Felicidades al periódico de la Arquidiócesis de Portland, El Centinela por sus 25 años de información local, nacional e internacional. Su noble labor ha unido a los católicos hispanos de Oregon. ¡Enhorabuena!

Sería fácil abrir la hemeroteca para encontrar las historias más sobresalientes, reportadas en español a lo largo de sus 25 años de recorrido con los hispanos de Oregon.

Pero, a mí me resulta más divertido encontrar unas notas importantes que, guardadas en mi memoria, han dado sentido a mi caminar como traductora de muchos de los artículos publicados en esta fuente informativa durante tres décadas.

¿Por qué hablo de tres décadas?

Es justo decir que, antes del nacimiento de El Centinela, el conocido Catholic Sentinel reportaba en español algunas actividades de la diócesis.

Yo traducía algunas de las actividades diocesanas de los años 1986–1995.

Por esos años, venían de Guadalajara seminaristas del Espíritu Santo, para hacer estudios superiores en el Monasterio de Mt. Angel, y se involucraron en la comunidad.

También vinieron jóvenes laicos de la ciudad de México para participar en programas patrocinados por la arquidiócesis y la agricultura de Oregon necesitaba a los trabajadores migrantes.

La Arquidiócesis enfrentaba el reto de informar en español a la creciente comunidad latina.

Se puede decir que El Centinela empezó a gestarse durante esos años.

La idea conceptual de tener un periódico diocesano en español estaba en la mente del arzobispo William J. Levada (QEPD), quien reestructuró la diócesis para fortalecer el ministerio con los hispanos de Oregon.

Abrió la Oficina de Ministerios Hispanos y asignó como director al joven Alejandro Aguilera-Titus, quien actualmente, tiene su oficina en Washington, DC, como director adjunto del Secretariado para la Diversidad Cultural en la Iglesia, de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Una mirada hacia atrás me hace ver algunos de los importantes acontecimientos de aquella época.

Por ejemplo, durante el tiempo que estuvo en Portland, el arzobispo Levada participó en la elaboración del Catecismo, junto con otros nueve obispos, dirigidos por el ahora Papa Emérito Benedicto XVI. Esfuerzo maravilloso que culminó en 1992, cuando el amado Papa San Juan Pablo II promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica.

Después de que el Arzobispo Levada fuera transferido a San Francisco, su sucesor, el arzobispo Francis George (QEPD), estuvo en Portland menos de un año, pues fue transferido a Chicago y, más tarde, elevado a Cardenal.

Todos estos grandes acontecimientos eran relatados detalladamente en inglés en el Catholic Sentinel, con una breve nota en español perdida en alguna de sus páginas.

Se necesitaba un periódico en español, que informara desde el corazón de la Iglesia local para llegar a toda la comunidad hispana.

Un día de verano de 1995, el director del Catholic Sentinel, Robert Pfohman (Bob), me llamó a su oficina.

Allí lo encontré reunido con el Padre David Zegar, quien habla español perfectamente y cuya labor pastoral con los hispanos de Cornelius, Woodburn y Portland es de todos conocida.

Allí me enteré de que por fin nacía el periódico católico de los hispanos para los hispanos, pero…

¿cómo se llamaría?

Pues igual: El Centinela Católico.

Entonces, Bob Pfohman me pidió llamar por teléfono a quien sería el primer editor de El Centinela.

Se trataba de un joven editor argentino que trabajaba en el periódico El Clarín y vivía en Catamarca. Su nombre es Marcelo Androetto, de quien guardo un hermoso recuerdo.

El Centinela nació con sólo cuatro páginas; los artículos seguían siendo breves. Pero las tertulias con Marcelo, en mi casa con mi familia, eran bastante largas.

La primera edición de El Centinela (diciembre de 1995) publicó la triste historia de Santiago Ventura Morales, aquel joven campesino de Oaxaca que fue acusado de un crimen que no cometió y enviado a la cárcel, después de que se le hiciera un juicio injusto.

Después de cinco años en prisión, el joven fue liberado, gracias a los grupos que abogaron por su causa.

Ventura Morales obtuvo su GED mientras estuvo en la cárcel y, después de su liberación obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Portland, donde obtuvo su licenciatura en Trabajo Social y Ciencias Políticas.

También presentamos a la señora Corina Carsner, Asociada Pastoral de San Patricio, por su ministerio sobresaliente en la iglesia y comunidad, pues el periódico siempre ha reconocido a los líderes latinos.

Por aquellos tiempos llegaron a Portland muchos cubanos refugiados patrocinados por Caridades Católicas, y El Centinela estuvo en el aeropuerto para recibirlos, dando seguimiento a sus historias como comunidad de inmigrantes, en un mundo tan distinto al que ellos habían conocido.

Mi rol de traductora pasó a ser “asesora cultural”.

A Marcelo Androetto le tocó reportar sobre los altares de “Día de Muertos” y él necesitaba mi ayuda para entender las tradiciones mexicanas.

Marcelo me preguntaba, “Vicky, ¿qué es ‘atole’? “¿qué es ‘champurrate’?” “Y las ‘flores de muerto’ con ese nombre impronunciable?”

Meses más tarde, antes de regresar a su país, me dijo: “Vicky, recuerda que entre el aroma de las flores de ‘cempoalxúchitl’, un argentino aprendió a disfrutar un jarro de ‘champurrate’ con un buen “pan de muerto”.

Mi rol de asesora cultural había pasado la prueba.

Y mi colaboración con el periódico continuó como editora y revisora de pruebas.

Vinieron los editores Ronda Mazza (1996-1998) y Peter Prengaman (1998-2000), dos excelentes periodistas que aprendieron a hablar español en la universidad.

Recuerdo una historia de Ronda que empezaba así: “A lo largo de I-5, desde los coches, se ven las espaldas de hombres y mujeres que, agachados, bajo el sol, cosechan la fresa…”.

Era una historia sobre los trabajadores migrantes, que todavía me hace llorar (el escenario no ha cambiado mucho). 

Durante el tiempo de Peter Prengaman, como editor de El Centinela, se publicaron muchos artículos sobre mejores viviendas para los trabajadores migrantes, gracias al trabajo de PCUN, una organización muy conocida por su labor en defensa de los derechos de los trabajadores de campo.

Para entonces, el periódico ya tenía 12 páginas.

A través de las historias de Ronda Mazza y Peter Prengaman aprendí muchos modismos en inglés que a ellos les gustaba incluir en sus artículos.

Yo editaba sus historias y los modismos eran un reto para mí.

En esos casos, mi cerebro no podía traducir palabras, sino imágenes. Por ejemplo, un artículo tenía el modismo: "like peeling an onion".

En inglés, el lector entiende rápidamente la idea.

En cambio, en español, el modismo no existe y, si lo traducimos podemos perder el interés del lector.

Por eso, es mejor escribir directamente con palabras sencillas. La idea de que algo sea "like peeling an onion" (como pelar una cebolla) significa que cuantas más cosas descubrimos de un problema, vemos que la solución va a ser muy complicada.

Pero justo es decir que, desde la primera edición, El Centinela ha sido galardonado con innumerables premios, otorgados por la Asociación de Prensa Católica. Desde “Premio a la Excelencia”, “Premio a la Mejor Historia” como el “Premio al Editor o Editora del Año”.

Sin embargo, El Centinela católico de los Hispanos no nació para ganar premios.

Nació para ser la voz de la comunidad hispana de Oregon, para estar presente y formar parte de su historia.

Eso lo dice bien claro Rocío Ríos, directora del periódico del año 2000 a 2019, quien fue nombrada Editora del Año en 2015, y cuyos premios recibidos por sus contundentes historias sobre Inmigración y otras noticias, adornan las paredes de la oficina de redacción.

Ríos es originaria de Colombia e inició su carrera de periodismo en el periódico El Espectador en Bogotá.

Su historia es muy importante para mí, porque, cuando Peter Prengaman anunció su partida para seguir sus estudios de posgrado en San Francisco, pensé que una vez más, El Centinela se quedaba sin editor por mucho tiempo. Pero, gracias a Dios, me equivoqué, y esta periodista bogotana aceptó quedarse para echar raíces en Oregon, y dedicarse a desarrollar el periódico durante 19 años.

Ríos recibió muchos galardones, pero, el que lleva con mayor orgullo es el premio de haber sido recibida y reconocida por la comunidad de lectores de El Centinela, una comunidad que ella aprendió a conocer.

Ellos le permitieron entrar en sus hogares, parroquias, escuelas… hasta en sus vidas. Sí, en sus vidas, porque Rocío Ríos contó innumerables historias que llegaron al corazón de los lectores.

En sus historias podíamos palpar el coraje y la fuerza del espíritu humano para conseguir sus sueños: los soñadores son hombres y mujeres que llegaron a este país sólo con su fe e identidad católica.

Leyendo El Centinela nos alegramos con aquellos que, después de tantas vicisitudes, lograron el sueño de adquirir su ciudadanía… y bailamos con ellos en el  parque Waterfront, después de la Misa de Ciudadanía, que año tras año, celebraba el arzobispo Vlazny, durante las festividades del 5 de Mayo.

También lloramos con aquellos que perdían su hogar en un incendio; o con aquellos que no podían ver a los familiares ancianos o enfermos que vivían en México, Guatemala y otros países lejanos.

Se nos encogió el alma por las madres que criaban a sus hijos solas, porque el sistema puso a sus esposos en la cárcel, en espera de ser deportados; y nos indignamos cuando leímos que muchos jóvenes hispanos no podían ejercer su carrera universitaria por que nacieron en familias que no tenían papeles.

En todos esos casos, El Centinela nos mostró la fe en acción de la comunidad hispana: desde los católicos solidarios que trabajan por los necesitados hasta la fe comprometida y celebrada en los sacramentos del Bautismo, Primera Comunión, Confirmación, Matrimonio y Ordenación.

El Centinela nos enseñó el corazón de la cultura y la fe, a través del colorido de las misas de Nuestra Señora de Guadalupe, las misas de Navidad, y las manifestaciones religiosas del arte latinoamericano. Nos mostró la solidaridad de los feligreses no hispanos, que hicieron una barrera humana en el estacionamiento de una iglesia, para que proteger a las familias hispanas que venían a celebrar la misa dominical.

El Centinela de los Hispanos tenía mucho qué contar.

Bajo la dirección de Rocío Ríos, aquellas cuatro páginas de hace veinte años llegaron a 20.

En algunos meses esas páginas se hacían pocas para contar los grandes acontecimientos de la Iglesia de Oregon, entre ellos, el nombramiento de dos arzobispos y un Obispo Auxiliar.

En la narración en español de estos sucesos tuve una función importante con El Centinela: estuve a cargo de las traducciones de las biografías de obispos y arzobispos.

Los artículos originales venían en inglés, a través del Catholic Sentinel u otras fuentes.

El 28 de octubre de 1997, el arzobispo John G. Vlazny fue nombrado arzobispo de Portland.

Como él es descendiente de polacos, a través de las traducciones de artículos, me enteré de los nombres de los platillos favoritos de su familia.

En 2013, el arzobispo Alexander K. Sample fue nombrado arzobispo de Portland. Al traducir su biografía me enteré de su entrega ejemplar como hijo y del gran amor por su señora madre, Joyce, a quien cuidó hasta que ella fue llamada a la casa del Padre.

Se habló de su gusto por el deporte al aire libre y predilección por el esquí. También aprendí mucho sobre su ministerio en Marquette, Michigan, donde él fue obispo durante siete años.

Una de esas historias de la Diócesis de Marquette que me impactó es la del Obispo Federico Baraga (Frederick), quien nació en Eslovenia en 1797 y, años más tarde, ya ordenado sacerdote, vino a los Estados Unidos como misionero; hablaba varios idiomas, entre ellos alemán, francés e inglés.

Aprendió el idioma de los Saulteux en Cincinnati, y en 1831 comenzó su ministerio entre comerciantes de los Primeros Pueblos; y se cuenta que, para llegar a ellos, durante el crudo invierno, atravesaba grandes extensiones de bosques nevados. Ahora se le conoce como Venerable Obispo Federico Baraga.

Luego, en mayo de 2013 vino el nombramiento del Vicario General de la Arquidiócesis de Portland, el actual Obispo Auxiliar Peter Leslie Smith, cuya biografía es tan interesante que yo no podía dejar de traducir para conocer más detalles de su vida en Sudáfrica: aprendí mucho de geografía y del deporte de Rugby, que el Obispo Smith practicaba.

En verdad, me siento muy bendecida porque El Centinela me dio el privilegio de traducir también las cartas semanales o mensuales de los arzobispos.

Gracias a ellas aprendí mucho sobre las Encíclicas papales y otros documentos importantes de la Iglesia.

Recientemente, todos nos conmocionamos con los incendios forestales que arrasaron nuestros bosques en Oregon y que fueron una noticia sin precedentes a nivel nacional.

Nuevamente, pero ahora con su editora Patricia Montana, El Centinela estuvo allí escuchando las historias de gran número de familias que perdieron sus hogares con lo poco que tenían.

El Centinela se unió a sus ruegos: “Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz… mi alma aguarda al Señor… (Salmo 129).

Estamos seguros de que El Centinela seguirá siendo la voz de la comunidad hispana de Oregon. ¡Enhorabuena a todo su equipo!

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Ana Victoria 'Vicky' Demezas trabaja en OCP.  Su carrera de 32 años ha estado dedicada a las Relaciones Públicas y a la atención a los Derechos de Autor. 

vickyd@ocp.org