidamos de donde venimos, con seguridad no sabremos hacia dónde vamos.

Como hispanos celebramos la vida y la herencia cultural que Dios nos dio. La protección de nuestra cultura es responsabilidad de todos. Es esencial para seguir sosteniéndonos no solo como individuos sino para salvaguardar nuestra identidad.

Tenemos una tarea urgente en la que todos necesitamos contribuir. Considero que es primordial abogar porque los sistemas educativos respeten e incorporen las culturas de las familias en los servicios que brindan, prestando atención especial a sus necesidades de cultura y lenguaje.

Somos edificadores de la historia y preservadores de la cultura hispana en este país y solo podremos ganarnos el respeto de los demás, respetándonos y valorándonos a nosotros mismos. Una condición para el respeto de si mismo es asumir que debemos preservar nuestra identidad.

En Oregon, nuestra cultura es fuerza, es poder, es una comunidad hispana multicultural con raíces en México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina, España y muchos otros pueblos latinoamericanos.

Me despido reiterándoles un mensaje del Santo Papa Francisco en el marco de la Jornada Mundial de Juventudes, realizada en Panamá en enero del 2019: “Muchachos y muchachas, ¡háganse cargo de sus culturas! ¡Háganse cargo de sus raíces! porque es de allí de donde nos viene la fuerza para crecer, florecer y fructificar”.

Dios los bendiga.