Hoffsman Ospino
Hoffsman Ospino

Según nos alcanza la memoria y basados en lo que sabemos de la historia, el dar regalos ha sido parte de la experiencia de todas las culturas. Hay algo especial en nuestra naturaleza humana que nos impulsa a ser generosos y a dar.

En las sagradas Escrituras encontramos ejemplos clásicos de personas llevando regalos a otras. La reina de Sabá, procedente de Arabia, vino a visitar al rey Salomón en Jerusalén y trajo consigo "camellos cargados de perfumes, de muchísimo oro y de piedras preciosas" (1 Re 10:2).

Una historia muy popular en el Nuevo Testamento que habla de dar regalos es la de los sabios de oriente que vinieron a visitar a Jesús recién nacido: "Abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra" (Mt 2:11).

¿Por qué las personas dan? Podemos responder esta pregunta de muchas maneras.

La gente da porque ama. Otros dan porque quieren complacer a sus amigos y seres queridos. Algunos dan en señal de gratitud. Otros quieren enaltecer la dignidad de alguien. Unos cuantos dan porque esperan algo. Seguramente ustedes pueden nombrar otras razones.

Qué hermoso es que la Navidad sea percibida en nuestro imaginario social como un tiempo para dar. Ciertamente lo es. Después de todo, es un tiempo del año en el que recordamos el regalo más generoso que Dios le ha concedido a la humanidad: Jesús, el salvador.

Sin embargo, tenemos que tener cuidado. La expresión "tiempo de Navidad" se usa en nuestra sociedad muy ligeramente, y con frecuencia asociado con estrategias arbitrarias de mercadeo. Al mismo tiempo, la idea de "dar" usualmente se reduce a prácticas consumistas.

Los católicos y otros cristianos realmente necesitamos volver a hacer nuestras esas dos categorías: tiempo de Navidad y dar. Es lo mínimo que podemos hacer si queremos preservar la dimensión religiosa de la Navidad.

Durante este tiempo del año escuchamos con frecuencia a muchos cristianos preocupados en cuanto a lo que se considera una "guerra contra la Navidad."

Al leer y escuchar lo que estas personas dicen sobre ello, da la impresión de que hay alguien en algún lugar -- individuos, grupos, organizaciones -- haciendo todo lo posible para que no haya Navidad.

Es posible que exista algo de verdad en la preocupación. No podemos negar los vientos de secularización que soplan de manera rampante en nuestra sociedad, muchas veces con un ímpetu activista.

Sin embargo, creo que si hay una guerra, es más un conflicto interno: Nosotros como cristianos no estamos haciendo lo suficiente para celebrar Navidad con un espíritu religioso junto con nuestras familias, amigos y comunidades de fe.

Quiero proponer que al entrar en el tiempo de Navidad realmente nos propongamos hacer algo que como creyentes es fundamental e innegociable: dar a Jesús como regalo.

He aquí dos maneras sencillas en las que podemos dar a Jesús como regalo durante la Navidad, asegurándonos de que este tiempo se mantenga enfocado en nuestro salvador.

Primero, hagamos nuestra la Navidad celebrando este tiempo con nuestras familias y amigos durante el tiempo litúrgico destinado para ello. El tiempo litúrgico de Navidad comienza el 25 de diciembre y culmina con la fiesta del Bautismo del Señor.

No deja de sorprender que exactamente cuando comienza el tiempo de Navidad, muchas personas dejan de cantar villancicos, tiran las decoraciones, dejan de dar regalos y de alguna manera paran de hablar de Jesús. Los católicos podemos un mejor trabajo en este sentido.

Segundo, manteniendo vivo el espíritu de generosidad, demos algo que invite a los demás a entrar en una relación más cercana con Jesucristo. En otras palabras, demos algo que tenga un sentido religioso más explícito y se enfoque en Jesús.

Regalemos una Biblia, un libro de teología o espiritualidad, un objeto religioso, quizás un ícono. Escribamos una carta o un poema sobre Jesús. Invitemos a nuestros hijos o nietos a que dibujen algo sobre la vida de Jesús. Luego compartamos esto como regalo.

Es Navidad, un tiempo para ser generosos y para celebrar la generosidad de Dios. Jesús es el mejor regalo.

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Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College.