Kim Nguyen posa para un selfie acompañada por Alejandro Bautista y Rocío Ríos en la iglesia San Andrés. (Foto cortesía de Rocío Ríos)
Kim Nguyen posa para un selfie acompañada por Alejandro Bautista y Rocío Ríos en la iglesia San Andrés. (Foto cortesía de Rocío Ríos)

Estoy muy agradecida por estos 18 años en los cuales trabajé como la fotógrafa oficial del periódico El Centinela.

Durante estos años, aprendí mucho sobre la comunidad hispana y sus historias me acompañan hoy.

Fue muy reconfortante sentir la cálida bienvenida cada vez que llegué a cubrir algún evento en las parroquias, y no sólo las de Portland, sino las parroquias que visité en el estado de Oregon.

Soy vietnamita y crecí en los Estados Unidos.

Con El Centinela tuve la oportunidad de aprender un poco del idioma español, mientras hacía lo posible por comunicarme con los miembros de la parroquia, durante tantos y tantos eventos.

Aprecio y valoro los momentos en los que pude compartir un tazón de Pozole con los feligreses de las iglesias después de una cobertura importante, como por ejemplo la celebración multitudinaria de la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, tan importante para la comunidad hispana.

A lo largo de los años, las historias que llegaron a la sala de redacción bajo la dirección de Rocío Ríos fueron muy reveladoras sobre la realidad de la comunidad y la vida particular de cada una de las parroquias.

Cada parroquia tiene su historia, su legado y su particularidad cultural.

Los hispanos compartieron con nosotras la alegría, el amor, la tristeza y la lucha durante momentos desgarradores. Todo el tiempo, mostrándonos cómo la comunidad demostró su fortaleza a través de la fe en Dios, en momentos difíciles y al mismo tiempo en momentos de triunfo y celebración.

Se trata de una comunidad de inmigrantes a la que pertenecemos tanto Rocío Ríos por ser de Colombia, como yo por ser de Vietnam.

El Centinela nos unió a través de las letras y la cámara que registró momentos importantísimos que hoy son parte de la historia de esta comunidad.

Hay algunos recuerdos especiales de las imágenes que capturé. Una niña rezando con su familia. La luz que la rodeaba se sentía tan angelical. Los miembros de la parroquia de San José que recreaban los últimos días de Jesús se sintieron tan reales.

La marcha de niños contra ICE fue poderosa. 

Nunca olvidaré las lágrimas que se derramaron y el temor que sintieron los hispanos en la Iglesia San Andrés, durante los momentos posteriores a una noticia nacional como fue la redada en Del Monte en 2007.

Las familias estaban siendo destrozadas y nuestra comunidad se sentía impotente. Lloré por las mujeres que hablaron de su experiencia de haber sido maltratadas por la policía federal cuando fueron arrestadas y detenidas. Y el miedo que sentían ante la incertidumbre de no saber, si alguna vez volverían a reunirse con sus hijos y su familia.

Sentí el dolor y la tristeza de los niños asustados que no sabían dónde estaban sus padres.

Fue especialmente difícil presenciar el maltrato de la comunidad de indocumentados, por parte de grupos de odio que no les daban la bienvenida.

Gritaban obscenidades a las familias y les decían que regresaran a casa con gran rechazo.

Documenté con mi cámara fotográfica todas las marchas de inmigrantes que fueron lideradas durante todos estos años, por organizaciones como PCUN, CAUSA, VOZ, lideradas por valientes individuos que con su voz luchan para representar y defender a esta comunidad.

Recuerdo haber fotografiado al padre Armando López quien fuera el párroco de la Iglesia de la Ascensión, durante una de las marchas del primero de mayo, en la cual estuvo vestido de franciscano al lado de los inmigrantes con su consigna: “Sí se puede”.

El padre Armando marchó al lado de madres de familia con sus hijos pequeños, en apoyo a su comunidad.

Fue motivante ver a un sacerdote tan preocupado por su comunidad y tan activo fuera de la iglesia. Salió a la calle con sus feligreses en momentos que están registrados en las páginas de El Centinela.

Las noticias y los eventos recientes me recuerdan los momentos que durante estos años se convirtieron en un desafío para nuestra comunidad hispana, que ha soportado tanto a lo largo de los años.

Estoy asombrada por la resistencia y nobleza de esta comunidad.

Hoy celebro este XXV aniversario y puedo mirar atrás con la satisfacción de que en mis fotografías quedó registrado el rostro de los hispanos.

El rostro de una comunidad valiosa que tiene una gran historia en Oregon. 

*Kim Oanh Nguyen, fotógrafa de El Centinela durante más de 18 años. Galardonada en varias oportunidades por el Catholic Press Association of the United States.