Hoffsman Ospino,
Hoffsman Ospino,

Los católicos latinoamericanos y caribeños de habla hispana están demostrando un compromiso inigualable a medida que abrazan un espíritu sinodal en su discernir sobre lo que significa ser iglesia evangelizadora hoy en día. Lo están haciendo en un profundo sentido de comunión y con el acompañamiento visible de sus obispos.

El pasado noviembre del 2021, cientos de representantes de todos los países latinoamericanos y del caribe de habla hispana se reunieron por una semana para hablar de sueños, ilusiones y desafíos para la iglesia en el continente.
 
Fue la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, convocada por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño.

Un grupo de participantes se reunió en Ciudad de México, pero la mayoría se unió a la conversación vía videoconferencia.

Muchas veces nos quejamos de lo difícil que una reunión de dos o tres horas en Zoom puede ser. Bueno, ¡qué tal reunirse de esta manera durante toda una semana, comenzando a las 9:00 a.m. hasta las 9:00 p.m. cada día! Tuve la oportunidad de ser uno de los participantes.

Por supuesto, las personas en la reunión tomamos descanso y no teníamos que estar frente a una pantalla por doce horas. Sin embargo, ¡cuando me uní a la conversación el primer día, no quería perderme un momento! La energía de los participantes era contagiosa. Las conversaciones de una riqueza y profundidad espectaculares.

Es mucho lo que pudiera resaltar de esta asamblea eclesial. La variedad de temas discutidos fue amplia y diversa. Básicamente todo tema que puede preocupar a una persona católica al hablar de evangelización, incluyendo temas controversiales, fue parte de las distintas conversaciones.

Los participantes fuimos organizados en "grupos de discernimiento". Fue allí en donde creo que ocurrieron las mejores interacciones. Laicos, religiosas y religiosas, obispos, sacerdotes y diáconos juntos en diálogo.

En verdad, el rango eclesial o los años de experiencia ministerial no fueron de mucha importancia. Estábamos allí como bautizados y discípulos.

Resalto el hecho de que muchos obispos participaron en la asamblea, incluyendo cardenales. A veces los obispos llegan a esta clase de reuniones por un momento breve y luego se van para enfocarse en otras responsabilidades.

Casi todos los obispos en esta asamblea se quedaron durante la semana entera, la mayoría acompañando desde sus computadores. Escucharon y contribuyeron como cualquier otro participante.

¿Por qué resalto el papel de los obispos?

Porque ellos como pastores pueden hacer que las cosas se muevan a nivel nacional y local — o no. Los obispos juegan un papel crucial en el proceso de discernimiento eclesial.

La asamblea identificó un buen número de desafíos pastorales que seguramente ocuparán la mente y el corazón de líderes y comunidades en los próximos años.

La reunión también modeló la pedagogía y el tono que otras conversaciones eclesiales posiblemente seguirán en el futuro. La experiencia reafirmó la sabiduría y la validez del diálogo sinodal como un proceso que puede generar un nuevo fervor evangelizador en muchas comunidades de fe.

Participé en la asamblea junto con varias docenas de invitados de los Estados Unidos. Tuvimos voz y voto en las distintas deliberaciones.

Aunque la mayoría de los participantes de los Estados Unidos tenemos conexiones fuertes con América Latina, a nivel personal profesional, fue muy claro que éramos invitados.

Al evaluar la experiencia, quienes participamos desde los Estados Unidos coincidimos en el nombrar ese sentimiento extraño de sentirnos en casa y al mismo tiempo sabernos invitados.

Era nuestra conversación, pero igualmente no lo era. Para mí, la experiencia fue una confirmación de que toda reflexión sobre sinodalidad tiene que comenzar con un discernimiento en nuestra propia casa.

Los católicos en América Latina y del Caribe de habla hispana hicieron un trabajo excelente reuniéndose en espíritu de sinodalidad durante esta primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Creo que los católicos en este país podemos y debemos hacer algo similar, y pronto.

Es hora de que en los Estados Unidos se organicen varias asambleas eclesiales nacionales en espíritu de sinodalidad. Necesitamos que nuestros obispos hablen con una sola voz sobre esto y guíen al pueblo de Dios en este caminar sinodal de la misma manera que los obispos en América Latina lo están haciendo.

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Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College.