Los primeros días de septiembre nos invitan a enfocarnos en una de las actividades más nobles del ser humano: el trabajo.

Trabajamos para sostener nuestras familias, realizar nuestras vocaciones, vivir mejor y asegurarnos de que nuestra sociedad progrese. Trabajamos para tener un presente decente y asegurar un futuro estable para nuestros hijos.

En un mundo ideal, nos gustaría trabajar haciendo lo que nos gusta. La educación nos acerca más a este ideal. Sin embargo, millones de personas simplemente tienen que trabajar en lo que pueden para cumplir con sus responsabilidades. Para ellas un trabajo es un trabajo, y eso ya es una bendición.

Quisiera reflexionar sobre los muchos trabajadores hispanos que con valentía sostienen gran parte de muchas industrias en los Estados Unidos como en el caso de la agricultura, la pesca, la construcción, la industria hospitalaria y restaurantera, la asistencia médica, servicios de limpieza y minería, entre otros.

¿Por qué hablar de estos empleados usando el término valentía?

Aparte de las exigencias físicas y mentales que obviamente acompañan estos empleos, la pandemia actual ha puesto a millones de trabajadores hispanos frente a frente con el virus COVID-19, el cual es altamente contagioso y letal.

Doctores, enfermeras, maestros y otros empleados en profesiones similares también están expuestos a este virus de manera frecuente. Sin embargo, es más probable que las industrias que les emplean les ofrezcan medidas de seguridad que los campesinos, los trabajadores en los hoteles o personas que trabajan en limpieza no siempre reciben.

No es un secreto que los empleados en las industrias minera y agrícola, y aquellos que trabajan en servicios generales y de hospitalidad tengan salarios bajos.

Muchos de ellos necesitan dos y tres trabajos para cumplir con sus obligaciones. El impacto de dichas circunstancias en su vida personal y familiar es notable. El virus COVID-19, en unos pocos meses, hizo que trabajos difíciles lo sean mucho más.

Muchos de los empleos que los hispanos tienen son empleos de sobrevivencia, literalmente.

El virus COVID-19 le ha dado un significado nuevo a la palabra sobrevivencia. Millones de hispanos no tienen el lujo de trabajar desde sus hogares, usando sus computadores o en oficinas con ventilación adecuada.

Recoger las cosechas, cuidar a los ancianos, limpiar edificios, cuidar niños, cocinar y servir comidas en los restaurantes, etc., son tareas que los hispanos y otros trabajadores esenciales no pueden realizar de manera remota.

Estas personas deben estar allí, en el lugar donde los necesitan, y por consiguiente arriesgan todo, incluso su salud y su vida. También arriesgan el bienestar de sus familias y de sus amigos.

Los hispanos tienen entre tres y cuatro veces más posibilidades de infectarse con el virus del COVID-19 que las personas de raza blanca. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades reportó recientemente que más del 26% de las muertes asociadas con el virus COVID-19 en los Estados Unidos ocurrieron entre los hispanos.

Cerca del 70% de los hispanos identificaron el virus COVID-19 como la mayor amenaza para sus vidas y su bienestar. Más urgente que temas de migración, economía y racismo. Cerca del 60% de hispanos viven en hogares en donde alguien perdió su trabajo o recibió una reducción salarial recientemente.

Sabiendo que aproximadamente la mitad de todos los hispanos se identifican como católicos, es muy posible que muchos de estos trabajadores valientes compartan nuestras parroquias. Muchos de ellos traen a sus bebés para ser bautizados, van a Misa para ser sostenidos con la Eucaristía y buscan apoyo espiritual de parte de los líderes pastorales católicos.

¿Les hemos encontrado? ¿Les hemos dicho, "gracias por lo que hacen"? ¿Les hemos expresado nuestra solidaridad diciéndoles, ¿"cómo les podemos apoyar"?

Esos trabajadores hispanos que arriesgan sus vidas para sobrevivir y asegurarse que la economía de esta nación se mantenga a flote no pueden ser ignorados por nuestra comunidad católica. Necesitamos solidarizarnos con estos trabajadores valientes con un espíritu católico. Ellos son nuestros hermanos y hermanas. Con ellos somos nación e iglesia.

Oremos con agradecimiento por estos trabajadores, millones de ellos inmigrantes y refugiados, y por los muchos otros que como ellos laboran cada día con amor y sacrificio.

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Dr. Hoffsman Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College.